• Pase por caja
  • ¿Quo vadis, Leica?
OpiniónEnfoque diferencial

El mejor fotógrafo

63
12
SEP 2016

Hoy podría no firmar esta columna. Hoy podría hacer un copia y pega directamente, o mejor aún: poner un enlace y dar por terminado mi trabajo. Un enlace a un comentario del fotógrafo Gus Geijo que debería venir en los manuales de fotografía y debería ser de obligada lectura antes de abrirse una cuenta en Instagram, Flickr y demás espacios fotográficos. La suscribo de principio a fin.

Aunque os insto a que lo leáis antes de seguir en esta columna, he aquí un pequeño resumen: persona que hace fotos; persona que sube esas fotos en redes sociales; persona que se convierte en fotógrafo; fotógrafo que recibe múltiples piropos; fotógrafo que entiende que si tan bien le valoran, es porque es bueno; fotógrafo que se hace profesional; fotógrafo que descubre que de likes no se vive; fotógrafo que pide ayuda porque no tiene trabajo.

Se podrían decir muchas cosas acerca de esta situación, pero Gus Geijo lo dice mucho más claro: “Haciendo fotos gratis todos somos unos cracks, todos hacemos fotones y todos somos el mejor fotógrafo.” Qué gran verdad. Yo me muevo en redes sociales como cualquiera, aunque reconozco que no soy de los más activos ni tampoco de los que más explotan esta herramienta con fines profesionales. Sin embargo, sí he visto suficiente como para saber que a la gente le encanta que le doren los oídos, que somos todos unos fieras y que hacemos equipazos para nuestros proyectos.

Gus Geijo lo dice muy claro: "Haciendo fotos gratis todos somos unos cracks, todos hacemos fotones y todos somos el mejor fotógrafo"

Y por supuesto no es así. Porque las redes sociales son un enorme tamiz por el que solo pasa lo bueno y se diluye lo malo hasta tal punto que parece que eso no existiera. En pocas palabras. todo el mundo pone la foto del grupo sonriendo en la fiesta, pero nadie cuelga cómo quedó la casa cuando los invitados se fueron. No es solo algo que les pase a los fotógrafos. Es esa suerte de instinto por querer aparentar lo grandes que somos obviando nuestros errores, como si estos no fueran parte de nuestra vida.

Dice Gus Geijo en su comentario: “Si nuestro público crítico de referencia es la modelo que comenta nuestras fotos para ver si cae una sesión sin coste, aún peor. El problema viene cuando tus fotos hay que pagarlas. Entonces hay exigencia por parte del cliente, se ven granos, estrías y cosas raras. A partir de ese momento, para ser el crack, hacer fotones y ser el mejor ya no vale con lo de antes. Ahora lo tienes que demostrar en cada foto, y si no las haces bien, de repente, sin saber cómo, desaparecen los amigos (estos ya desaparecieron cuando empezaste a cobrar) y los clientes.”

Y esto es otra verdad de esas que te abofetean la cara. Semana tras semana veo cómo la principal razón para publicar determinadas fotografías es su precio. ¿Por qué pagar a un profesional por la cobertura de –digamos- un estreno de cine si la productora distribuye el material totalmente gratis? ¿Para qué enviar un profesional a la rueda de prensa del presidente del gobierno si el Flickr de su partido ofrece la descarga del material gráfico sin restricciones? ¿Acaso alguien piensa que va a poner dos fotos frente a frente y dirá: “Oye, coge la mejor”? Por supuesto que no.

Por eso, cuando hacemos fotos gratis no estamos recibiendo auténticos piropos a nuestra calidad como fotógrafos o artistas. Lo que recibimos -lo dice Geijo y estoy de acuerdo- son invitaciones a volver al estudio sin pasar por caja. Y claro, cuando uno no es profesional de verdad (entiéndase: sin obligaciones económicas derivadas de la actividad), los piropos son prácticamente lo único que necesitamos.

Hace pocas fechas un diario, 20 minutos, me llamó porque querían una fotografía muy particular de un evento muy relevante donde sus fotógrafos no podían ir. Me sorprendió gratamente porque ellos disponían de fotografías del evento o bien gratis -dadas por la entidad organizadora- o bien a través de las agencias que allí estaban y que tienen contrato con el periódico. Pero querían una fotografía en particular con mucha carga editorial que sabían no que tendrían a menos que un fotógrafo la hiciera expresamente.

Es de agradecer, porque lo normal -y lo que he vivido- hubiera sido esperar a recibir las fotos y elegir o bien la que menos mal quedase con el titular o bien cambiar el titular para casarlo con la foto elegida. Gestos como este me hacen recuperar la fe en este trabajo. Una fe que -lo reconozco- ya tenía por perdida.

Etiquetas
63
Comentarios
Cargando comentarios