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Con texto fotográfico

"No quiero que el espectador sepa qué está pasando" Eugeni Gay

 
Foto: Eugeni Gay
3
JUL 2014
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

La comunidad aimara de la Isla del Sol vive rodeada por las aguas del lago Titicaca y un grupo de islotes menores. Tras visitar varias veces el lugar, Eugeni Gay se sintió seducido por una gente cuyas formas de vivir y pensar han perdurado durante siglos sin apenas referentes externos. “Desde la isla cuántica”, que le ha valido el último premio Nuevo Talento FNAC, es su visión personal de este otro mundo y una invitación para que el espectador lo interprete libremente, sin prejuicios ni más información que lo que ve en las fotos.

Eugeni Gay

Este reportaje nace de un viaje personal que hice en 2006 desde Argentina hasta el Perú, y Bolivia era un paso intermedio. Por casualidad encontré la Isla del Sol. Pasé ahí solo dos noches, pero se me quedó grabada en la cabeza y volví varias veces.

En los dos primeros viajes fallé el tiro. Primero quise hacer una cosa muy antropológica, ver cómo el turismo estaba influyendo en el lugar. Después quise hacer un tema demasiado personal. Fue al volver del tercer viaje, cuando escuché todas las entrevistas que les hice a los habitantes de la isla, que supe de qué quería hablar.

Siempre me han fascinado las diferentes formas de vivir y entender el mundo. A medida que iba hablando con ellos y entrando en sus vidas me comenzó a alucinar su forma de pensar y entender las cosas. Comprendí que detrás hay una mitología muy bestia, muy diferente a la nuestra y muy arraigada.

Por ejemplo, la última vez que fui, justo cuando llegué, apareció un águila y mi mejor amigo aimara se emocionó. Me dijo que todo iba a ir muy bien y que el destino estaría de mi parte. Solamente esto ya te dice muchas cosas acerca de la gente de la isla.

Fue cuando comencé a entender la forma de estructurar las comunidades y su cosmovisión, completamente distinta a la nuestra, que decidí a llevar el trabajo por donde está yendo, que es reflejar este lugar imaginario, extraño y que no acabas de entender muy bien de qué va. Yo soy de fuera y no lo comprendo del todo, con lo cual tampoco quiero que el espectador lo entienda. Mi idea es que al espectador el lugar le parezca fascinante pero raro.

"Quise reflejar este lugar imaginario, extraño y que no acabas de entender muy bien de qué va. Mi idea es que al espectador le parezca fascinante pero raro"

Conviví con ellos y llevaba la cámara siempre encima. Hasta 2013 me quedé mucho en la superficie, pero la última vez que estuve ya me dejaron entrar en cualquier lugar. De hecho creo que, junto a un voluntario alemán, fuimos los primeros occidentales en presenciar una ceremonia en la que solo participaban hombres en lo alto de la montaña. Casi era uno más de ellos.

La chica de la foto es Alicia, seguramente la mujer que más me ha fascinado de cuantas he conocido por su historia y fortaleza. Es la única que ha sido máxima dirigente de esta comunidad. Una mujer con cuatro hijos a la que abandonó el marido y que ha sacado adelante ella sola a su familia. Además, está construyendo con sus propias manos un hostal.

La Isla del Sol tiene unas dimensiones muy reducidas y está rodeada de siete islotes. Un buen día Alicia me llevó en lancha con su novio al islote de Koa, un lugar sagrado. En esta foto aparece ella en el lugar. Fuimos porque un grupo de arqueólogos belgas estaba haciendo allí unas prospecciones en una ciudad sumergida y ella les estaba ayudando.

Para que las excavaciones fueran bien sacrificaron una llama tras pasarse el día bailando y haciéndola correr. Es muy curioso porque cavaron un agujero en el suelo, echaron las vísceras, la cabeza, un par de botellas de Coca-Cola y luego lo rociaron todo con cerveza. Finalmente tiraron el cuerpo de la llama al lago. Bolivia me fascina por esto, porque tiene cosas muy extrañas que incluso pueden hacerte gracia, pero ellos lo viven mucho.

Para ellos la cima de las montañas es muy importante porque es donde están los dioses. Y que Alicia esté ahí arriba para mí es muy simbólico. En la foto parece como si la nube saliera de ella. En realidad en todo el trabajo aparecen nubes un poco raras, como si hubiera humo pero sin fuego. El efecto al verlo es que no sabes muy bien dónde estás. Y para mí es clave llevar la historia a la cosa extraña, que el espectador no sepa qué está pasando. Además, el cielo que tienen allí me fascina: estás a 4.000 metros de altura y es completamente limpio, sin contaminación lumínica.

De hecho me costó meter esta fotografía dentro de la edición por una cuestión estética: visualmente no tiene el mismo planteamiento que las otras y el manchurrón azul del cielo costaba de encajar. Al final me empeciné en que entrara porque el personaje me gusta mucho y es clave en toda esta historia.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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