• "Lo que más se me ha quedado de la guerra es el olor a muerte"
  • "Lo único que nos queda son momentos concretos, instantes registrados con ...
Entrevista
FERNANDO MOLERES, FOTOPERIODISTA

"Pensé que si lograba entrar en la cárcel y publicaba el trabajo iba a cambiar algo... pero no ha cambiado nada"

 
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ABR 2013

Lleva dos décadas denunciando violaciones sistemáticas de los derechos laborales de mujeres y niños, que en demasiadas ocasiones rozan la esclavitud. No es un activista al uso ni mucho menos un político. Enfermero transformado en galardonado fotoperiodista, Fernando Moleres creó en 2010 la organización Free Minor Africa para ayudar a los jóvenes que sufren las consecuencias del corrupto e ineficiente sistema judicial de Sierra Leona, donde en una de sus cárceles realizó su fotorreportaje más aplaudido. Bilbaíno afincado en Barcelona, este fotógrafo de atmósferas ha documentado también temas esperanzadores, como el de una singular orquesta egipcia formada por mujeres ciegas.

De enfermero a fotoperiodista. ¿Es una forma más eficiente de ayudar?

No hay una vinculación estrecha entre ser enfermero y ser fotoperiodista. Lo que sí me permitió ser enfermero es trabajar durante medio año y tener el otro medio año libre. Además, me puso en contacto con Centroamérica. De ahí salieron las ganas no sólo de participar en lo que pasa en el mundo y conocerlo, sino de participar en él de forma activa. Y podía hacerlo con la fotografía.

Yo era aficionado a la fotografía pero nunca me había imaginado ni tenía como pretensión ser fotoperiodista. Y en un viaje lo vi claro. Fue un viaje como brigadista de la Nicaragua sandinista en el año 87. Esto me lo permitió en cierta manera, además de mi forma de ser, la enfermería.

Quizás sea ésta una forma más eficiente de ayudar. En El Salvador un médico que era guerrillero me dijo: "Yo soy médico y es una buena forma de ayudar, como puede ser enfermero, pero ésta es más eficiente." O él creía que lo era. En cierta manera ser fotoperiodista te hace participar de una manera activa, no sé si mejor o no, pero activa. Es un poco diferente.

Foto: Ivan Sánchez (Quesabesde)
Moleres, frente a la fotografía de su trabajo "Burning Man" que cuelga en el salón de su piso en Barcelona.

Denunciar la violación de los derechos humanos se ha convertido en tu principal preocupación como fotoperiodista.

Sí, aunque al principio lo combiné con trabajos estéticos que no tenían una clara denuncia. [Señalamos una gran fotografía de su reportaje "Burning Man" que tiene colgada en el salón] Esto del "Burning Man" que apuntas no es del todo estético, hay en ello una filosofía interesante y que me gusta. El "Burning Man" cree que es posible otro tipo de sociedad, y como experimento social, aunque sea un poco teórico, me gustaba verlo. Yo a veces busco situaciones porque me interesa vivirlas personalmente. No hay una denuncia, sino un interés personal por estos temas.

"Nunca me ha preocupado mucho que la foto tenga mi huella. Esto está un poco relacionado con el yo, y no me interesa"

Como fotógrafo hay que evolucionar en el estilo. Yo no estudié fotografía, he crecido poquito a poco, así que ciertos trabajos ayudan. Soy un fotógrafo de atmósferas, y había ciertos temas que son muy atmosféricos, como los baños turcos. Yo iba allí a aprender, a desarrollar y a evolucionar con la fotografía para luego aplicarlo a otros temas más relacionados con derechos humanos o situaciones injustas que quería denunciar.

También [me daban] un poquito de oxígeno. Tocas un tema difícil, duro, y conviene airearte mentalmente un poco. Incluso también un poco el estilo. Lo vemos con Salgado, que ha mantenido su estilo porque su trabajo es muy potente, pero siempre es el mismo tipo de fotografía aplicada a distintos temas.

Yo quería ser más versátil. Nunca me ha preocupado mucho que la fotografía tenga mi huella. Esto está un poco relacionado con el yo, y no me interesa.

En "Women in the Shadow" muestras las duras condiciones laborales de mujeres en todo el mundo. ¿Cuál es la mayor problemática que éstas tienen que afrontar?

Les han barrido los derechos como trabajadoras, les pagan menos [que a los hombres], tienen unas condiciones laborales pésimas... Yo lo que quería con este trabajo era denunciar la discriminación laboral de las mujeres. Si ya los hombres están siendo maltratados laboralmente, las mujeres todavía más.

Foto: Fernando Moleres
"Women in the Shadow". | Foto: Fernando Moleres

¿En qué países te llamó más la atención la precaria situación laboral de la mujer?

Desde luego no ha sido en China. Por lo menos en lo que yo he conocido ha ido más por la línea de Bangladesh en las fábricas textiles, donde no sólo trabajan mujeres, sino también hombres. No se contabilizan las horas extra, no hay derecho de asociación, está prohibido estar sindicado. Estás directamente despedida. Los salarios son ínfimos, no tienes ningún derecho social como trabajador ni pensiones ni nada por el estilo, ni te puedes quejar. Estás completamente desvalido.

"En Blangladesh vi a mujeres que iban a trabajar diez horas y acababan trabajando 18 porque había un pedido de camisetas con un logo de Guinness"

Por lo que yo vi, en China estaban mejor. No las obligaban a trabajar. Existen fábricas textiles en las que sólo se trabaja ocho horas y las horas extra te las contabilizan y te las pagan. No vi lo mismo en Bangladesh. Podían ir a trabajar una jornada de diez horas dejando a su familia y acabar trabajando 18 porque había un pedido de camisetas con un logo de la cerveza Guinness.

También está extendido el trabajo entre menores, algunos en condiciones muy deficientes y muy mal pagados. El sur asiático parece ser la zona más afectada.

Sí se corresponde. También África, porque hay un trabajo esclavo. Yo creo que una de las peores zonas podría ser el área de la India, Bangladesh, Pakistán, Sri Lanka... sobre todo porque hay una explotación sistemática de los chavales, a quienes hacen trabajar como trabajadores [adultos].

En Sudamérica o en África ocurre mucho que los niños trabajan en el corte de caña de azúcar, pero lo hacen por temporadas y luego ya se acaba el trabajo. Pero es que en la India o en Bangladesh, por ejemplo en las fábricas de cerillas, de fuegos artificiales o de cristal, son un trabajador más, con un horario estricto y duro de 12 o 14 horas... y no sé si a veces libran un día. Trabajan los siete días.

Foto: Fernando Moleres
"Exploitation of Child Labour". | Foto: Fernando Moleres

Parece especialmente preocupante el tema de los chavales bolivianos trabajando en las minas.

Sí. No hay muchos chavales trabajando en las minas de oro que yo conocí, pero la situación de los que trabajan en las minas son muy duras, sobre todo porque arriesgan sus vidas. Emplean a los chavales en las minas de oro primero porque son pequeños y pueden ir por los túneles, luego porque son sitios peligrosos -las minas están en muy malas condiciones y se pueden derrumbar- y las personas mayores no quieren ir a trabajar allí. Y tienen menos miedo de que los menores puedan robarles tierra con oro.

He leído sobre casos en las minas de la selva de Perú y Bolivia [de chicos] que cuando fueron a recoger el salario desaparecieron. Los mataron. Eso lo he leído, evidentemente no lo he visto.

"Exploitation of Child Labour". | Foto: Fernando Moleres

Hay organizaciones como Iqbal Masih, en Pakistán, que promueven el trabajo en condiciones aceptables para los niños.

Iqbal y otras organizaciones están en contra de la explotación laboral infantil, pero en cierta manera son permisivos con el trabajo infantil, que puede darse a partir de los 14 años. Pero la diferencia está en las condiciones: que no se pare la escolarización, que no se trabaje más de cuatro horas, que no sea un trabajo peligroso, que no sean menores de 14 años... y que se pague, por supuesto.

Todos estos puntos los recogían estas organizaciones porque saben en qué condiciones viven estos menores: familias numerosas en las que el salario del padre no llega. Entonces deciden que ellos pueden ayudar a la familia a partir de los 14 años, en unas condiciones de trabajo que no sean lesivas para el desarrollo de los menores y en las que está contemplada la escolarización.

Foto: Fernando Moleres
"Exploitation of Child Labour". | Foto: Fernando Moleres

En África te topaste con otra realidad más cruel, si cabe: las carencias de un sistema judicial que afecta a muchos menores. ¿Cómo nació "Waiting for justice"?

Nace de una exposición que vi en Visa pour l'Image de Lizzie Sadin [a finales del verano de 2007 en Perpiñán]. Ella había hecho un trabajo largo, durante muchos años, sobre menores en las cárceles de todo el mundo: Estados Unidos, Rusia... Uno de los países que fotografió fue Madagascar. La realidad de los menores en las cárceles en este país, que luego investigué en África y que son muy parecidas en muchos sitios, es que son terriblemente duras y con un riesgo vital inminente, cosa que en otros países no pasaba.

"Tampoco me quiero hundir haciendo ciertos temas. Uno tiene que saber hasta dónde puede llegar, porque entonces te entra una depresión y acabas jodido"

Me quise centrar y sumarme a la denuncia de la situación de los menores en las cárceles. Entendía que iba a ser muy difícil acceder a una cárcel y que me iba a costar bastante dinero. Incluso también tenía miedo porque sabía que, de alguna manera, me iba a afectar porque iba a ver una situación dura, cruel.

Por un lado quería, pero por otro era difícil y tenía un poco de miedo. Tampoco me quiero hundir haciendo ciertos temas. Uno tiene que saber hasta dónde puede llegar, no decir "yo puedo con todo" y luego vas allí, te entra una depresión y acabas jodido. Vas a salvar y te ahogas tú.

Al final, un año y medio después de haber visto esta exposición, me puse a ver si alguna ONG me podía ayudar en algo, incluso alguna institución de Barcelona. Nadie quiso ayudarme ni echarme un cable en esta historia, así que en el fondo me lo guisé yo solo.

¿El premio Revela ha sido un empujón?

Hubo el premio Revela, no el de Barcelona sino uno que se llama igual en Galicia, en el pueblecito de Oleiros [La Coruña], que dio una beca a este proyecto y fue el punto de partida de la exposición "Waiting for Justice". Este otro premio Revela de Barcelona fue el punto de partida de la ONG.

"Waiting for Justice" muestra las interioridades de la cárcel de Pademba. ¿Cómo conseguiste acceder a ella?

El proceso fue largo y complejo. Estuve casi seis meses viendo por dónde podía entrar, qué país podía visitar, a qué cárcel podía ir... Envié muchas cartas a organizaciones de derechos humanos, a ONG, a instituciones relacionadas con la iglesia que dan apoyo y soporte en las cárceles... Bueno, pues por aquí al final no salió nada.

La fotógrafa Glenna Gordon me puso en contacto con una persona que estaba haciendo una investigación sobre el sistema judicial y penal en Sierra Leona. Me puse en contacto con esta persona, que estaba interesada en tener algunas fotos para contar cómo estaba la situación en las cárceles, sobre todo.

La investigación era para una universidad inglesa. Ya llevaban un año trabajando en este tema y me metieron dentro del equipo como fotógrafo artístico [gesticula irónicamente] para documentar. Pero al final todo dependía de que el jefe de prisiones de Sierra Leona fuera una persona accesible. Si hubiera habido otro, no me habrían dejado entrar.

Foto: Fernando Moleres
"Waiting for Justice". | Foto: Fernando Moleres

¿Cuántas veces te ha llevado este proyecto a Sierra Leona hasta el momento?

He ido cuatro veces. La primera vez fui un mes, a principios de 2010. Ya tenía un pase, aunque no sabía muy bien hasta qué medida podría estar haciendo fotos. Por eso tenía abierto otro viaje a Liberia, por si lo de Sierra Leona no funcionaba.

Estuve a punto de no poder hacer fotos porque el segundo [responsable] de la cárcel un día me vio y se puso histérico: "¡Qué haces tú aquí haciendo fotos!" Se me tiró encima y me quitó la cámara. Fue donde el jefe, y éste le dijo que había un permiso. Y ya nunca más volví a pasar por las oficinas. Iba directamente al interior de la cárcel, y ya hasta la salida no me veían.

Estuve durante la época seca. Todo el tiempo que me dieron permiso estuve en la cárcel. Iba todos los días; sólo un domingo no me dejaron entrar. En la época seca hay un sol muy duro, así que sobre todo fotografié en interiores, porque la luz fuera era muy dura y se combinaba mal con las fotos de interiores.

Entonces decidí volver más tarde en la época de lluvias, sobre todo para hacer fotos en el exterior con esos cielos encapotados y poder igualar en color la fotografía interior y exterior. La primera vez las pasé a blanco y negro, pero luego ya me quedé con el color, y es en color como verdaderamente funcionan estas fotos.

Luego volví una tercera vez ya con un periodista, John Carlin, para hacer el texto. No me dejaron entrar para hacer fotos, pero sí me dejaron pasar con el periodista diciendo que era un traductor mío y que necesitaba un poco de información. Habían cambiado la jerarquía de la cárcel porque se escaparon [algunos presos].

He ido una cuarta vez, sobre todo para poner en marcha la ONG y también un poco trabajar sobre el tercer capítulo de este tema, que va sobre la reinserción de estos chavales después de salir de la cárcel. El segundo capítulo [en el que Moleres está trabajando estos días] es sobre las nuevas realidades de estos chavales cuando salen de la cárcel sin que todavía hayan recibido ayuda: dónde están, qué hacen...

Foto: Fernando Moleres
"Waiting for Justice". | Foto: Fernando Moleres

Y el significado global del proyecto...

Lo que yo quiero decir es que los menores, una vez han entrado en la cárcel, no están condenados. No son personas insalvables, como a veces se cree, sino que con un poquito de ayuda se pueden incorporar en la sociedad y ser perfectamente ciudadanos, que es lo que quieren. Aunque no se puede decir que entren de nuevo en la sociedad, porque muchos de ellos nunca habían estado en ella.

¿Cómo gestaste la ONG Free Minor Africa?

Como fotoperiodista yo soy un vector que coge información de aquí y la pone allí. Pensé que si lograba entrar ya sería la hostia, y si hacía un buen trabajo y lo publicaba en grandes medios seguro que iba a cambiar algo... Lo he publicado y no ha cambiado nada. ¿Para qué voy a dar conciencia de lo que está sucediendo allí si luego no se hace nada al respecto? A veces te lo planteas.

Yo me vi en esta situación de haber hecho las fotos, haberlas publicado, haber ganado unos premios, haber ganado plata... y ahora, ¿qué? Santas pascuas, adiós, lo siento chavales. ¡Es que casi no tenía otra opción! No tenía otra opción que montar algo para ayudarles.

¿Hasta dónde llega el apoyo que ofrece?

Free Minor Africa no va a estar apoyándoles de por vida. Lo que queremos darles es un empujón para que salgan de la marginalidad, para que crean en ellos mismos, en que pueden tirar adelante.

Free Minor Africa está para quitarles de la marginalidad, meterles un poquito en una senda normal de trabajo y de integración, que es lo que siempre me han dicho: "Queremos estudiar, queremos trabajar y queremos casarnos; queremos tener una vida normal, como todos." Pero esto se da en un contexto, Sierra Leona, que es uno de los países más pobres y en el que apenas si hay trabajo. Hay que apoyarles un poquito.

Foto: Ivan Sánchez (Quesabesde)
"Me vi en la situación de haber hecho las fotos, haberlas publicado, haber ganado unos premios, haber ganado plata... y ahora, ¿qué? Santas pascuas, adiós, lo siento chavales. No tenía otra opción que montar algo para ayudarles", explica Moleres cuando habla de la creación de Free Minor Africa.

Explica un poco en qué consiste tu trabajo en Free Minor Africa y cómo lo combinas con tu labor como fotoperiodista.

Va junto, en el fondo va junto. Si yo los encuentro [a los chicos que luego forman parte del programa de ayuda de Free Minor Africa], estoy con ellos, los fotografío y los ayudo. Es todo el mismo rollo.

De momento no veo que tenga que ir separado. Mientras estoy documentando les cuento cómo podemos ayudarles, dónde pueden estar, qué quieren hacer... Durante todo este proceso yo voy tomando fotos, grabándoles... y me gustaría coger más información, textos sobre ellos.

¿Va a continuar tu trabajo por la senda de la denuncia de la violación de los derechos humanos?

Sí, incluso lo combinaría con trabajos sobre temas que tienen un impacto positivo sobre el ser humano. Me parece una línea en la que quiero poner mucha energía. Ya hay mucha gente que se está centrando en denunciar horrores, y está bien que se haga, pero como somos tantos trabajando en este tema me gustaría también dedicarme -y ya lo he hecho- a temas que puedan dar un ejemplo positivo. Se trata de personas que están haciendo algo y nos dan una influencia positiva.

Es el caso de tu trabajo "Sounds of Hope and Light". ¿Cuál es la historia de estas mujeres?

Podría ser el caso de la orquesta de mujeres ciegas: personas que nacen muy pobres, mujeres y ciegas en Egipto, y que crecen, evolucionan y pueden ser un ejemplo no sólo para las personas de Egipto, sino para todos.

La orquesta surge de un proyecto de ayuda a mujeres ciegas y pobres que se fundó hace ya 50 años. En esta organización lo que querían era darles todas las herramientas posibles para que pudieran depender de ellas mismas. Darles sobre todo acceso a la educación. Ayudan a las que quieren seguir en la universidad, y las que quieren trabajar tienen unos talleres a los que se pueden incorporar en la rama textil o incluso haciendo cestería.

Foto: Fernando Moleres
"Sounds of Hope and Light". | Foto: Fernando Moleres

Yo vi por primera vez esta orquesta en unas fotografías hace ya 14 años, y hará 13 que estuve allí. Fue muy complejo entrar en la escuela porque hay mucha burocracia en Egipto. Era la época de Mubarak y había heredado de Sadat [Anwar el-Sadat, predecesor del expresidente Hosni Mubarak] una burocracia muy rígida. Pero pude entrar un par de días.

Y ahora, durante la primavera árabe, volví a la escuela y me enganché otra vez con este trabajo, porque hay una conexión muy buena y las acompañé en alguna gira por Europa. A raíz de que se publicara aquí [este trabajo] ha habido gente que se ha organizado para que vengan a tocar en el Palau [de la Música Catalana, en Barcelona] el día 3 de abril y también en Madrid.

Foto: Fernando Moleres
"Sounds of Hope and Light". | Foto: Fernando Moleres

Como te decía antes, estos reportajes tienen un impacto social positivo. Creo que estos ejemplos son necesarios en esta sociedad de casos perversos, uno detrás de otro. Pero parece ser que la prensa prefiere dar desastres, hablar de temas políticos, de corrupción, de guerras... Que ya está bien, ¡pero no tanto!

En El País no lo querían publicar porque el director decía: "Si de estas orquestas de mujeres ciegas hay muchas... aquí en la ONCE habrá, seguro". ¡No las hay! Sólo hay una en el mundo y encima está en Egipto. Pero tuve a bien elegir a John Carlin y su peso fue decisivo para que lo publicaran, tanto aquí como en Inglaterra. A raíz de que se publicara allí, también la BBC vio esta historia y les hizo una entrevista, cosa que tiene una dimensión muy potente.

¿Hasta qué punto la implicación de los medios es importante para que mejoren algunos temas?

Yo creo que en cada caso habría que ver hasta dónde puede ayudar la labor de cada uno, más allá del fotógrafo. Por ejemplo: la explotación laboral infantil es un tema que yo voy tocando en muchos países, en muchas fábricas, con muchos ejemplos. Pero verdaderamente ahí mi trabajo acaba en la denuncia, porque es un tema muy amplio. No puedo ir ayudando a cada persona que he visto. Mi trabajo se acaba en la denuncia, en la colaboración con ONG. Lo que quieran publicar, aquí está.

En temas concretos, como puede ser éste de las cárceles, es más fácil porque es un número reducido de personas. En ese momento eran 30, y es el ejemplo de que yo puedo ayudarles y demostrar que estas personas se pueden recuperar. Es como trabajar con un botón de prueba pequeñito. Entonces ahí sí que me puedo implicar. En cierta manera también me implico porque nadie ha tomado el testigo. Nosotros somos transmisores de información y el testigo lo tiene que tomar gente que tenga más poder, más capacidad de ayudarles. Increíblemente muchas ONG no lo hacen.

"Médicos del Mundo me dio el premio Luis Valtueña, pero cuando les dije de entrar en el proyecto con 300 euros al mes dijeron que no"

A mí Médicos del Mundo me dio el premio Luis Valtueña, pero cuando les dije de entrar en el proyecto, que en principio yo pensaba que costaría menos, que con 300 euros al mes podíamos estar funcionando, dijeron que no. Una organización internacional que iba enseñando estas fotos, denunciando lo que ocurría, que aquello no podía ser... Vale, muy bien, no puede ser, pero... ¿estás dispuesto a dar 300 al mes? Pues no. No pueden.

Yo estuve haciendo un trabajo para ellos en Mozambique y allí tenían cuatro coches que habían traído de Sudáfrica. Cada coche valía igual 25.000 euros. Habría ahí casi 100.000 euros. A veces las ONG se convierten en empresas en las que, además de dar algo, lo principal es alimentarse ellas mismas. Es triste, pero es así.

También fui a la Cruz Roja para ver si tenían medicamentos para los chavales de las cárceles. Les llevé las fotos para que vieran esas enfermedades y pregunté si tenían algún médico. No tenían ni médicos ni nada. Tenían que pedir permiso a [sus oficinas en] Guinea-Bissau... Y no sólo esta ONG: era la otra y la otra y la otra...

Una vez en Médicos del Mundo vi que tenían una caja de libros en inglés de segunda mano que no leía nadie y les pregunté si me los podían dar para llevarlos a la cárcel. Pues tuvieron que hacer una reunión... ¡y hubo abstenciones! Me he encontrado innumerables casos de estos.

En "Men of God" explicas que el retrato no te parece una forma de acercamiento a un sujeto muy adecuada y solucionas el tema con algunos "robados". ¿Qué nos explican esos retratos tan particulares?

Yo en realidad sólo he hecho dos líneas de retratos. Una es la de los monjes ["Men of God"] y otra la de los chavales ["Waiting for Justice"], en cierta manera para ponerles lo más dignos posibles, con sus propias ropas, en la cárcel... sin deformarles. Me parece que encajaba bien y lo tenía que hacer.

"Men of God". | Foto: Fernando Moleres

En el caso de los monjes fue una etapa casi final para hacer los retratos. Me lo encontré, en cierta manera. Era una iglesia muy pequeña, estaban muy cerca de mí y yo tenía un tele, y me pareció que era la mejor forma de acercarme a la espiritualidad: a través del retrato de una persona que está rezando.

Ya había hecho la vida diaria de los monjes, pero siempre se quedaba el alma máter de la vida monástica, que es rezar, la fe. La única manera que vi de hacer esto era en el momento de recogimiento de ellos, que podía transmitir mejor en un retrato. Un retrato tanto enseña como esconde. También lo dice García-Alix. El que cree que el retrato es el espejo del alma va listo.

"Men of God". | Foto: Fernando Moleres

Captar el ambiente es algo crucial en estos reportajes. ¿Qué importancia le das y cómo lo consigues en casos como el de las mujeres ciegas, los monjes de clausura o la cárcel?

Se trata de crear una atmósfera en la que encaje bien todo el contenido. Hay una cosa que es atrevida pero interesante, y es fotografiar en cierta manera un poquito más allá, tratar de fotografiar conceptos. En el trabajo de las mujeres ciegas fotografié a través de unos vasos, jarras, ceniceros... cristales que distorsionaban un poco la figura que podías ver.

Era una especie de metáfora: ellas no ven bien, pero el observador tampoco las ve bien a ellas. Estas mujeres ciegas y pobres en una sociedad como la egipcia no están enfocadas en el sentido de que no existen, están desenfocadas para la sociedad. Sólo cuando suben al escenario pierden esta singularidad de ser ciegas y son artistas. Ahí yo las quería enfocar. El resto de las imágenes, todo lo que sería antes de llegar al escenario, lo trabajé con cristales desenfocados.

Se las ve como unas pobrecitas, compadeciéndolas, pero estas mujeres tienen mucha fuerza. El que haya estado en contacto con ciegos sabe la fuerza y potencia que han desarrollado y la energía interna que tienen para salir adelante, que es impresionante.

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