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Espíritu salvaje

“Ice Age” en las Montañas Rocosas

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Atravesamos las Rocallosas a 20 grados bajo cero. Una odisea que se ve compensada por la simple contemplación de esos majestuosos paisajes cubiertos de hielo y nieve

Foto: Andoni Canela
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MAR 2014
Andoni Canela | Montañas Rocosas (Estados Unidos)

Pasamos unas semanas junto a Rita Roberts, una reconocida pintora de Nebraska asentada en el valle de San Luis que pinta las montañas y las luces de este lugar con gran maestría. Empieza el invierno. Poco a poco los colores cambian, y también las temperaturas, que bajan en picado. Salimos a ver y retratar las últimas grullas que todavía quedan en el valle, moviéndose sobre el paisaje escarchado. En una semana o dos como máximo viajarán a Centroamérica para pasar ahí el invierno.

En los siguientes días comienza a nevar, los termómetros se desploman y todo se hiela. Parece que haya llegado una pequeña era de hielo a las Rocosas. Los primeros días bajamos a 5 grados centígrados bajo cero. Al cuarto día, tocamos fondo: ¡26 grados bajo cero! Los lagos donde hace unas semanas estaban las fochas y los pelícanos se cubren de hielo sólido y se puede pasar por encima hasta con un vehículo.

Vemos los gansos canadienses en la nieve y también un castor despistado que busca refugio en un agujero en el hielo. Podemos fotografiar también algunas cabras montesas norteamericanas en las zonas más abruptas y berrendos en las planicies, junto a las montañas.

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Foto: Andoni Canela
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Foto: Andoni Canela

A 26 grados bajo cero, los lagos donde hace unas semanas estaban las fochas y los pelícanos se cubren de hielo sólido y se puede pasar por encima hasta con un vehículo

Cada vez quedan menos aves, tan sólo las pocas que resisten el invierno. Vemos muchos cuervos y también pavos de bosque. Las zonas altas, por encima de los 3.000 metros, son auténticos paisajes de tundra. Allí ya no crecen los árboles, la vegetación es muy baja y con este temporal queda todo cubierto de nieve.

Junto a la frontera con Nuevo México, en el sur del valle de San Luis, visitamos uno de los ranchos más antiguos del país. Pertenece a Reyes García, un amigo de Rita, con un carisma y una hospitalidad difíciles de olvidar. Él, profesor universitario retirado, heredó este enorme rancho de sus antepasados de origen español, unos de los primeros colonos que se establecieron en el valle hace casi 200 años, cuando todavía era territorio mexicano.

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Foto: Andoni Canela

La preciosa casa de adobe donde vive Reyes tiene una arquitectura soberbia y resistente. El rancho, rodeado de montañas, está lleno de enormes álamos centenarios y un río fluye por sus tierras. Los wapitíes y los ciervos habitan el rancho al igual que lo hacen los grandes búhos. Por su valor ecológico, las tierras de Reyes se encuentran dentro del programa de protección a cargo de Rio Grande Headwater’s Land Trust.

Antes hemos podido hacer excursiones en las laderas de las Montañas Sangre de Cristo, que son refugio para especies como lobos, pumas y linces, los carnívoros más destacados de este lugar. También hay bisontes que, en las montañas, encontraron la tranquilidad, la ausencia de un desarrollo que ha transformado las llanuras. Luego hacemos una visita rápida a las montañas de San Juan, que reciben gran cantidad de nieve en invierno. Algo más al norte, en dirección a Denver, se encuentra el monte Elbert con 4.401 metros de altura, la cumbre más alta de todas las Rocosas.

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Foto: Andoni Canela

Es fácil hacerse una idea de cómo debió ser este valle hace unos siglos, con decenas de miles de bisontes, wapitíes y berrendos campando a sus anchas

Desde hace varios años los bisontes han vuelto al valle fruto de un proyecto de conservación de Nature Conservancy. Con Rita visitamos también el Zapata Ranch, que ocupa una enorme extensión de tierra cerca del parque nacional de Great Sand Dunes. Ahí divisamos un grupo de bisontes mientras la nieve y la niebla son cada vez más intensas.

La imaginación vuela y es fácil hacerse una idea de cómo debió ser este valle hace unos siglos, con decenas de miles de bisontes, wapitíes y berrendos campando a sus anchas. La intención es que estos bisontes puedan vivir en libertad en unos años siguiendo el mencionado programa de Nature Conservancy, tal y como se hizo exitosamente en las Henry Mountains, en el estado vecino de Utah.

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Foto: Andoni Canela

Continúa habiendo nieve y unas temperaturas gélidas. Parece que el temporal se alarga. Para seguir con nuestro periplo por las Rocosas y avanzar en dirección oeste, hacia Utah, hay que cruzar con nieve y ventisca el Wolf Creek, un puerto de montaña a 3.310 metros de altitud. Toda una aventura. La alternativa sería dar un rodeo de más de 700 kilómetros por Nuevo México, así que decidimos pasar el puerto con cuidado.

Aparecen auténticas paredes de nieve a ambos lados de la carretera y el firme está totalmente blanco. Pero nuestra vieja furgoneta se porta de mil maravillas y atravesamos la montaña sin incidentes, aunque muy lentamente.

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Foto: Andoni Canela

Después decidimos tomarnos un merecido descanso y hacer un alto en Mesa Verde, un lugar que nuestro hijo Unai adora incluso antes de visitarlo. Le han hablado de la tribu de los pueblo (o anasazi), que vivió en estas tierras durante muchos siglos. Dejaron como testimonio sus casas de adobe, que han permanecido en buen estado a lo largo de los años gracias a encontrarse al abrigo de los numerosos acantilados y cuevas de la zona. Se trata de las construcciones más antiguas de Estados Unidos todavía en pie. Se calcula que hay más de 500 asentamientos.

Los pueblo habitaron esta zona entre los siglos VII y XIII, y se calcula que la abandonaron hacia el siglo XV. Cultivaban maíz, y también se dedicaban a la recolección y la caza en las áreas llanas alrededor de los acantilados. Paseamos entre alguna de las casas de barro, con vistas espectaculares, y nos imaginamos cómo era la vida aquí hace siglos. Hay estalactitas de hielo y nieve, pero la orientación de las viviendas, siempre al sur, hace que en días soleados se esté de maravilla.

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Foto: Andoni Canela
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Foto: Andoni Canela

Desde Mesa Verde vamos hasta Utah, en dirección a las Henry Mountains, donde hay una de las manadas de bisontes en estado salvaje más importantes del país. Por el camino visitamos el valle del río Colorado, que se mueve entre cañones espectaculares por dos parques nacionales de gran belleza: Arches y Cannyonland.

No es el Gran Cañón del Colorado pero es más desconocido y variado. En los dos lugares el paisaje presenta formas espectaculares: arcos, cañones, barrancos… creados todos ellos por la fuerza de los elementos durante miles de años sobre los sedimentos marinos que quedaron aquí después del retroceso de los océanos.

Disfrutamos de un par de días de sol y cielo azul. Unai y Amaia no paran de jugar con la nieve recién caída entre los cañones y barrancos. Bien abrigados y en continua acción, parecen no importarles los 8 grados bajo cero. Observamos muy de cerca a ciervos de cola negra caminando sobre los paisajes nevados mientras las águilas calvas sobrevuelan nuestras cabezas.

Andoni Canela es un reconocido fotógrafo de naturaleza cuyo trabajo ha aparecido publicado en cabeceras como National Geographic, Time o Geo. Su serie de artículos Espíritu Salvaje, fruto del proyecto Looking for the Wild que lo llevará a viajar por todo el mundo en busca de los animales más representativos de cada continente, aparece publicada cada mes en Quesabesde

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