• Xi'an, la ciudad imperial que despertó la admiración de todos los reinos ...
  • De Bingling a Mogao: las grutas de los Mil Budas
Diario de un fotógrafo nómada

El ejército que llegó de las tinieblas: los guerreros de terracota del emperador Qin Shihuang

 
2
NOV 2006

Todos sabemos quién fue Ramsés II, Carlomagno o el Gengis Khan. Sin embargo, poco o nada conocemos de Qin Shihuang, un emperador legendario que vivió hace 2300 años y que pasó a la historia por construir dos de las ocho maravillas de la humanidad: la Gran Muralla y el Ejército de Terracota, los guerreros que vencieron al tiempo.

En la primavera de 1974, tres campesinos se encontraban excavando un pozo al sur de su aldea, Xiyang. Cuando llegaron a los cuatro metros de profundidad, sus palas chocaron con un objeto extraño: una figura humana de tamaño natural vestida con armadura y lanza.

Una campesina vende leña en las calles de la cercana ciudad de Xi'an. | Foto: Nómada

Estaba fabricada en terracota con tanto realismo que se asustaron. Este descubrimiento llenó de inquietud y desazón a la aldea. De hecho, muchos ancianos del lugar creían que se había ofendido al espíritu de algún ser inmortal y éste resurgía para traerles algún castigo.

Restos de figuras de terracota. | Foto: Nómada

No obstante, alguno de aquellos viejos aldeanos afirmaba que de pequeño había visto a sus padres desenterrar figuras muy parecidas cuando excavaban sus pozos en busca de agua. En todo caso, estaban considerados como objetos de mal agüero, y los rompían o los colgaban de los árboles para azotarlos antes de volver a enterrarlos lo más profundo posible, ahuyentando así los malos presagios.

Anciana junto a la puerta de su casa, en la aldea de Xiyang. | Foto: Nómada

Lo cierto es que esta vez no parecía tratarse de una leyenda. En seguida corrió la voz de tan inquietante descubrimiento, hasta el punto de que el gobierno de Mao mandó de inmediato un equipo de arqueólogos para iniciar las excavaciones.

Entrada al complejo arqueológico del ejército de terracota. Recientemente, ha sido cubierta y urbanizada con esta moderna construcción. | Foto: Nómada

Dos años más tarde, los investigadores confirmaron que se trataba de una gigantesca fosa de 20.000 metros cuadrados de superficie, donde 8.000 figuras de terracota -guerreros, caballos y más de 100 carros de madera, toda una división del ejército imperial- guardaban el cuerpo del más glorioso emperador chino, Qin Shihuang, cuyo mausoleo se encuentra enterrado muy cerca, a 1,5 kilómetros al oriente de la montaña Lishan.

La fosa número 3, bajo la bóveda que la protege de la intemperie. | Foto: Nómada

Los emperadores chinos, como los faraones y otros muchos mandatarios a lo largo de la historia, buscaban la inmortalidad para gozar eternamente de su inmenso poder y de la vida regalada y suntuosa que les rodeaba. El emperador Qin no quiso ser menos, y para construir su mausoleo eligió la montaña Lishan, rica en oro y jade, pues en la cultura china el oro representa al yin y el jade, al yan.

Edificio que alberga el museo donde se exponen algunos tesoros hallados en el mausoleo de Qin Shihuang. | Foto: Nómada

Sin embargo, sospechando que la construcción de tan fastuoso mausoleo no le reportaría la deseada inmortalidad, Qin Shihuang solía mandar de vez en cuando a su mejor general, Shui Fu. Miles de niños le acompañaban en busca de las montañas inmortales de Yingzhou, en el mar de Oriente, donde se decía que habitaban magos que conocían los secretos para elaborar pócimas que potenciaban extraordinariamente la longevidad.

Compañía de lanceros. | Foto: Nómada

El enterramiento del ejército de terracota y el mausoleo de Qin se construyeron simultáneamente. Una parte importante de las figuras de soldados y caballos fue destruida debido a un poderoso incendio provocado por tropas insurrectas durante las revueltas contra la dinastía Qin.

Imagen de una película que se proyecta en el recinto, recreando a las tropas amotinadas en el momento de atacar la fosa de los terracotas. | Foto: Nómada

La sima de los soldados consta de tres fosas construidas a cinco metros de profundidad, y que fueron bautizadas como "fosa 1", "fosa 2" y "fosa 3", en función del orden en el que fueron excavadas. En todas ellas, los "terracotas", como se les conoce mundialmente, se sitúan en perfecta formación militar sobre un suelo de cerámica y cubiertos por una tejavana de madera que todavía se conserva -aunque hundida- en muchas zonas.

Los guerreros, perfectamente alineados. | Foto: Nómada
Aunque quedó desplomada, la techumbre de madera cubría todas las galerías donde se alineaba este gran ejército. | Foto: Nómada

En la "fosa 1", la más grande, se ubica un numeroso cuerpo del ejército con sus formaciones -vanguardia, alas y retaguardia-, separadas por muros de tierra de tres metros de altura.

Los guerreros, siempre en ademán atento, guardan el mausoleo de su señor. | Foto: Nómada

Las tres primeras filas constituyen la vanguardia: 200 guerreros armados con arcos y flechas, los más valerosos, los que nunca podían retroceder. A sus espaldas se combinan columnas de soldados y carros pesadamente pertrechados con corazas y lanzas: el cuerpo central del ejército, el más temido.

Las tres primeras filas constituyen la vanguardia del ejército, armada sólo con espadas y petos muy ligeros para poder moverse con rapidez. | Foto: Nómada

En los laterales, los flancos de la tropa, cuyos guerreros miran a norte y sur para vigilar y repeler los ataques laterales. Al fondo, cerrando la formación, los soldados de retaguardia miran hacia atrás, protegiendo al cuerpo principal de los ataques por la espalda.

En la retaguardia del ejército todos miran hacia atrás. | Foto: Nómada

Los chinos eran temibles guerreros y grandes estrategas. Para ellos, la guerra era un "arte" en el que podían desarrollar toda su fuerza e ingenio. Desde la antigüedad fueron maestros en el combate, y de sus técnicas aprendieron posteriormente muchos ejércitos modernos. Una de sus lecciones más llamativas es la que dice que la retaguardia es a una división lo que el mango a la espada, dando a entender su importancia.

Cuerpo central de la división. | Foto: Nómada

En la "fosa 2" se encuentra un regimiento de infantería y caballería con numerosas figuras de soldados, caballos, carros y sus conductores. Al frente, la vanguardia de arqueros, como siempre, y detrás, tres compañías de guerreros llevando de las riendas a sus animales, como si estuvieran preparados para lanzarse al galope en cualquier momento.

Patrulla de caballería junto a sus animales. | Foto: Nómada

La "fosa 3" es la más pequeña y parece que cobija al mando del ejército: el cuartel general. Las figuras de soldados se encuentran colocadas en formación más protocolaria, alineadas de manera ceremonial.

La "fosa 3" y sus guardias reales. | Foto: Nómada

Dentro del complejo de Xiyan existe un museo de reciente construcción, en una de cuyas salas se exhiben dos piezas muy especiales: los carros de bronce que fueron descubiertos dentro del mausoleo de Qin Shihuang, exquisitas reproducciones a escala de los carruajes que se utilizaban cuando el emperador salía de inspección.

El carro que abría el paso al carruaje del emperador. El conductor va a mucha altura para poder divisar cualquier peligro que se cierna sobre su señor. | Foto: Nómada

El carro más alto guía al segundo carro, donde viaja el emperador observando a sus tropas desde los pequeños y protegidos ventanucos de su construcción. Los caballos, se supone que los más bellos y rápidos del Imperio, con riendas de oro y plata y la expresión atenta en los ojos y orejas, permanecen prestos a galopar en cuanto se lo exija el conductor.

Estas figuras demuestran el grado de destreza y maestría que alcanzó la cultura del bronce en la antigua china.

Trabajo magistral sobre bronce policromado. La habilidad de China en este arte fue legendaria. | Foto: Nómada

Todo en el yacimiento de Xiyang es abrumador: para dar mayor autenticidad a los guerreros, se les dotó de armas reales, de las cuales se han recuperado más de 30.000 hasta la fecha. Espadas, arcos, lanzas, dagas... muchas de las cuales estaban cromadas para resistir mejor la oxidación, técnica ya empleada por China hace 2300 años, pero conocida por Occidente tan sólo hace unas décadas.

Carro del emperador, construido con pesadas maderas y un centro de gravedad muy bajo, lo que le convertía en un fortín inmune a las flechas enemigas. | Foto: Nómada

Pero eso no es todo. Cada figura es distinta, cada hombre tiene sus propios rasgos, su peinado, su tocado, los ojos distintos, las manos, las barbas o su policromía, que aunque muy dañada por el incendio, todavía puede observarse en algunas figuras no muy deterioradas.

Parte del yacimiento en el estado en que se encontró. | Foto: Nómada

Cada guerrero tiene una expresión que confiere a este ejército una inquietante sensación de que allí hay vida. Desde el arquero más escondido hasta el general, en cuyos ojos puede verse un claro ademán de desprecio por la muerte, no existe la monotonía en el conjunto, puesto que ningún elemento es idéntico a otro.

Foto: Nómada
Cada guerrero tiene sus propios rasgos, como si fueran personas reales. | Foto: Nómada

Caras de hombres con diferentes estados de ánimo, rasgos diversos de las distintas etnias de las que se nutría el ejército imperial, gestos personales, rangos sociales... Una gigantesca fotografía en tres dimensiones que nos habla de la realidad de la sociedad china de hace 2200 años.

Vista general del ala de infantería. | Foto: Nómada

El yacimiento de los "terracotas" de Xiyan es uno de los más visitados del mundo, sobre todo por los propios chinos. De ahí que sea conveniente visitarlo a primera hora del día, nada más abrirse el complejo. A la media hora empiezan a llegar autobuses que transportan hordas de turistas que, cámara compacta en mano, inundan de flashes y estrépito el lugar, perturbando el silencio casi sagrado que ha reinado durante 22 siglos en este enterramiento.

Guías turísticas oficiales acompañan a los grupos de visitantes. | Foto: Nómada

En lo que a mí respecta, debo confesar que apenas me enteré del ruido de tan escandalosa turba de turistas. Estando allí abajo, frente a frente con los guerreros, quedé como hechizado por el misterio que desprendían sus miradas.

No sólo las caras, también los tocados de las cabezas y las ropas son diferentes. | Foto: Nómada

No sé cuánto tiempo pasé allí, quieto, recorriendo con mis ojos sus caras, sus cuerpos, sus gestos uno a uno. Hasta tuve la sensación de que algún soldado se movía furtivamente mientras yo miraba en otra dirección... Por un instante, sentí que aquel ejército me había hecho prisionero; prisionero de su magia.

Ciertamente, estas imágenes transmiten la sensación de encerrar vida. | Foto: Nómada

Aún se me pone la carne de gallina cuando les recuerdo mirándome herméticos, hablándome en silencio de una odisea de 2200 años de lealtad y soledad. Un momento de una belleza solemne y triste, el canto de los héroes.

El ejército de terracota del emperador Qin es considerado la octava maravilla del mundo, y en el año 1987 fue nombrado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Detrás del seudónimo Nómada se esconde un aficionado a la fotografía e inefable trotamundos.

Los artículos de la serie "Diario de un fotógrafo Nómada" se publican al menos una vez al mes, siempre los jueves y sin una periodicidad fija.

0
Comentarios


  • Comenta este artículo

    No estás identificado

    Entrar