Dossier

Espeleofotografía: hay otros mundos

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Foto: Sergio Laburu (Espeleofoto.com)
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OCT 2013

Cuando los reality shows de aventureros se pusieron de moda, pocos tuvieron el detalle de acordarse del operador de cámara, ese intrépido profesional que hace lo mismo que el presentador pero con una sola mano. Y es que grabar vídeo o tomar fotografías en condiciones extremas es una actividad que requiere no sólo de pericia, sino también de vocación. Esos dos atributos les sobran a los fotógrafos de Espeleofoto.com, un grupo de espeleólogos que, cámara en ristre, fotografían donde literalmente no llega la luz del sol.

Hay una fotografía de la que prácticamente no se sabe nada. Una fotografía que parece fácil pero que es terriblemente complicada, de la que sus autores hablan casi como si fuera su propia hija, porque la miman, la aman, la conservan. Se trata de la espeleofotografía, una compleja disciplina practicada por muy pocos que lleva a su máxima expresión el concepto de escribir con luz.

Y es que lo primero que debe uno hacer para entender este tipo de fotografía es quitarse la imagen preconcebida que el cine -o incluso la propia fotografía- nos han dado de las cuevas. Dentro de ellas “no se ve nada”, nos asegura Roberto F. García, cofundador de Espeleofoto.com, una de las referencias de la red en lo que a fotografía espeleológica se refiere. Y mientras nos lo cuenta se lleva las manos a la cara, las aprieta contra los ojos y cuenta hasta cinco: “Lo que veo ahora es lo que se ve en una cueva.”

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Foto: José Ángel Izquierdo (Espeleofoto.com)

Las cuevas son totalmente oscuras y todo lo que los espeleólogos ven ahí dentro es gracias a las luces que llevan. Hay barro, las piedras resbalan, la humedad es del 90% y suele hacer entre 4 y 14 grados

Lejos de ser un portal especializado, Espeleofoto.com es el escaparate del magnífico trabajo que desempeña el grupo de espeleólogos del que forma parte. Porque Roberto F. García huye del singular y repite el “nosotros” constantemente. Si teníamos dudas de que la espeleofotografia es un trabajo de equipo, su respuesta es contundente: sí.

Las raíces de Espeleofoto.com están en una cueva de Fuentemolinos, en Burgos. “Tras 35 años en el mundo de la espeleología bajas el nivel de exploración -explica Roberto- y te dedicas a hacer cosas más suaves. A Lorenzo Sáez y a mí siempre nos había gustado el vídeo y la foto, y decidimos crear una página web, un portal donde mostrar el mundo subterráneo que tanto nos apasiona.”

Marca Espeleofoto.com

Espelofoto.com no es un grupo, sino más bien una marca que “engloba a mucha gente que compartimos la afición de hacer fotos en cuevas, minas o simas”, aclara Roberto F. García. “No es una empresa ni una asociación, ni tenemos sede social, ánimo de lucro ni nada. Aquí no hay dinero. Nosotros no cobramos, pero colaboramos con instituciones públicas y privadas: si vosotros me posibilitáis el acceso a determinadas cuevas, nosotros te cedemos las fotos para que hagas divulgación.”

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Trabajo en equipo

Fotógrafo, iluminación, modelos... Trabajar solo en este entorno es impensable. En ambas fotos, realizadas en la Cueva El Soplao (imagen de la izquierda) y en la Gruta de las Maravillas de Aracena, Roberto F. García aparece con su cámara en plena sesión fotográfica

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Sergio Laburu (Espeleofoto.com)
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José Ángel Izquierdo (Espeleofoto.com)

Hay que tener en cuenta que por la complejidad que lleva hacer fotos en grutas y simas, ya sean de acción (donde el protagonista es el espeleólogo frente a la naturaleza), de paisaje (en las que los modelos únicamente son una referencia para hacerse una idea del tamaño de la sala), de detalle (macrofotografía) o de grandes volúmenes (grandes salas), es necesario un importante equipo humano.

En la actualidad este proyecto cuenta con una cincuentena de personas repartidas por toda España. A día de hoy, siete de ellas son fotógrafos.

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Foto: Sergio Laburu (Espeleofoto.com)

"Para hacer fotos en el mundo subterráneo hay que ser espeleólogo del mismo modo que si quieres hacer fotos en el espacio tienes que ser astronauta”

¿Espeleólogos que hacen fotos o fotógrafos que bajan a cuevas? “Aquí todos son espeleólogos”, sentencia Roberto. “Ese es el éxito de Espeleofoto.com, porque para hacer fotos en el mundo subterráneo hay que ser espeleólogo del mismo modo que si quieres hacer fotos en el espacio tienes que ser astronauta”.

Y esto es tanto por seguridad como por técnica. “Moverse ahí abajo es complicado y peligroso. Yo llevo el trípode y el equipo por la cueva como la gente anda por la calle, pero tú metes a un fotógrafo no espeleólogo en una cueva y es como soltarlo en un campo de batalla.”

Todas son diferentes

El punto de partida para la fotografía espeleológica es que todas las cuevas son diferentes. Sólo tienen en común una cosa: son totalmente oscuras, y todo lo que los espeleólogos ven ahí dentro es gracias a las luces que llevan. Hay barro, las piedras resbalan, la humedad es del 90% y suele hacer hace frío (entre 4 y 14 grados). “Haciendo fotos estás mucho tiempo parado y te puedes quedar gélido”, comenta Roberto F. García.

Puede parecer una perogrullada, pero no se puede entrar a una cueva con ropa de calle, al menos no a las que acceden estos especialistas. “Nuestro equipo se compone de ropa interior que repele la humedad, un mono de nailon, botas de goma y buenos calcetines, un casco con luz frontal y guantes. Además, se lleva el equipo de cuerdas y material por si hay pozos por los que descender, y por supuesto el equipo fotográfico. Es un trabajo para el que hace falta gente, disciplina y preparación.”

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Foto: Sergio Laburu (Espeleofoto.com)
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Foto: Sergio Laburu (Espeleofoto.com)

"Usamos bolsas blancas de basura como difusores, cartones de tetrabrik para concentrar la luz en un punto, pajitas negras para hacer nidos de abeja para los flashes...”

Y es que, si para hacer fotos de naturaleza una persona puede ser suficiente, para retratar el mundo subterráneo hacen falta un buen número de personas por cada fotógrafo: modelos, asistentes, iluminadores… y hay que tener en cuenta que hay que transportar el equipo fotográfico, que sufre en cada aventura.

“Ninguno de nuestros equipos fotográficos está preparado para las condiciones que hay bajo tierra, y muchos de nuestros accesorios son adaptaciones caseras. Por ejemplo, usamos bolsas blancas de basura como difusores, cartones de tetrabrik para concentrar la luz en un punto, pajitas negras para hacer nidos de abeja para los flashes, tupperwares para meter los flashes en el agua...”

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Foto: Sergio Laburu (Espeleofoto.com)
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Foto: Sergio Laburu (Espeleofoto.com)

La humedad, el polvo, el agua, el barro o los cambios de temperatura constituyen un hándicap más para estos fotógrafos. “Fuera de las cuevas todo es maravilloso”, suspira Roberto, “pero dentro empiezan los problemas, las cosas no funcionan o fallan y desgraciadamente no disponemos de fondos para invertir en el equipo que nos gustaría.”

“Con la tecnología digital puedes corregir casi sobre la marcha. Antes hacías fotos con diferentes diafragmas y velocidades y esperabas que entre 36 salieran cuatro que mereciera la pena. Ahora haces la primera foto, luego reconstruyes recolocando flashes y a la gente, y a la tercera foto ya lo tienes. Y con las cámaras digitales puedes variar el ISO, cosa que antes con el carrete era más complicado.”

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Foto: Roberto F. García (Espeleofoto.com)
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Foto: Sergio Laburu (Espeleofoto.com)
Iluminar y saber iluminar

En tales condiciones la iluminación es más crítica que nunca: “No se trata de bañar con luz un lugar, porque iluminar es fácil pero saber iluminar es muy difícil, y mucha luz da origen a una foto plana y sin textura. Para lograr estos matices hay que colocar los flashes para resaltar la roca y el lugar que nos rodea.”

Esto podría parecer fácil, pero cuando nos interesamos por el número de flashes que se utilizan en cada toma tomamos conciencia de aquello de lo que estamos hablando: “Cinco, seis, diez… y luego, si acaso, añadimos algo más de luz pintando con linternas de LED”, nos cuenta Roberto F. García.

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Foto: Sergio Laburu (Espeleofoto.com)
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Foto: Sergio Laburu (Espeleofoto.com)

"Iluminar es fácil pero saber iluminar es muy difícil, y mucha luz da origen a una foto plana y sin textura. Hay que colocar los flashes para resaltar la roca y el lugar que nos rodea”

“Si se trata de fotografías de cámara en mano, tan sólo se utilizan tres o cuatro flashes y el protagonista es un modelo en acción. Son fotos relativamente rápidas. Las fotos con trípode requieren más tiempo: diez o quince minutos sólo para preparar la escena del disparo, y luego repetir hasta afinar. Son fotos donde detenemos el tiempo, dejando la cámara en modo B.”

“El tiempo de exposición depende del lugar a fotografiar, de la luz que empleemos o del efecto que queramos conseguir. Aquí es importante que los modelos no se muevan. La luz se va repartiendo hasta conseguir el resultado que buscamos: un juego de luces y sombras que realcen la foto, que le den un aspecto 3D.”

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Foto: José Ángel Izquierdo (Espeleofoto.com)
115.000 metros cuadrados

Roberto F. García explica que las galerías o salas pueden llegar a tener unas dimensiones enormes, y que en ese caso lo mejor es hacer una foto panorámica. Sergio Laburu, de la Sociedad Félix Ugarte y compañero de viaje en Espeleofoto.com, es uno de los contados fotógrafos a nivel mundial que dominan la técnica -más bien el arte- de iluminar grades volúmenes.

Laburu ha realizado fotografías de algunas de las salas más grandes del mundo, como la Torca del Carlista en España, que tiene unas dimensiones de 500 x 230 x 125 metros, o lo que es lo mismo, 115.000 metros cuadrados, así como de la sala La Verna en Francia.

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La Torca del Carlista tiene unas dimensiones de 500 x 230 x 125 metros. La inmensidad de este espacio puede apreciarse gracias a la colocación de un modelo cuya silueta aparece recortada sobre el fondo en esta foto. | Foto: Sergio Laburu (Espeleofoto.com)

“Para estas panorámicas hacemos cuatro, seis, ocho o más fotos. Después disparamos los flashes varias veces, y con los focos de LED vamos como pintando la roca deteniéndonos más en las zonas más negras. Así iluminamos cuadrante por cuadrante”

Para realizar estas fotos Laburu necesita el apoyo de un importante equipo humano, tiempo y paciencia. Él mismo nos explica su modus operandi: “Lo primero cuando me encuentro en una amplia galería o una gran sala es intentar, con la ayuda de mis compañeros, iluminar estos volúmenes aunque sea tímidamente. Después, entre la penumbra, busco la mejor ubicación para colocar el trípode con la cámara de fotos, y desde allí comienzo a organizar al equipo que me ayuda. Para ello utilizamos radiotransmisores, ya que el sonido retumba y el eco hace imposible la comunicación a viva voz.”

“Una vez que mi cabeza ha definido cuál será la fotografía panorámica que vamos a hacer, como si de un puzle se tratase divido la escena en cuadrantes con el fin de iluminarlos uno por uno. Para ello, y con la ayuda de un puntero láser, señalo a mis compañeros la zona que vamos a iluminar.”

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Foto: Sergio Laburu (Espeleofoto.com)

“Antes he puesto en la cámara los parámetros que creo más óptimos, utilizando un objetivo de entre 24 y 50 milímetros, un diafragma de f8 y un ISO de 600. Después disparamos los flashes varias veces, y con los focos de LED vamos como pintando la roca deteniéndonos más en las zonas más negras y menos en las más blancas. Así iluminamos cuadrante por cuadrante, dejando para el final el lugar donde aparecerá el modelo que nos marcará la proporción del tamaño de la galería o la sala.”

“Para esta técnica hacemos cuatro, seis, ocho o más fotos. Es un trabajo de equipo, al que hay que dedicar tiempo y donde la colaboración de mis compañeros es imprescindible. Después, ya en casa, el trabajo continúa con el procesamiento de las fotografías realizadas en RAW y la unión entre ellas. El resultado es algo que nadie ha podido ver y que siempre sorprende.”

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Foto: Sergio Laburu (Espeleofoto.com)

Parte de este fascinante trabajo puede verse en “Ilunpetik” (“Desde la oscuridad” en euskera), un libro que reúne fotografías de cuevas y minas a cargo de Sergio Laburu y su compañero Giorgio Studer.

Roberto F. García nos muestra en su tablet unas cuantas fotografías mientras le pedimos que nos cuente alguno de esos momentos que conservará para siempre en la memoria.

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Roberto F. García nos habla de uno de sus mejores recuerdos: “Estuvimos una hora bajando pequeños pozos y progresando por gateras angostas con agua y barro. Y de repente, esas excéntricas [un tipo de estalactita] de color azul turquesa como corales". | Foto: Roberto F. García (Espeleofoto.com)

“Guardo un gran recuerdo de la gente, los compañeros que nos ayudan hacer estas fotos, gente que no nos conoce de nada pero que en un sola jornada de trabajo ya parece que los conoces de toda la vida.”

“Uno de los mejores recuerdos que guardo es en Francia, en un encuentro internacional de fotógrafos en Olarges. Estuvimos una hora bajando pequeños pozos y progresando por gateras angostas con agua y barro. Y de repente, esas excéntricas [un tipo de estalactita] de color azul turquesa como corales… Increíbles.”

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