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EUGENIO RECUENCO, FOTóGRAFO

"Esperemos no tener nunca motivos para dejar de ser buenos chicos"  

27
FEB 2013

Con un estilo marcadamente cinematográfico y pictórico, Eugenio Recuenco lleva años trabajando en moda y publicidad para las marcas internacionales más prestigiosas. Louis Vuitton, Custo, Chanel y Carolina Herrera, entre otras, han confiado en la creatividad y las habilidades tras la cámara de este madrileño nacido a finales de los 60. Aprovechando que durante este próximo fin de semana imparte un taller en Madrid en la escuela Workshop Experience, en QUESABESDE.COM hemos conseguido colarnos en su apretadísima agenda para conocer las claves de su éxito.

Tus trabajos son como una mezcla homogénea de pintura, cine y fotografía. Cada imagen parece esconder una buena historia y tirar por los suelos lo que dicen muchos de que la fotografía de moda es demasiado superficial.

Sí, por eso al final la moda me ha rechazado y ya casi no trabajo en este terreno. Cuando dices verdades en este mundo, a nivel externo te sale caro, aunque a nivel interno te libera porque te sientes honesto.

Sí que es una mezcla de todo eso porque son las pasiones que yo tengo. Si la fotografía no refleja esas pasiones que te mueven, lo que haces con el corazón, entonces tienes un problema. Y sí que hay historias, y es por eso que me aburre un poco la moda y durante tiempo he intentado contar algo a la vez que enseñaba ropa, que no son cosas incompatibles. Pero no se ha entendido. Así que sin duda es importante la historia que estás contando.

Es más, el cine, que es hacia donde me apetecería ir, se está haciendo de rogar. En una de las series que estoy haciendo para un libro con 365 fotos, cada una de ellas está apoyada por un texto, una frase, una palabra e incluso un símbolo o algo que complementa el significado de la historia que estás contando con la foto. Es decir, que sí existe esa necesidad de narrar, y como al cine todavía no llego, en esta serie se añade un poco la palabra para completar la historia.

Foto: Eugenio Recuenco
Recuenco, en un autorretrato. El fotógrafo imparte este fin de semana un taller en Madrid.

Tus imágenes tienen un aire pictórico que delatan tu paso por otras artes antes de llegar a la fotografía.

Estudié Bellas Artes e hice la especialidad de pintura. Esa parte sí que se nota en la intención del color, la atmósfera y el aire que intento fotografiar.

También desde siempre me ha gustado mucho escribir. De hecho, tengo un libro a medias atascado en el tiempo por trabajo y siempre he dado mucha importancia a las palabras que utilizas para contar una historia. También tengo hecho un guión para una película que me gustaría rodar lo antes posible. Es decir, desde siempre en mi germen ha habido una intención de contar historias.

Incluso la pintura tiene algo de historia. No es algo con lo que hagas un clic de un instante, sino que se construye con el paso del tiempo. Yo he intentado traspasar eso a la fotografía. Es decir, crear un instante construido en el tiempo que resumes con un clic. Como cuando en un cuadro dices "¡ya está, lo tengo!", y le das la última pincelada.

Foto: Eugenio Recuenco
Foto: Eugenio Recuenco

El cuidado por el detalle en tus trabajos corta la respiración.

"Con todo lo que se puede contar y hacer, quedarse sólo con algo bonito es quedarse a la mitad"

Es que cuando tengo que hacer moda y sacar a una chica sola me aburro. De hecho, no es que me aburra, es que ya me siento inseguro incluso. Porque realmente cuando te quedas sólo con la parte estética entonces te preguntas qué hay que hacer para que esto sea suficiente. Es como si tuvieras al Real Madrid para jugar un partido de fútbol sala. Con la de buenos jugadores que hay en el equipo y tienes que dejar a casi todos fuera porque sólo pueden estar cinco en la pista.

Pues es eso. Con todo lo que se puede contar y hacer, quedarse sólo con algo bonito es quedarse a la mitad. Ése es un poco el sentimiento que me deja.

Debes ser de esos fotógrafos que controlan todo lo que pasa delante de la cámara.

Se trabaja mucho antes de disparar la foto, y luego se improvisa casi todo. Lo que intentas es tener elementos que suelen faltarte. Te metes en la historia y te involucras en ella, pero no soy de los que programa al 100% lo que tiene que ser y de los que dice que no puedes salirte del guión. Es decir, tienes un camino que te gustaría seguir para conseguir una foto, pero por falta de medios o lo que sea estás ojo avizor para intentar poder utilizar o aprovechar cualquier cosa que suceda durante la sesión.

Al final eso es lo que más te gusta, lo que hace sentirte vivo. Que no sea sólo materializar un pensamiento o una historia que habías pensado antes, sino que puedas enriquecerla y que no se caiga porque te falta algo. Que puedas adaptarla a las circunstancias. Ésa es la parte fotográfica. No se trata de decir quiero esto, aquello y lo otro y no me salgo del guión porque estoy en publicidad. No, así lo matas, y tienes que estar vivo hasta el final.

Foto: Eugenio Recuenco

¿Es en el momento de disparar con la cámara cuando disfrutas más desde que piensas una idea hasta que la ves materializada en -por ejemplo- las páginas de una revista?

"En mis fotos parece que hay muchos medios pero al final está todo cogido con cinta aislante"

Ese momento es uno de los más intensos, junto con el instante en el que nace la idea o foto que quieres hacer. Es muy bonito y excitante tener la idea y ver claramente en tu imaginación qué quieres fotografiar. Tanto como cuando estás cerca de conseguirlo, en la mayoría de los casos, porque también hay ocasiones en las que es tan grande la frustración por no poder llegar a enseñar lo que tenías en la mente que la emoción se disipa un poco. Pero son pocas veces, porque al final siempre estás intentando adaptar el trabajo y sacarlo adelante y sueles sentirte orgulloso de que por culpa de necesidades o falta de cosas el proyecto derive en algo mejor.

Pero son esos momentos los mejores, los de tener la idea y tomar la foto. Todo lo demás es un camino que a veces es un poco largo y que con pocos medios es muy duro. En mis fotos parece que hay muchos medios pero al final está todo cogido con cinta aislante.

Aquí todos reciclamos, clavamos clavos y hacemos de todo. El equipo al completo. Todos nos empeñamos en sacar la foto adelante, pero no porque haya medios, sino porque hacemos que los escasos medios de los que disponemos sean lo más rentables posibles y que se vean todos en la foto. No nos guardamos nada para nosotros, para nuestro disfrute. A decir verdad muchas veces renunciamos a ciertas comodidades, a viajar de determinadas maneras o a hospedarnos en determinados hoteles para que haya dinero para la foto. Es mi filosofía y la de todo el equipo.

Foto: Eugenio Recuenco
Foto: Eugenio Recuenco

Se agradece que todo lo que se ve en tus fotos sea real y no un fondo verde con objetos generados por ordenador en la posproducción. Se nota que le das mucha importancia tanto a los protagonistas de tus historias como a los escenarios y entornos en los que se mueven.

Es la única forma de trabajar que sé. No digo que sea ni mejor ni peor, simplemente es con la que me siento más a gusto. Al final es como una necesidad que todo lo que se ve en los decorados exista de verdad. Sí que es cierto que a veces tienes un pájaro en la foto y lo multiplicas porque quieres que haya 50. Pero el pájaro estaba allí y los 50 que aparecen son cincuenta fotos que has hecho. Todo lo que sale en la foto está.

Por otra parte, necesito que sea así para poder componer y comprender yo lo que ocurre y explicarle a los modelos lo que tienen que sentir y entender. Con un fondo verde es muy difícil, queda falso, por mucho que lo expliques. Cuando puedes tocar la historia que te rodea es mucho más fácil. Para mí es la única manera.

Hace años hacía muchas "solarizaciones" y cambios e inversiones de revelado que hoy se pueden conseguir con Photoshop, y dejé de hacerlos cuando dejaron de ser analógicos. Revelaba negativos como diapositivas, a veces los había "solarizado" con unos virados determinados y necesitaba ese factor sorpresa. Más o menos los dominaba en cuanto que imaginaba cuáles podían ser los resultados, pero cuando iba al laboratorio muchas veces me sorprendía el resultado. A veces para bien, a veces para mal. Pero cuando te pones delante de Photoshop y le das a una tecla para ir viendo distintos efectos, al final ninguno me convence. Es como algo matemático. Elegir entre muchas cosas sin azar o riesgo alguno. Solo hay que elegir entre distintos efectos o fondos, y eso no va conmigo.

Foto: Eugenio Recuenco
Foto: Eugenio Recuenco

Pero hoy en día hablar de fotografía de moda, comercial o de producto y no nombrar Photoshop parece imposible.

Yo lo utilizo porque al final siempre hay que retocar fallos. Los decorados están construidos con alambre y cinta aislante y hay que pulir terminaciones y eliminar clavos e hilos que sujetan cosas. Para todo eso utilizo Photoshop. Pero para poner algo que no está o cambiarle las proporciones a una chica no lo uso.

¿Debería estar limitado el uso de Photoshop en la fotografía de moda o en otras disciplinas?

"Photoshop es una herramienta para crear una imagen y el límite sólo debería estar si el retoque lleva a engaño"

No. Es una herramienta para crear una imagen y el límite sólo debería estar si el retoque lleva a engaño. Es decir, si tú vendes un producto para adelgazar y coges a una chica de 100 kilos y la adelgazas con Photoshop, eso es un engaño. Pero en cuanto a la creación de imágenes se puede usar Photoshop, está claro. No es mi forma de trabajar, pero yo no estoy aquí para pedir a nadie que haga lo que yo hago. Cada uno es diferente y no es uno mejor que otro. También ha habido ocasiones en las que las críticas a Photoshop han sido excesivas.

Ahora seguro que muchos pensarán que uso Photoshop mucho más de lo que cuento, ya que si no, no me defendería. Pero suelo invitar a gente a ver cómo hago las fotos en sesiones abiertas y todos se sorprenden. Aunque tampoco es que tenga que justificarme ni nada de eso. Yo me sorprendo cuando veo cosas metidas en las fotos con Photoshop, ya que me parece falso.

Hablábamos antes de que tus imágenes tienen un aire pictórico de lo más real, como si pudieran tocarse todos los objetos que aparecen en ellas.

Sí. Una de las cosas que más me interesa es poder pintar el aire que hay entre los objetos. Una de las batallas que tengo con la tecnología digital es que al principio había un exceso de nitidez y quedaba todo quirúrgicamente recortado, y a mí lo que me interesa es contar las cosas con una mirada no tan limpia, algo más turbia.

Cuando se alejan las cosas, con la distancia se pierde definición y foco. En el aire hay una densidad que tiene que aparecer en la foto. De lo contrario acabas con una imagen con unas tres dimensiones artificiales. Creo que con la luz intento que haya una atmósfera, un volumen entre el espectador y aquello, y que lo que está más lejos transmita la sensación de ese aire que está allí.

Es una cuestión de luz y color. Mi luz es muy sencilla y uso iluminación continua. Va más con el concepto de fotografía y de enseñar un decorado real. La luz más real es la continua. El flash es algo artificial, algo que no está en nuestras vidas. En determinados proyectos puedes usarlo, pero casi siempre uso luz continua.

Foto: Eugenio Recuenco

¿Son las imperfecciones las que acercan la fotografía a la perfección?

Los accidentes existen. Lo perfecto al 100% no existe y hay que aprender a convivir con ello. El defecto en la vida es lo que hace bonitas las cosas. El defecto y la belleza tienen que convivir en una armonía platónica de percepción.

¿Entonces no crees que exista la foto perfecta, aquella foto que haces y cuando la ves te das cuenta de que nunca harás una foto mejor?

No. Y es una putada porque todo el rato vas tras ella e imagino que moriré sin encontrarla. Si vas con esa intención siempre puedes aprender algo nuevo, y cuanto más aprendes, más cuenta te das de que puedes ver otras cosas. A veces por el camino equivocado, pero estás allí en esa búsqueda. Con cada nuevo trabajo me sigo poniendo nervioso, y eso es buena señal. Eso significa que no lo controlo todo y que pueden surgir cosas y fallos que pueden abrir nuevos caminos.

Foto: Eugenio Recuenco
Foto: Eugenio Recuenco

Viendo tus trabajos pocos dudarán de que vas camino de toparte con unas cuantas de esas fotos perfectas.

A mí suelen gustarme más las fotos de los demás que las mías, porque la imaginación siempre suele ser más rica que la imagen final y al no llegar donde querías sientes cierta frustración. Aunque eso no quita que te sientas satisfecho y muchas veces te das cuenta a posteriori de fallos que has cometido. Pero bueno, es ese espíritu de intentar ser como un niño e intentar aprender un poco más lo que me mantiene, a pesar de las hostias que me han dado en el mundo de la moda.

¿Qué tiene que tener un proyecto para que te interese y decidas trabajar en él?

Hace ocho años te hubiera dicho que lo importante era que pudiera contar algo y que el cliente fuera atractivo por el nombre que tuviera. En la actualidad el cliente ha pasado a un segundo plano y lo que quiero es contar algo que me interese. Lo que busco es poder entrar en la creación de la idea. No quiero recibir ideas muertas demasiado marcadas, de esas que no te permiten salir del guión. Quiero colaborar en la creación total de la imagen y que el cliente esté tan implicado como yo.

Aunque el cliente dé el visto bueno, hasta el día de disparar hay margen para seguir mejorando, pero esto en publicidad no lo entienden. Cuando el cliente da el "OK" ya no quiere cambiar nada y no quiere asumir ningún riesgo más. Es una pelea que tienes con este mundo.

Cuando el cliente dice que adelante, que no se mueva nada más, entonces te han matado, porque durante la elaboración de la foto surgen cosas que pueden mejorarla pero te las cortan. Así que cuando tienes a un cliente que está al 100% contigo en esto es de agradecer.

Foto: Eugenio Recuenco

Los proyectos personales sí te proporcionan libertad absoluta.

Sí. Ahora estoy haciendo mucho más hincapié en proyectos personales y no voy a renegar de clientes ni de la moda o la publicidad, que me han llevado hasta aquí, porque muchas veces los proyectos personales salen de la frustración de algo que no pudiste hacer en un momento y decides desarrollarlo en otro momento para ti.

No voy a renegar de eso porque si todo fuera libertad total a lo mejor no saldrían esos proyectos personales que nacen con rabia. Los encargos de moda que hago son mínimos, sobre todo en este país, en el que me han ido apartando y ya casi no trabajo. Me gustaría trabajar más, pero es lo que hay.

¿Algunos de estos proyectos personales tienen que ver con el cine?

Sí, ahora, aparte del proyecto faraónico de las 365 fotos que te comentaba antes, tengo dos proyectos más pequeños que quiero tirar adelante. Y luego está el tema del largometraje de cine, que es otra necesidad. Son proyectos personales que se han convertido en necesidades que me mueven y los necesito también para sobrevivir.

No es fácil pasar de ganarte la vida realizando encargos a proponer tú planteamientos en un país como éste, en el que he tenido tantos años el apellido de fotógrafo de moda. Es una carga enorme que no permite fácilmente que la gente vea tus fotos como si no fueran de moda.

Ahora mismo la situación está complicada, de modo que alterno estos proyectos personales, que se han convertido en necesidades vitales para mí, con trabajos que me dan para vivir. Son trabajos comerciales y cada vez se hace más difícil asumir un encargo sin tener ni voz ni voto en el concepto, que para mí es importante. Darle una apariencia estética a algo que te comentan sin que te guste el concepto es complicado. Me interesan los proyectos comerciales en los que te sientes parte del mismo y no sólo de la parte estética.

Foto: Eugenio Recuenco
Foto: Eugenio Recuenco

Llegar donde has llegado tiene que ser muy complicado. ¿Lo es más aún mantenerse allí arriba en una era en la que levantas una piedra y te salen quince fotógrafos con sus respectivas cuentas en Instagram, Facebook y Twitter listas para alojar millones de fotos?

Pues no tengo ni idea. No tengo ni idea porque no me preocupo por eso. Yo siempre he intentado ser honesto con lo que hago y que me mueva la pasión. Y cuando te mueve la pasión esa dureza no la noto. No soy consciente de haber llegado hasta aquí y mantenerme, porque la relación que tengo con la gente solamente me permite conocer lo palos que me llevo. Y no tanto de si gusta o no tu trabajo, sino de cuando has hecho algo mal o has cambiado algo, cuando haces algo que no era lo previsible.

Pero bueno, cuando cambias de camino para investigar porque en ese momento necesitabas hacer esas determinadas fotos y te sirve como a mí me ha servido, entonces las críticas no son tan duras. Lo has hecho porque necesitabas hacerlo y no para sentir el aplauso o la palmadita en el hombro de los demás.

Yo no busco cómo mantenerme. No sé cómo he llegado aquí. He hecho las fotos que quería en cada momento y no haciendo lo que se lleva en un determinado momento o pensando que esto o aquello es lo que va a gustar. Entonces no tengo que reinventar la forma de mantenerme, sino que me tengo que reinventar a mí mismo para sacar a flote lo que me apetezca hacer y lo que considero que es lo que debo hacer. Con la pasión las complicaciones se atenúan.

Foto: Eugenio Recuenco

Hablando de reinvenciones: ¿qué opinión te merecen aplicaciones como Instagram? ¿Son una reinvención, una evolución o una maldición para la fotografía?

Con Instagram puedes hacer fotos sorprendentes. Cuando voy con amigos y gente de mi equipo por la calle y se paran de repente para hacer una foto y me la enseñan después, me gusta. Estéticamente molan mucho. Pero luego yo las hago y no me salen o no me parece que molen tanto, aunque sean parecidas.

"Instagram te permite hacer fotos aparentes pero no te convierte en fotógrafo"

Las fotos hechas con Instagram tienen un rollo estético que nos hace soñar mucho, pero no pasa de ser una cosa estética, no hay un concepto detrás. Pero no pasa nada. Como suele ser habitual, el tiempo pondrá las cosas en su sitio.

Durante años ha habido fotografías que sin ser nada estaban expuestas a dos por dos metros y se vendían como si fueran buenas. Ahora parece que hay una democratización a la hora de hacer fotos, pero es la misma democratización que hubo cuando se pasó del fotógrafo técnico que se hacía sus propias películas a la [Kodak] Retinette, que supuso que todo el mundo podía tener una cámara de carrete en sus manos. Es lo mismo. Entonces cualquiera también podía hacer una foto.

Pero a pesar de todo esto seguía habiendo grandes fotógrafos. Instagram te permite hacer fotos aparentes pero no te convierte en fotógrafo.

Foto: Eugenio Recuenco
Foto: Eugenio Recuenco

Algunos fotógrafos son de la opinión que el color confunde al cerebro y que las buenas historias hay que contarlas en blanco y negro. Viendo tus trabajos, no pareces compartir esa idea. De hecho, da la impresión que pintas las fotos con miles de tonos.

El color también transmite sensaciones y estados de ánimo. Las relaciones entre colores son muy importantes para mí. Cuando me peleo con los laboratorios siempre es porque algunos colores tiran un poco a rosa, otros se van hacia el verde... y no quiero que se pierdan esos tonos. Hay una relación que me interesa allí.

Yo vengo de la pintura, y recuerdo que hace unos diez años vi una retrospectiva de pintura en París y terminé llorando. Era una relación de colores, pero veías la honestidad de un autor que llegaba al negro sobre negro y terminaba suicidándose. Son relaciones entre colores y te transmiten muchas emociones.

Foto: Eugenio Recuenco

Es cierto que el blanco y negro permite una lectura más fácil de la historia. Te quedas solamente con la figura; el color ha desaparecido. Pero eso puede provocar que te quedes cojo también.

También tiro en blanco y negro, depende del momento o de si la historia lo necesita. Las series que he hecho en blanco y negro son más narrativas en cuanto a serie. No funcionan tanto como fotos individuales, sino que lo hacen como grupo o conjunto. Las de color son más pictóricas, como un cuadro único en el que se cuenta toda la historia.

En el cine, cuando una película o un plano están bien iluminados, funciona tanto el color como el blanco y negro. Si lo pasas a blanco y negro y no funciona, es que la luz no estaba bien y te has escudado en una composición de colores. El color y el blanco y negro lo usas según lo necesitas, es una cuestión de necesidad. Si no lo uso no es porque no me parezca atractivo.

Foto: Eugenio Recuenco
Foto: Eugenio Recuenco

Pero está claro que algunas fotos funcionan mejor en color y otras en blanco y negro.

Sí, claro, pero yo tomo esa decisión antes de hacer la foto. Cuando trabajo en un proyecto tengo claro si va a ser en color o blanco y negro. Y normalmente cuando trabajas en color ese mismo proyecto no funciona en blanco y negro, y viceversa.

¿Existe alguna foto clásica en blanco y negro que te gustaría que fuera tuya?

¿Sólo una? Es que soy muy envidioso en ese sentido. Tengo envidia sana, no destructiva, de todos los que hacen fotos mejores que las mías. Me animan y me inspiran para mejorar lo que hago yo. Pero no copiando lo que han hecho otros sino diciendo: ¡joder, estos tíos, qué buenos! Es como cuando te vas a un museo y te emocionas y ves cosas que tú también quieres hacer.

Foto: Eugenio Recuenco

¿Es como querer vivir lo que otro fotógrafo debe haber vivido en el momento de hacer esa foto que admiras?

Sí, es eso un poco lo que me gusta. Por eso siempre digo que me gustan más todas las fotos de los demás que las mías. Pero bueno, ya he aprendido a convivir con eso. Cuando termino una foto siempre me queda la frustración de que podía haberlo hecho mejor, pero les doy cierta amnistía y con el paso del tiempo ves que tampoco están tan mal y te gustan. Es normal pensar que nada más acabar un trabajo pienses que podías haberle sacado más partido a todo, pero suelo indultar a todas mis fotos.

Quizás ese espíritu autocrítico proviene de tu formación artística, que te hace pensar que a tus fotos siempre podías haberles dado una pincelada más.

Claro. Si por ejemplo haces fotografía de reportaje y has conseguido captar el momento adecuado, entonces ya no puedes influir más. Ya tienes el encuadre y el instante, que ya pasó.

En mi caso tienes que coger el momento justo de la expresión, pero hay un trabajo previo de construcción de historia y escenario. Es allí cuando te planteas si has dirigido bien el momento, si donde has metido la historia era o no el lugar adecuado. Como influyes tanto en el proceso, siempre te queda la duda de si has fallado o no en alguna fase del proyecto. En un reportaje coges el momento o la mirada de alguien, por ejemplo, y ya está. El resto no depende de ti. En mi trabajo todo depende de mí, todo lo que rodea al personaje está creado.

Foto: Eugenio Recuenco

¿Es más creativo el proceso que sigues tú en la elaboración de un proyecto que el que lleva a cabo un fotoperiodista?

No es que sea más creativo, es diferente. Muchas veces intento hacer ejercicios de captar el momento de un sitio con una óptica distinta a lo que ve la gente y es muy, muy difícil. Yo intento transformar la realidad, aunque no sé si es porque lo mío es más latino o porque no sé hacer lo otro, así que de forma egoísta buscas la manera en que tú te sientes más a gusto.

Admiro a muchísimos fotoperiodistas especialmente por eso, porque cuando tú intentas hacer algo parecido ves lo difícil que es. Tienen mucho mérito y no cualquiera puede hacer el trabajo que hacen, aunque sepas hacer fotos. Así que mi trabajo es o más creativo o más cobarde... no lo sé.

¿Te ves algún día haciendo reportajes de actualidad o trabajos fotoperiodísticos?

Me gustaría. Creo que se puede dar una óptica diferente. Hace tiempo me fui a hacer un reportaje de ropa deportiva en Cuba y terminé haciendo un cortometraje medio documental intentando dar una visión diferente de unos chicos que se dedican al boxeo. Era una cosa de actualidad. Pero lo hice porque en ese momento sentí la necesidad de hacerlo. Conocí a esos chavales poco, sólo para la sesión de fotos de ropa, pero vi que había una realidad que me apetecía contar. Surgió como una necesidad. Por eso no descarto este tipo de trabajos, siempre y cuando encuentre el momento y piense que es algo que quiero hacer. Que lo vea como algo diferente. O no. Nunca he descartado nada en mi vida.

Foto: Eugenio Recuenco
Foto: Eugenio Recuenco

Hace tres o cuatro años hice la dirección de arte y puesta en escena de una escenografía de una ópera en Nueva York que hacía cien años que no se representaba. No me cierro a nada, siempre y cuando vea que puedo aportar algo. En el caso de la ópera yo no podía competir con escenógrafos que llevan toda la vida trabajando en esto, pero el director vio que yo podía darle una visión diferente. Si ves que se acercan a ti con proyectos así, yo no tengo miedo. Al final no se trata de la técnica, ya que te puedes rodear de un buen equipo, sino de si te sientes a gusto o no y puedes aportar algo. Si en el fotoperiodismo viera que puedo aportar algo, pues perfecto.

Foto: Eugenio Recuenco
Foto: Eugenio Recuenco

Sería interesante ver un trabajo tuyo en el terreno del fotoperiodismo.

Hay un fotógrafo, no recuerdo su nombre, que hizo unos vídeos alucinantes de los soldados americanos en Iraq y tenía unas verdaderas obras de arte, unos planos fijos que demostraban que se pueden hacer cosas diferentes. Puedes informar o puedes dar tu opinión o punto de vista sobre algo al tiempo que informas. Pero es que si lo piensas bien, siempre das tu opinión. Desde el momento en el que tú encuadras una zona con la cámara y descartas el resto de la realidad que te rodea con la cámara, ya estás dando tu opinión. Y eso se enmascara de falsa objetividad.

A veces prefiero no transformar, sino dar un punto de vista totalmente diferente aunque te lleve a otro mundo, pero que puedas disfrutarlo. Puedes estar o no de acuerdo sobre el conflicto que ya conoces, pero puedes presentarlo de una manera que te haga querer investigar y saber más sobre él.

Eso es lo que puedo ofrecer, lo otro no. Competir con gente que lleva años haciendo esto y que sabe predecir lo que va a ocurrir es más complicado. Sería como un paleto en Nueva York. Sin saber predecir estás perdido.

Foto: Eugenio Recuenco
Foto: Eugenio Recuenco

¿Qué consejo le darías a alguien que quisiera llegar hasta donde tú has llegado y mantenerse allí arriba?

Sobre todo trabajar y trabajar. Tienes que convertir tu trabajo en una pasión, y eso hará que los baches en el camino no sean tan profundos. Si conviertes tu trabajo en una pasión, te puede salir bien o mal, pero interiormente te sentirás satisfecho, aunque a los demás les pueda parecer que has fracasado porque no has alcanzado un objetivo concreto. Tú tienes que saber que has sido libre para hacer lo que te interesaba hacer y pensabas que tenías que hacer.

Eso es básico para trabajar en este negocio durante años y no defraudarte a ti mismo. Si trabajas esperando una recompensa ideal, con lo largo que es esto, seguramente te vas a desmoralizar y vas a abandonar. Con esta filosofía que te comento es difícil, porque pasas por momentos muy duros de incomprensión.

"Si en tu trabajo personal cambias al cliente por el espectador, eso no sirve; hay que ser honesto y trabajar mucho"

En mi caso, desde un principio yo no cuadraba en la moda ni para las típicas revistas que solamente buscaban belleza, pero tampoco encajaba en las más modernas porque la estética o lo que yo ofrecía no cuajaba con lo que supuestamente se consideraba moderno. Entonces me encontraba en una tierra de nadie muy desalentadora. Pero seguí por allí, porque era lo que sentía. No me interesa usar una luz que se lleva ahora porque luego se me cae todo. Hay que hacer lo que consideres que tienes que hacer.

Te puede llegar el éxito, pero cuando te encuentras en una posición así en este mundo ni te das cuenta. Sólo piensas en hacer la siguiente foto y que te sientas orgulloso de ella. No sabes si va a gustar o no, pero no te preocupa. Te preocupas a nivel de cliente. Pero en tu trabajo personal, si cambias al cliente por el espectador, eso no sirve. No haces las fotos para que gusten. Hay que ser honesto y trabajar mucho.

Puedo hablar de mi experiencia, pero no puedo decir si algo se tiene que hacer de una manera u otra. Yo he hecho las cosas de una manera y me han servido a nivel personal. A nivel profesional no lo decides tú y depende de todo lo que te rodea. Yo siempre he dicho que no puedo quejarme de no haber nacido en Nueva York, donde a lo mejor tienes más medios para hacer las cosas o visiones diferentes. También podría haber nacido en Marruecos y estar haciendo planos para turistas que serían más creativos, pero no tendría demasiadas opciones de salir de allí.

Una vez has asumido lo que haces, es mejor hacer las cosas para ser feliz y no para intentar tener éxito. Me acuerdo que hace muchos años le hice un reportaje a Paco Rabal y me contó que una vez un chaval le preguntó qué tenía que hacer para ser famoso. Él contestó que tenía que matar al cura de su pueblo y que de esa manera saldría en todos los periódicos. Tienes que ser un buen actor y el resto ya no depende de ti. Si sólo buscas tener éxito, con algo de suerte conseguirás subir, pero sin méritos te sacarán pronto de allí.

Foto: Eugenio Recuenco

Una versión de Eugenio Recuenco nacido en Nueva York hubiera sido muy interesante.

A lo mejor a nivel personal y en lo referente a la construcción de la foto hubiera habido diferencias. Quizás sí habría tenido más facilidades y alguien me hubiera cogido de la mano, gente que te puede proyectar a nivel internacional. Pero cuando te metes en una burbuja es complicado. Yo estoy contento de no estar en ninguna burbuja que me despiste de lo que tengo que hacer. Es mejor haber nacido en España y trabajar como si hubiera nacido en Nueva York.

Eso tiene mucho mérito hoy en día.

No tengo ni idea. Yo lo hago para intentar ser feliz.

¿Es ésta la clave del éxito?

Sí. Hemos casi conseguido una cierta libertad y autonomía a la hora de enfrentarnos a la fotografía y que la crisis no nos fuerce a prostituirnos. Yo intento alejarme de eso, pero cuando te interesa llevar a cabo proyectos personales que cuestan mucho dinero, intentas mantenerlos con encargos. Ojalá podamos mantenerlo. No voy a decir que sea una hermana de la caridad, pero es como la escena de una película en la que dos personajes hablan de una chica. El primero comenta lo buena chica que es y el segundo responde que nunca ha tenido motivos para dejar de serlo. Pues eso. Esperemos no tener nunca motivos para dejar de ser buenos chicos.

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