| Madrid.
Eduardo Parra.-
Encuadrar, apretar, revelar. Los pasos de la fotografía, básicamente, son esos. Se encuadra un motivo, se aprieta el disparador y se revela el rollo resultante. Pero para Jeff Cowen la cosa no es tan sencilla. El revelado, colofón último antes del positivado, es para este artista neoyorquino la primera baldosa amarilla de un camino hacia lo desconocido.
Pintor antes que fotógrafo
Formado en dibujo académico, pintura, plástica y estudios orientales, la obra de Cowen es una sucesión de repeticiones, un recurso al collage y a la gran ampliación para demostrar que sus fotos no son "sólo" fotos. Hay algo más. De hecho, Cowen es de los pocos que puede presumir de haber colgado sus fotos en la colección permanente de la Sociedad Histórica de Nueva York.
La nota oficial de la exposición recalca que "Cowen se ha distinguido de los demás fotógrafos contemporáneos por mezclar la fotografía documental con diversos elementos pictóricos". Y ciertamente, no falta razón en esa afirmación. En 2001 consiguió el premio Thomas Cooke de fotografía y en 2005 expuso en París parte de sus murales de collages de desnudos.
El autor no se limita a fotografiar. Sus obras son destruidas -literalmente- en pedazos para luego volverse a unir para "dotar a las fotografías de un cuerpo y una dimensión diferente".
© Jeff Cowen


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Según los organizadores de la muestra, "en cada pieza tiene que haber una estructura formal y unas cualidades estéticas iniciales; todo para acentuar la tensión de la imagen, pero siempre tratando con los temas de la belleza, la fealdad, el amor y el desamparo del ser humano".
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