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Entrevista
FABIO BUCCIARELLI, FOTOPERIODISTA

"Lo que más se me ha quedado de la guerra es el olor a muerte"

 
19
MAR 2013

Forjado como fotógrafo desde la base, con constancia y un objetivo en mente, ya desde el inicio de su andadura profesional en agencias de información Fabio Bucciarelli tuvo claro que quería hacer fotografía documental. Tras documentar conflictos de muy diverso calado en Birmania y Atenas, llegó la primavera árabe. El joven fotoperiodista pasó por Libia (fue de los primeros en retratar el cadáver de Gadafi) y Siria, y sus fotografías han ilustrado las crónicas de diarios internacionales y le han valido un amplio reconocimiento que se ha visto materializado -entre otros galardones- en un segundo World Press Photo y un Sony World Photography Award.

Comenzaste tu trayectoria profesional en agencias.

Empecé a trabajar como fotógrafo después de acabar la carrera de ingeniería. En 2007 conseguí una beca para trabajar en Barcelona como ingeniero y comencé a acercarme a la fotografía, aunque no en plan profesional. No ganaba dinero, pero en general buscaba hacer fotos, construir reportajes, entrenar mi ojo.

Cuando acabé mi trabajo decidí dejar la ingeniería, y en 2009 viajé a Irán a través de Turquía porque quería conseguir buenos contactos para volver durante las elecciones presidenciales, unos meses después. Lo que pasó fue que al volver a Italia tuvo lugar el terremoto de los Abruzos y decidí cubrirlo. Así que dejé la idea que tenía de volver a Irán para seguir [los acontecimientos sobre] el terremoto. Trabajé como "free lance" para LaPresse AP durante unos 40 días, cobrando sobre las ventas de las imágenes que enviaba.

Al volver a Turín, el jefe me propuso un contrato para entrar en la plantilla de la agencia. Ésta era mi primera experiencia de trabajo, y decidí aceptar. Al final trabajé para ellos durante un año y medio.

Bucciarelli, en un retrato cedido a QUESABESDE.COM. | Foto: Mauro Cantoro

¿Qué tipo de trabajo hacías?

Al no haber trabajado nunca como fotógrafo, todo lo que hacía con ellos era nuevo para mí. Hacía "breaking news", lo que hacen los fotógrafos de las agencias de noticias, en las ciudades. Cubría la actualidad, como la cumbre del G8, la Milan Fashion Week, todos los partidos de fútbol, baloncesto, políticos, ruedas de prensa...

Además, LaPresse es la agencia oficial de la Juventus, así que fui el fotógrafo oficial del equipo y asistí a muchos partidos y entrenamientos. Es también la agencia oficial de Ferrari, y estuve un mes y medio en Maranello haciendo fotos a Ferrari.

¿Resultó ser una buena escuela?

Sí, fue una buena escuela. Cuando entré no pensé que ése fuera mi objetivo, pero es una buena escuela porque aprendes la metodología y la rapidez para trabajar en prensa y a relacionarte con los otros fotógrafos. Creo que trabajar en una agencia de noticias es una muy buena escuela para alguien que empieza en el mundo de la fotografía.

¿Qué expectativas tenías?

"Cada vez me iba menos cubrir dos, tres, cien veces una rueda de prensa, un partido o una pasarela. Yo quería documentar"

En Italia, para que un fotógrafo obtenga la tarjeta de periodista, necesita haber publicado fotografías de forma retribuida durante dos años. Éste era mi objetivo: conseguir la tarjeta, aprender el trabajo, construirme un porfolio aunque fuera de "breaking news". El tema era que esto cada vez me iba menos, porque cubrir dos veces, tres veces, cien veces una rueda de prensa, un partido o una pasarela no era la razón por la que dejé de trabajar de ingeniero. La razón era intentar documentar.

Ya entonces lo que quería hacer era fotografía documental; los otros tipos de fotografía no me interesaban mucho. En la agencia una fotografía que hoy haces, mañana la publicas y pasado mañana todo el mundo la ha olvidado. Cuando vas a un partido de fútbol, a la semana que viene hay otro y todo lo que haces pasa al olvido. No sucede lo mismo con la fotografía de reportaje, que perdura más en el tiempo.

Tu trabajo "The longest ongoing war", realizado en la zona fronteriza de Birmania y Tailandia, fue tu bautizo de guerra. ¿Por qué Birmania?

En verano de 2010 dejé la agencia para trabajar unos meses como "free lance" y decidí ir a Birmania y Tailandia para hacer un reportaje. Yo lo que quería era ir a Birmania para cubrir las elecciones "democráticas" tras 20 años de dictadura. Esas elecciones fueron prácticamente un mes antes de la liberación de San Suu Kyi.

Me denegaron el visado para entrar en Birmania tres veces, dos de ellas aquí. No satisfecho, me fui a Bangkok a pedir el visado y me lo denegaron también allí. Así que decidí irme a Birmania a través de la frontera. Me quedé alrededor de un mes y encontré los contactos adecuados para entrar con los rebeldes karen en el territorio liberado de Birmania y cubrir esa guerrilla.

¿Qué dificultades tiene que afrontar un fotógrafo novel en estas situaciones?

Fui allí cuando ya llevaba cerca de dos años trabajando como fotógrafo. Quiero decir que ya sabía cómo iba eso de fotografiar. No es que de repente, trabajando de ingeniero, decidiera cubrir esa guerra. Yo no sabía si podría entrar o no al país. Se trataba de establecer un discurso empático con la gente que conoces, si te fías o no de ellos. Y al final encontré a la gente que me llevó para adentro.

Foto: Fabio Bucciarelli
"The Longest Ongoing War". Birmania. | Foto: Fabio Bucciarelli

¿Qué peligros entraña trabajar con una guerrilla?

El ejército de Birmania tiene una sección que se llama Border Guard Force y controla las zonas con los países fronterizos. El tema es que si ellos te ven, te llevan a la cárcel por haber entrado sin visado y puede que te quedes años ahí. También puedes verte envuelto en un enfrentamiento con fuego real. Cuando estuve allí no hubo combates. Era como un territorio liberado: había gente vestida de militar y con ametralladoras, pero no tuvimos combates.

También hay que decir que hice los contactos adecuados. Estás entrando en un país sin visado con los guerrilleros que luchan contra el gobierno... aunque no caigan bombas, todo esto puede traerte problemas.

También en esa zona hiciste un reportaje sobre un centro donde fabrican prótesis para víctimas de las minas.

Cuando acabé mi trabajo con los guerrilleros karen me sobró tiempo y empecé a buscar historias más personales, pero siempre ligadas al discurso de la guerra. En Mae Sot [en Tailandia] hay un hospital justo al lado de la frontera [con Birmania] donde un hombre tiene un departamento de prótesis. Maw Keh antes había sido guerrillero karen, pero pisó una mina y perdió una pierna. Quiso abrir un laboratorio para poder construir prótesis en Birmania; pidió permisos, pero se lo negaron. Así que decidió ir a la frontera en Tailandia y abrir este departamento, que recibe ayudas de organizaciones humanitarias.

Lo que hace Maw Keh es construir prótesis para la gente que pisa minas. Es el único departamento que fabrica prótesis en un radio de 100 kilómetros, así que la gente que ha perdido una pierna en Birmania tiene que ir ahí. El problema es el viaje, porque hay junglas y montañas entre los poblados karen y su departamento.

Él lo llama "workshop prosthesis" porque tiene ayudantes -gente que ha perdido piernas- a quienes enseña a construir las prótesis.

Foto: Fabio Bucciarelli
"Workshop Prosthesis". Tailandia. | Foto: Fabio Bucciarelli

¿Qué ocurre allí con las minas?

El tema de las minas es súper peligroso. Cuando los soldados gubernamentales llegan a los poblados en busca de guerrilleros karen los civiles escapan de la zona. Los soldados minan las tierras alrededor de los poblados, y cuando los civiles vuelven pisan las minas. Cuando entré con los guerrilleros tenía que seguirles porque esos caminos eran seguros. Es un territorio con muchas minas.

Es una región administrada por ellos. Hay guerrilleros que actúan como si fueran del "Karenistán". Desde 1949 los karen luchan por la independencia de esta etnia y su territorio. Es el conflicto más viejo del mundo.

Pero la prensa internacional no parece tener mucho interés en él.

Los grandes medios no se ocupan de las guerras olvidadas. Yo sólo he publicado fotos sueltas de este tema, nunca he vendido un reportaje entero. Parece que a la prensa internacional le preocupa poco... o puede que yo no haya sabido venderlo.

De una actualidad olvidada y lejana a otra mucho más cercana: ¿qué diferencias en el terreno fotográfico hay entre una batalla urbana como las que ha habido últimamente en Atenas y una guerra real?

Parece una paradoja, pero es más sencillo trabajar con los rebeldes en un conflicto que con los manifestantes en una plaza. Porque a los manifestantes, a muchos de ellos, no les gusta que les hagas fotos, mientras que los guerrilleros quieren que tú seas embajador de la información.

Está claro que cubrir una guerra es mucho mas peligroso que documentar una manifestación: en un lugar te arriesgas a que te caiga una bomba, y en el otro no.

Has cubierto la primavera árabe en varios países, principalmente en Libia y Siria.

En Libia estuve a finales de febrero de 2011 con un encargo del [periódico italiano] Il Fatto Quotidiano. Entré en Bengasi antes de que la OTAN empezara a ayudar a los rebeldes. Durante un par de semanas cubrí el frente de Brega, Ras Lanuf y Ajdabiya, a unos 350 kilómetros de Bengasi, donde se estaba luchando. Estuve con un periodista que escribía reportajes a diario. Salíamos casi cada día y cubríamos lugares como el frente, hospitales, centros de entrenamiento militar...

Foto: Fabio Bucciarelli
"The Lybian Conflict". | Foto: Fabio Bucciarelli

¿Es factible compaginar un reportaje personal con el tipo de fotografías que te pedían en el diario?

Quizás en dos semanas no hubiese hecho una historia muy consistente, pero a Libia volví otras tres veces. Al final del año tenía una historia sobre la guerra en Libia que va desde la primera fotografía que hice en febrero hasta la de Gadafi a finales de octubre. Trabajaba para el periódico, pero también disparaba fotos que me podían venir bien para un reportaje. De hecho, un par de las que publicó el periódico están en el reportaje final. Ellos me enviaron y sabían el tipo de trabajo que yo hago.

¿Qué es lo que te lleva a documentar una guerra? ¿Qué querías contar?

Me lleva el querer documentar el lado de los más débiles, los más humildes. Los que están más jodidos. En una guerra todos los sentimientos humanos se multiplican exponencialmente, sea el dolor, la tristeza o la felicidad. Cualquier cosa se experimenta a otro nivel. Cuando cuentas la guerra desde el lado de los perdedores lo que intentas es que el mundo se dé cuenta de lo que está pasando en la otra punta del planeta. Ése es el objetivo ideal, ésa tendría que ser la verdadera razón por la que un periodista decide cubrir un conflicto.

¿Cómo es la convivencia con otros periodistas en una guerra?

Con la gente con la que yo me muevo -Manu Brabo, Guillem Valle, Sergi Cabeza, Clara Gillis, Antonio Pampliega- se crea una familia que tiene los mismos ideales y la misma ética. Es una familia que hace falta en esos sitios, porque cuando se acaba el día tienes alguien con quien hablar, alguien que ha vivido la misma mierda que tú y con quien puedes sacarla de dentro.

Foto: Fabio Bucciarelli
"Battle to Death". Siria. | Foto: Fabio Bucciarelli

Se habla a veces de circo mediático.

Estos compañeros míos seguro que no. Y no creo que haya otra gente que vaya a la guerra porque sea "cool". Sería muy tonto. Puede haber gente que nunca ha cubierto un conflicto que quiera entrar pisando fuerte en el mundo de la fotografía y piense "me voy a cubrir un conflicto". Igual no tienen la profesionalidad necesaria ni los contactos, o no saben cómo moverse y arriesgan muchísimo. Quizás es gente que no tiene un trabajo muy reconocido y para dar un empujón a su carrera va a una guerra. Y eso es muy peligroso.

Siempre hay una primera vez. ¿Qué le recomendarías a un fotógrafo que cubre su primera guerra?

Que tenga muy claro lo que quiere cubrir, que lo haga con alguien que tenga experiencia y de quien se pueda fiar y que intente tener la máxima empatía con la gente que se encuentre.

También ir despacito. Si la primera vez que vas no tienes una foto de la hostia, ya saldrá mejor la segunda vez. Y la tercera, mejor aún. Hay que entrar en ese mundo con alguien que lo conozca, que te pueda aconsejar. Ser consciente de lo que vas a hacer y tener una profesionalidad. Y acordarte de las razones que te han llevado allí.

Foto: Fabio Bucciarelli
"Battle to Death". Siria. | Foto: Fabio Bucciarelli

¿Cómo nace el libro "El olor de la guerra" y qué narra?

En Libia comencé a escribir para Il Fatto Quotidiano porque cuando estaba cubriendo la batalla de Sirte no había periodistas del periódico, así que hacía reportajes completos: artículo y foto. El trato era que yo escribiera mis sentimientos, lo que yo veía en primera persona. Donde el fotógrafo llega, igual un periodista no. Intentaba contextualizar la imagen y la atmósfera, con la foto y a través de palabras.

Cuando regresé de Libia tras hacerle la foto a Gadafi, nos propusieron a Stefano Citati, que es el periodista con el que fui ahí, y a mí que hiciéramos el libro. Yo quería dar una visión sobre la guerra de Libia. Era algo bastante personal, como un diario pero con reflexiones: cómo es la atmósfera que se crea entre un periodista y un fotoperiodista cuando viven la guerra, cuál es el sentimiento, el olor, lo que está detrás de la guerra, lo que se te queda, lo que respiras...

"Battle to Death". Siria. | Foto: Fabio Bucciarelli

¿Y qué se te ha quedado a ti?

Dolores, lagrimas, miradas, expresiones y sonrisas de gente que sufre la guerra. El olor de la guerra: huele a muerte. De entre todos los sentidos, el olor se te queda mucho.

¿Cómo es el día a día cubriendo un conflicto?

Depende mucho de lo que estés haciendo y de dónde estés. Libia es una cosa, Siria es otra. Grecia, Egipto, Irán, Birmania... son diferentes. En Siria, por ejemplo, los primeros días encuentras contactos, gente, otros periodistas... y hablas con ellos. Cuando yo fui a Siria se podía entrar por la frontera desde Turquía enseñando el pasaporte. Una vez allí igual tienes amigos que han llegado antes y te pasan el nombre de un "fixer" [persona que hace de guía e intérprete].

En Alepo [Siria] fue diferente. Vivíamos en un hospital primero, y las últimas dos semanas estuve con los rebeldes, que nos cedieron un piso a mí y otros periodistas. Hacía la vida de un rebelde.

Foto: Fabio Bucciarelli
"Marking the 30th". Irán. | Foto: Fabio Bucciarelli

Se nota una evolución en tu trabajo, una mayor cercanía al tema, a los hechos y los personajes.

Espero que haya habido una evolución, por ejemplo desde Libia a Siria. Yo no te lo sé decir, tendrías que preguntárselo a otros. Para mí las imágenes de Libia son buenas, pero las de Siria son buenas también. Igual ha habido una evolución porque me siento más seguro en algunos combates.

Mi relación con la gente, mi empatía, que creo que es lo que más se ve a través de la imagen, es siempre la misma. Igual tengo más confianza en mí mismo. Lo que intento hacer es transmitir la empatía que tengo con la gente. Si lo consigo a través de la imagen, estoy satisfecho.

¿Cómo conseguiste la foto del cadáver de Gadafi?

La cosa fue así: muere Gadafi pero nadie tiene la foto. El mismo día de la muerte llamo al periódico para asegurarme de que era verdad. Parece una paradoja, pero cuando estás en un conflicto en medio de una guerra sabes la mitad de la realidad, nunca vas a tener una visión global de lo que está pasando como cuando estás lejos.

Me lo confirmaron. Buscamos y buscamos, pero no encontramos la forma de dar con él. Yo tenía un encargo para The Times en Londres y tenía que enviar la foto antes de las nueve de la noche. Buscamos mucho pero no había manera de encontrar dónde lo tenían, hasta que a Manu [Brabo] le llegó una llamada diciéndole que tenían localizado al hijo de Gadafi. Subimos al coche, y al llegar comprobamos que estaba allí de verdad e hicimos la fotografía.

"The Lybian Conflict". | Foto: Fabio Bucciarelli

Unos minutos después unos rebeldes nos preguntaron si queríamos ir a ver a Gadafi. Como ya era tarde para enviar la foto, decidimos ir y nos llevaron a las afueras de Misrata. Había un "segurata" que no dejaba pasar a nadie. En un despiste cogí a mi amiga Clare por la mano y pasamos el control hasta que nos encontramos ante una puerta cerrada. Dos tíos tocaron a la puerta y pude entrar. Mi amiga se quedó hablando con ellos mientras yo hacía la foto. Al salir de allí quité la tarjeta de la cámara y la escondí. Luego llegó mucha gente, y a los cinco minutos se llevaron el cadáver de Gadafi a otro lugar. Ésa fue la foto de Gadafi del día.

"La foto del cadáver de Gadafi me ha dado la posibilidad de escribir un libro y de que se vea más mi trabajo"

Antes que yo la foto al cadáver de Gadafi la había hecho Guillem Valle. Él la hizo en un contexto diferente: estaba en Misrata cuando pasó una ambulancia con él dentro. Se dio cuenta y tomó la foto.

La mía fue la única hecha en una casa de los rebeldes de Misrata. Esa foto dio la vuelta al mundo. La vendí a Stern con exclusividad en Alemania, a Vanity en Italia, a The Times en Londres y a Newsweek en Estados Unidos. Newsweek bloqueó la imagen hasta el día después para ver si salían otras fotos del "rais". Al día siguiente llevaron el cuerpo de Gadafi en un lugar público en Misrata y todos los periodistas pudieron fotografiarlo, y Newsweek no me compró la foto.

Al final esa foto me ha dado la posibilidad de escribir un libro cuando volví y de que se viera más mi trabajo y todas las demás fotos del reportaje. Creo que pasó lo mismo con los editores: a través de esta foto han querido ver mi trabajo.

¿Qué han supuesto para ti los premios World Press Photo, Pictures of the Year International, Sony World Photography Awards o FotoEvidence?

Todos estos premios son un gran reconocimiento por el gran trabajo hecho. Me alegra saber que es todo el reportaje el que ha ganado diferentes premios y no sólo una foto. Estoy muy contento por ello, pero la realidad de los premios es muy aleatoria. Lo que cuenta y lo que queda es el trabajo hecho y haber tenido la posibilidad de enseñar una realidad de sufrimiento a los que están lejos. La visibilidad que cobran mis imágenes después de los premios recibidos es mucho mayor. Y esto quiere decir que más gente ha tenido acceso, aunque sea a través de una imagen, a la realidad de un conflicto.

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