| Por Eduardo Parra.- Como todas las primaveras, la temporada de prácticas florece por marzo. Y como si de los almendros se tratase, las redacciones periodísticas, empresas de bodas, agencias de comunicación y demás entes del mundillo acogen a futuros profesionales de la imagen que, con la emoción de un colegial, descubren el ecosistema laboral como quien abre los regalos el 25 de diciembre.
Cuando terminé mis estudios, el mundo digital era aún una incógnita, y un servidor se contaba entre los pocos que apostaban por el píxel para el futuro inmediato. Mis profesores se empeñaron en que aprendiese a revelar película de todo tipo y formato, y a hacer mezclas y diluciones de químicos de las que hoy apenas si tengo un vago recuerdo. Eso de tocar el píxel era casi como brujería, una palabra prohibida.
Cuando terminé mis estudios
eso de tocar el píxel era casi como
brujería, una palabra prohibida
Ahora, años después, uno de esos estudiantes que empieza sus prácticas se dirigió a mí porque tenía dudas. No sabía por qué su 55-200 mm no le alcanzaba para sacar buenas fotos de los jugadores profesionales de fútbol; se quejaba de que el flash integrado en la cámara era muy limitado, y no acertaba a adivinar por qué la velocidad de tiro descendía al disparar una ráfaga larga.
Del buffer, evidentemente, no había oído ni hablar. Y no es éste un caso único; ejemplos de formación insuficiente los hay a patadas.
En un plan de estudios ya de por sí saturado, la fotografía digital sigue siendo un tema tocado de refilón -aunque hay notables excepciones- y muchas veces por iniciativa propia del profesor.
Aunque con excepciones,
la fotografía digital sigue siendo
un tema tocado de refilón
en las escuelas
No voy a decir que conozco al dedillo el temario de las escuelas de fotografía y los ciclos formativos, porque mentiría. Pero lo que está claro es que la enseñanza va pasito a pasito, y la fotografía, zancada a zancada.
Y todo esto porque los que deciden normalmente no están al pie del cañón, sino calentitos en su despacho. Sólo así se explica que los libros de texto hablen de las "modernas" cámaras de 2 megapíxeles o del futuro de las SmartMedia.
La enseñanza va pasito a
pasito y la fotografía va
zancada a zancada
La fotografía digital es, en algunos casos, secundaria en un plan de estudios arcaico. Si bien no debería arrinconarse a la fotografía química, sí sería juicioso potenciar la fotografía digital y el vídeo digital, y todo lo que los rodea. Y es que, hoy día, hacer fotos no es simplemente encuadrar, medir y disparar; hoy también hace falta saber procesar.
Pero no. Los fotógrafos de la nueva ola, los que nos dan sopas con onda hackeando firmwares y creando sus propios plug-ins, se han aficionado en exceso a la antaño sana técnica del "prueba y error".
Hacer fotos no es simplemente
encuadrar, medir y disparar;
también hace falta
saber procesar
Antes se encuadraba, se medía y se disparaba. Y si tenías ocasión, hacías dos o tres tomas más variando la exposición. Luego, estudiabas los resultados y aplicabas las conclusiones a los siguientes trabajos. Hoy ya no. Directamente se hacen diez fotos en secuencia, que alguna saldrá bien.
Es el doble filo digital, que cual lado oscuro es más fácil, más rápido y más seductor, pero que a la larga no enseña nada si uno no reflexiona sobre lo que está haciendo.
Los fotógrafos de la nueva
ola se han aficionado en
exceso a la técnica del
"prueba y error"
La imagen digital ha permitido reducir los plazos de la enseñanza, minimizar sus costes y refinar los resultados, pero también ha generado una ingente cantidad de no-fotógrafos, de apretadores de botones que basan su trabajo en la máxima "cuantas más, mejor".
Si a esto le sumamos que cada día el fotoperiodismo está menos valorado y las fotos enviadas por los ciudadanos están al alza, va a pasar algo parecido a lo que decía la canción: que el píxel mató a la fotografía periodística.
La columna de opinión "Enfoque diferencial" se publica, normalmente, el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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