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OpiniónEnfoque diferencial

Ese fotógrafo del que usted me habla

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JUL 2015

Se llaman Carlos y Rafa, y son dos fotógrafos que acaban de perder su empleo. No han hecho nada malo, no han metido la pata, no han pisado con el pie equivocado. Todo lo contrario: son, han sido y me consta que serán magníficos fotógrafos, pero desde esta semana lo serán en otra parte. Tal vez en la cola del paro, tal vez en alguna empresa, un medio de comunicación o simplemente en su casa, fotografiando a los que más quieren mientras encaminan su carrera profesional hacia otra parte.

Son tratados como los cargos políticos elegidos a dedo, esos que se destituyen cuando sale un gobierno y entra uno nuevo. La principal diferencia es que mientras que un cargo salta de un puesto a otro gracias a la magia de la solidaridad del partido (ese fenómeno tan español comúnmente conocido como enchufe), con estos fotógrafos esa solidaridad digamos que ni está ni se le espera. Tienen amigos, sí, pero somos amigos de otra clase, amigos que no tomamos decisiones.

Mientras que un político salta de un puesto a otro gracias a la magia de la solidaridad del partido, con otros esa solidaridad digamos que ni está ni se le espera

Porque, en efecto, no son gente de partido. Son profesionales como la copa de un pino que han desempeñado una función muy definida: retratar a un presidente saliente (Ignacio González) y una alcaldesa en retirada (Ana Botella), y durante años lo han hecho bien. Qué digo bien: lo han hecho (y disculpen la sinceridad) de puta madre.

Han sido de esos fotógrafos que te han sacado de un apuro -fueras del diario, revista o agencia que fueras- cuando te has quedado dormido o te ha fallado la cámara o simplemente tenías uno de esos días de no enfocar. Carlos y Rafa siempre estaban allí, al otro lado del teléfono con un tranquilizador “yo te cubro”.

Carlos y Rafa han hecho bueno el tópico de llegar los primeros y marcharse los últimos, fotografiándolo todo como buenos profesionales que son. No se trataba de borrar esa fotografía en que la alcaldesa salía fea, que de eso ya se encargaría la superioridad. Su misión, cumplida hasta el último día, fue proyectar la imagen de las instituciones públicas y lo que estas hacían por los ciudadanos.

Pero entran nuevos gobiernos, y estos fotógrafos ya no sirven. Es difícil convencer al poder entrante de que esa persona que lleva más de diez años prácticamente cohabitando con un alcalde o un presidente no está influenciado por sus antiguos jefes. Imposible convencer a los nuevos que va a mantener en secreto las confesiones que -por razón de su cargo- han escuchado, y que si conserva amigos del otro color -algo por otro lado totalmente comprensible- no va a ser su confidente. Cuando te mezclas con la política no hay amigos.

En los tiempos que corren cambiar de gobierno es arrasar con lo establecido, quitar a los otros y poner a los tuyos, y poco importa que releves a gente de tu mismo partido. Aquí la confianza no se supone: es todo lo contrario. Ya puedes ser un auténtico profesional, que no se van a fiar de ti.

Son esos pequeños daños colaterales que a nadie le importan. Y que nadie se confunda: esto no tiene nada que ver con el color político ni las opiniones personales. Aquí todos hacen lo mismo, sean del partido que sean. Por supuesto que habrá excepciones, pero por definición serán un grano de arena en el desierto.

Hay muchos Carlos y muchos Rafas por toda España. Fotógrafos como ellos que estarán -si no lo han hecho ya- preparando las maletas, diciendo adiós a años de dedicación ejemplar con una institución que se refiere a estos profesionales como “ese fotógrafo del que usted me habla”, que diría el presidente Rajoy. Como si no tuvieran nombre, carrera o vida. Carlos y Rafa se van, y entran otros. Otros fotógrafos tan profesionales como ellos, tan cumplidores como ellos y que -a buen seguro- dentro de cuatro, ocho o doce años serán tan injustamente tratados como ellos.

La columna de opinión "Enfoque diferencial" aparece publicada normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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