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OpiniónEnfoque diferencial

El carrete no ha muerto (pero a veces dan ganas de matarlo)

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JUL 2014

El carrete sigue vivo. Es una realidad palpable y sostenible con pruebas, datos y argumentos. Prueba seudoempírica número uno: un amigo que estuvo en los sanfermines aseguraba que este año había visto más fotógrafos disparando con carrete que el anterior. Ahí va otra: en una tienda donde suelo comprar mis trastos fotográficos el dueño me comentaba que, en lo que va de año, había duplicado las ventas de carretes de formato medio, y que en 35 milímetros está a punto de multiplicar por cuatro las cifras de 2013.

Un viejo compañero de clase, poseedor de un negocio de fotografía de bodas, me confirmaba que este año no le han pedido aún ni una foto digital, y conozco a otro fotógrafo -digital de toda la vida- que recientemente ha disparado su primer carrete y asegura que nunca había sentido nada igual. Es más, el otro día paseé por el Rastro de Madrid y me quedé de piedra al ver con mis propios ojos que ya prácticamente nadie llevaba al cuello una cámara digital. Eso es así.

Que el carrete no ha muerto es una realidad, aunque su presencia sea como la de los linces en Doñana: no han desaparecido, pero lo harán tarde o temprano

Eso es así, pero también es de otra forma. En los sanfermines mi amigo vio más fotógrafos de carrete (tres) que el año anterior (dos). Las cifras de ventas de carretes en la tienda de la que hablaba antes no son matemáticamente menos incontestables: en 2013 vendieron un carrete de medio formato y otro de 35 milímetros, mientras que este año ya llevan vendidos dos de medio y tres de 35.

Mi compañero de clase ya no recibe encargos de bodas en digital, cierto: la crisis le ha obligado a cerrar su negocio y no recibe encargos ni digitales ni de carrete. Ni siquiera a carboncillo. El otro fotógrafo, en efecto, nunca había sentido nada como lo que sintió cuando disparó su primer carrete: frustración mezclada con odio. Y lo que vi en el Rastro me dejó pasmado: las cámaras digitales van ahora en el bolsillo en lugar del cuello y la gente las llama móviles.

Los datos… ¡ay, los datos! Los datos se presentan siempre tan aparentemente sinceros como interesado es el uso que hacemos de ellos. Como dice el dicho: ni verdad ni mentira, todo depende del cristal con que se mire. Que el carrete no ha muerto es una realidad: está ahí, aunque su presencia sea como la de los linces en Doñana. No han desaparecido, no, pero todo el mundo sabe que, salvo milagro, desaparecerán tarde o temprano.

No pretendo envalentonar a los nostálgicos ni a los que gustan de disparar en película por el placer de hacerlo (o por la razón que sea), pero no se puede defender la idea de que el carrete es mejor que el digital con argumentos tan pueriles como que la película tiene cien años a sus espaldas. Ese argumento me recuerda al utilizado por los vendedores de cuadrigas y caballos que, en cualquier esquina de nuestras ciudades, se empeñan en criticar el coche como forma de locomoción: ¡que los caballos los llevamos usando dos mil años como vehículo!

Que haya gente que siga utilizando cámaras de formato medio con película es perfectamente posible, entre otras cosas porque no está el horno como para gastarse los más de diez mil euros que cuesta un respaldo digital. Que el carrete consigue colores que el formato digital no puede lograr aportando como prueba “mi experiencia” tampoco es algo que diga mucho, y que se pidan ahora más reportajes en película teniendo en cuenta que por cada reportaje de boda que se pide en carrete hay diez mil (o más) que se piden en formato de unos y ceros, pues tampoco es un argumento que los amantes de la película puedan esgrimir tan alegremente.

¿Que hay muchos fotógrafos que han vuelto al carrete? De acuerdo, pero, ¿quiénes son? ¿Cuántos son? ¿Dónde están? ¿Para qué usan la película? Que no, oiga, que no. Que a mí a veces también me gusta comer con las manos, pero la gente de ahora come con cubiertos. Es cierto: el carrete no ha muerto, pero algunas veces me dan ganas de matarlo.

La columna de opinión "Enfoque diferencial" aparece publicada normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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