© Eugeni Gay


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Eugeni Gay: "Torotoro es una pequeña población del Alto Potosí, en Bolivia, que no pasó por el sistema de encomiendas durante la colonización española y que, por tanto, conserva un gran número de tradiciones. Además, el índice de población indígena es muy alto porque hay muy poco mestizaje. Durante las fiestas patronales, que cada año paga una familia -hasta el punto, a veces, de endeudarse-, se consagran al colonizador español Santiago, lo que no deja de ser sorprendente. Rinden homenaje a una figura de madera que le representa sobre un caballo.
Pero, además, celebran la fiesta del Tinku, que consiste básicamente en una serie de peleas. En Torotoro, las comunidades cercanas bajan al pueblo, donde se organizan estas peleas entre jóvenes. Se trata de luchas pactadas y muy controladas en las que dos jóvenes se enzarzan a puñetazos; se pegan fuerte hasta que uno de los contrincantes cae al suelo o comienza a sangrar.
Una señora mayor me dijo que antiguamente las peleas eran mucho más duras, pero que ahora se han vuelto más tranquilas. Sin embargo, en otras localidades cercanas las peleas son mucho más brutales y se convierten en auténticas batallas campales que, en ocasiones, han acabado con la vida de algún participante.
Este tipo de luchas tradicionales, que en otras zonas del Alto Potosí están en recesión, tienen en esta localidad un gran arraigo y sirven en gran medida para que las tensiones acumuladas entre comunidades o familias enfrentadas afloren de forma controlada y durante solamente un día. Las fiestas duran tres días, y las peleas se organizan a lo largo de toda la jornada. Aunque son peleas reales, no duran más de un minuto, así que el resultado nunca es grave.
Siempre son jóvenes los que se enfrentan, y a su alrededor se forman corrillos en los que todos quieren estar delante, así que me costó mucho llegar hasta la posición de los contrincantes para hacer esta fotografía. Además, como la mayoría son muy bajitos, todos se agolpan para poder ver mejor la pelea y van estrechando el cerco.
Para dejarles espacio, hay un hombre que se dedica a dar latigazos con un cinturón. A mí me tocó recibir más de una vez, porque al trabajar con un [objetivo de] 24 milímetros para sacarlo todo, estaba prácticamente encima de ellos. Así que, mientras trabajaba, tenía que tener cuidado con los latigazos, evitar que me cayeran encima los luchadores y a la vez pensar en una composición interesante.
Todo este tipo de manifestaciones culturales populares me interesan mucho, hasta el punto de que en este viaje no tenía más pretensión que la de conocerlas de primera mano e integrarme en estas comunidades mediante la fotografía. Al final, juntando las fotografías que hice en un par de fiestas patronales, me salió un reportaje en que lo más interesante es la extraña combinación de los componentes indígenas y católicos.
Aunque en la imagen parece que no le den mayor importancia al hecho de que haya un fotógrafo, en realidad no les gusta que les fotografíen. Es un lugar muy poco turístico y no están acostumbrados a ello. No es que sean hostiles cuando fotografías, pero no eres bien recibido mientras estás con la cámara."
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez.
Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.
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