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OpiniónEnfoque diferencial

El glaciar

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JUN 2015

He cometido muchos errores en mi vida, pero hay algunos de los que me alegro. Tener razón no siempre es positivo y hay veces que aquello del ojalá me equivoque es sincero. Fotográficamente tengo dos debes en mi estadillo personal: haber dado por muerta a Fuji y considerar a Sigma como una marca de segundas. Vaya dos meteduras de pata. Si viviera al oeste del Mar Angosto seguramente tendría que haberme desnudado y recorrer el camino de la vergüenza.

Aunque ya me flagelé bastante cuando la X100 vio la luz, creo que es de recibo poner las cosas en su sitio y recuperar para el trono una marca como Sigma, con la que muchos fotógrafos empezamos nuestro camino cuando no había dinero para invertir en objetivos de esos llamados pata negra y que poco más que ocultábamos de la vista de los veteranos por miedo al ridículo. Es lo que tiene ser nuevo, que crees que tus mayores no han superado la infantil etapa fotográfico-mental del yo la tengo más grande.

Y es que si Sigma ya llevaba muchos meses convertida en un glaciar, penetrando lenta pero inexorablemente en el mercado profesional, ahora, con la presentación de su zoom angular 24-35 mm f2, puede haber dado por fin el grito de carga contra el ejército amarillo y rojo que domina actualmente el mercado profesional. Este nuevo cristal buena pinta tiene.

Tras décadas de bipartidismo fotográfico, Sigma y Fuji les pisan los talones a Canon y Nikon con increíbles objetivos e increíbles cámaras

Nikon y Canon fabrican grandes objetivos, es cierto. Y no es menos cierto que cuestan un buen dinero. Dicen que cuestan lo que valen, aunque mis dudas es si realmente valen lo que cuestan.

Porque 2.000 euros por un 70-200 mm f2.8 es algo -por muy estabilizado y fino que vaya- difícilmente justificable hoy día. Cuando la tecnología es mejor, los materiales más fáciles de hacer y la producción más automatizada, vivir con precios totalmente fuera del sistema es difícilmente justificable. Tragamos, claro, pero ese es otro tema: tragamos porque algunas veces nos empeñamos en creer que solo hay dos marcas.

En este bipartidismo fotográfico lo que han conseguido Fujifilm y Sigma no ha sido suficientemente reconocido. Que profesionales como la copa de un pino trabajen con potentes SLR pero para hacer sus fotos desenfunden la X-T1 es un piropazo para Fuji. Que el 24 mm f1.4 de Canon haya sido sustituido prácticamente sin miramientos por el 24 mm f1.4 de Sigma y que el 24-105 mm de la marca del anillo rojo, uno de los objetivos polivalentes más utilizados, tenga un competidor que -con la ventaja de la juventud, eso sí- ya le supera por un precio razonable es algo que hasta ahora parecía inaudito.

Llevamos años discutiendo si Canon o Nikon van en cabeza por los cuerpos que hacen, y resulta que ahora Sigma y Fuji les pisan los talones amenazando adelantar por la derecha a base de increíbles objetivos e increíbles cámaras. Vivir para ver.

Porque, reconozcámoslo, los fotógrafos, especialmente los profesionales, somos elitistas muy de burro grande, y si podemos llevarnos una D4 a hacer fotos al zoo (aunque lo recomendable sea una compacta de 100 euros que pesa menos y no duele tanto si se te cae), pues nos llevamos la D4, que nos pone más cachondos. Que Sigma haya logrado penetrar hasta lo más profundo del mercado profesional sin más recurso publicitario que el boca a boca no solo es digno de mención: también lo es de estudio.

Uno de los grandes problemas de la fotografía es que tendemos a dejarnos llevar por la corriente, y cuando alguien nada contra ella enseguida le etiquetamos. Pero no solo eso: los que nadan contracorriente, por alguna extraña regla del destino, se convierten en anti-todo-lo-demás de forma automática. Como si en lugar de pagar por nuestros equipos pagásemos a las marcas para hacer de matones defendiéndolas de cualquiera que ose criticarlas. Bueno, eso ya lo hacen muchos. Pero gratis. Pues ya es hora de ir cambiando.

La columna de opinión "Enfoque diferencial" aparece publicada normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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