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OpiniónEnfoque diferencial

Amenazas de papel maché

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MAY 2016

Hoy voy a contar mi historia. La historia de hace un par de semanas. Una historia que empieza de la forma más trivial del mundo: con un e-mail. Ese correo electrónico me informaba de que la organización del salón Expomanga daba luz verde a mi acreditación como periodista y ya podía cubrir la feria por encargo de una agencia de noticias. Lo de siempre.

Acudí a Expomanga con ganas: era un trabajo algo diferente a lo que hago a diario. Después de tantas semanas de citas políticas, poder fotografiar algo colorido sería lo más parecido a un descanso que iba a tener. De modo que me dije: "Vamos a montar unas luces para hacer unos posados medio decentes." Porque, seamos sinceros, esas fotos que normalmente hacemos en ferias, con fondos de pena, luces aún peores y pocas ganas no es que sean lo mejor de nuestro trabajo.

El colectivo de cosplayers me declara la guerra: además de amenazarme, distribuyen fotos de mi cara para que nadie acepte que le haga una foto

Así transcurrió mi fin de semana, en un rinconcito con un estudio de batalla para salvar la papeleta y unas cuantas fotos de ambiente como hemos hecho toda la vida. Vaya, que no estuvo mal, pero ganar el World Press Photo con esa cobertura quedaba descartado. Como soy idiota -ahora lo sé-, envié a algunos de los fotografiados los enlaces con las fotos colgadas en la web de la agencia. Algunos me dieron las gracias, otros no me dijeron nada.

Sin embargo, un día después, a la noche, recibo un mensaje de una joven con un visible enfado, quejándose de que estoy vendiendo las fotos que le hice. Le explico que no es así, que las fotos están en la web de la agencia para que los medios de comunicación se hagan con ellas y que, como es normal, esta agencia esas fotos no las regala. Esta persona no queda contenta con mi explicación y me asegura que hay mucha gente molesta conmigo. Recibo algún comentario más, pero tras tratar de ofrecer la misma explicación sin mucho éxito desisto de darle importancia.

A la mañana siguiente empiezo a recibir múltiples notificaciones en mis cuentas de redes sociales. También recibo mensajes. Me acusan de estar vendiendo las fotos para lucrarme, de ser un ladrón, de haber engañado a la gente para que posase y mil cosas más. Trato de contestar, pero la cosa empieza a salirse de madre, y a media mañana decido empezar a silenciar menciones y olvidarme del tema. Me amenazan con denuncias por vulnerar sus derechos de imagen y les invito a que si consideran que tienen razón, me denuncien.

Y a partir de ahí se desata la tormenta. El colectivo de cosplayers -que son esas personas que se visten imitando a personajes de cine, cómics y videojuegos- me declara la guerra. Aseguran que estoy haciendo un uso comercial de las fotos, que mi agencia no es un medio de comunicación, que la Agencia EFE -que también cubrió la feria- no vende sus fotos y que la feria no era un evento público.

Toman fotos de mi cara colgadas en mis redes sociales y empiezan a distribuirlas para que nadie acepte que le haga una foto. Aseguran que diversas ferias han acordado denegarme la acreditación como periodista y que la organización de Expomanga ya me ha denunciado.

La bola crece hasta el punto de que hay personas que aseguran haberme visto en ferias a las que no fui, que ya he tenido el mismo problema en otros eventos similares, que estoy vetado en otras ferias o que llevo quince años vendiendo fotos de cosplayers “para lucrarme”. Niegan la mayor y dicen que mi agencia no es un medio de comunicación sino un banco de imágenes, y que si no borro las fotos es porque no quiero. Por más que les insisto que, aunque quisiera, yo no puedo borrar una foto subida a la línea de la agencia, nadie me quiere creer.

Apenas tres o cuatro personas se ponen en contacto conmigo para conocer mi versión, y de esas solo una dice entenderme y me pide disculpas por lo que estoy pasando. El resto prosigue con esperpentos.

Empiezan las amenazas: "Le voy a estampar la cámara en esa sonrisa", "comprad un hacha y la próxima vez ya sabéis", "¿alguien quiere contratarme para matarlo?"

Que si no soy periodista, que si las fotos no las hago con fines periodísticos, que sacar a la gente comiendo no es periodismo, que si tenía que haber avisado -cosa que hice a todo aquel que preguntó-, que si una noticia a los seis meses ya no es noticia… De repente para todo el mundo está clarísimo todo y debería tener ya como un centenar de denuncias.

Finalmente los que han ido a denunciar reciben una negativa: aquello que he hecho es mi trabajo y es legal. No les gusta esa respuesta, y empiezan las amenazas: “Le voy a estampar la cámara en esa sonrisa”, “comprad un hacha y la próxima vez ya sabéis”, “¿alguien quiere contratarme para matarlo?” Como dijo un compañero, tendré cuidado, no sea que quieran lincharme con sus espadas de papel maché.

Dicen que se me va a caer el pelo -el poco que tengo- en la próxima feria a la que vaya. Pero, ¿alguien cree de verdad que hay dinero en el mundo para que yo vaya a cubrir otra de estas ferias? ¿De verdad pensáis que algún compañero va a acudir a una de estas ferias?

Para colmo, más de una semana después me llama una persona que dice ser de la organización, pero a pesar de ello no sabe qué agencia me acredita, no sabe cómo funciona el periodismo, no sabe nada. Pero una cosa sí sabe: que la gente afirma que estoy vendiendo las fotos a título personal.

Qué harto estoy de todo esto.

La columna de opinión "Enfoque diferencial" aparece publicada normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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