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Diario de un fotógrafo nómada

Egipto: tierra de faraones

 
7
JUL 2005

Ningún otro país, ninguna otra civilización ha suscitado tanto interés. Tema de libros, películas y leyendas, Egipto es un país tan apasionante que ha sido capaz de crear una ciencia que habla de sí mismo: la egiptología. La tierra de los faraones, el mayor museo al aire libre del planeta.

Bajando del avión en el aeropuerto de El Cairo comenzaba un nuevo viaje, un nuevo capítulo en mi empeño por conocer la diversidad del planeta, el ser humano y sus asombrosas culturas.

El fuerte calor me daba la bienvenida y me recordaba que durante las próximas semanas iba a estar en medio de ese cruel desierto sahariano que recorre Libia hasta Sudán, océano de arenas calcinadas sólo interrumpido por el Nilo, que más que un río es un larguísimo oasis, el único lugar allí donde la vida es posible.

Foto: Nómada

Armado con una vieja Voigtländer de los años 50, con carrete de blanco y negro y una réflex con película de diapositivas, me disponía a pasar un tiempo en Egipto, ese país que ningún viajero puede dejar de visitar, un lugar donde el hombre viene a conocer su propia historia, escrita en piedra y pergamino.

Foto: Nómada

Su capital, El Cairo, bautizada como Al Qaahira por los fatimíes, es la ciudad más grande del mundo árabe. Conocida también como "la Madre del Mundo", es un monstruoso hormiguero donde 20 millones de habitantes sobreviven a un tráfico caótico de coches destartalados, carros tirados por burros, calesas de caballos y autobuses atestados de gente.

Foto: Nómada

El Cairo es una ciudad marrón. Sus casas, sus calles, sus coches... todo está cubierto de ese polvo del desierto y la terrible contaminación. Entre tanto ocre, sobresalen por su colorido los hoteles de lujo, uno de los dos pulmones -el otro es el Nilo- que dan vida y riqueza al país: el turismo.

Foto: Nómada

Pero la capital de semejante tierra no defrauda al visitante. El Cairo es una ciudad tan atractiva y con tantas cosas para ver que el tiempo pasa sin dar respiro a los ojos del viajero.

No se puede hablar de El Cairo, ciudad de sangrienta historia, sin conocer a los mamelucos, de origen turco, que de niños eran vendidos como esclavos por sus padres para ser entrenados exclusivamente para la guerra en defensa del sultán de Bagdad.

Foto: Nómada

Una casta que, debido a su especialización bélica, se hizo finalmente muy poderosa y sanguinaria, llegando a establecer en Egipto un estado propio, dirigido por sultanes turcos y que trajo gran prosperidad a El Cairo.

La ciudad de las mil mezquitas, entre ellas la del sultán Hassan, de serena belleza y sencillez para no distraer la atención de los estudiantes del Corán, pues era y es una "madrassa", una escuela coránica.

Foto: Nómada

Otras célebres mezquitas de la ciudad son la de Ibn Tulun, una de las más grandes del mundo, en cuyo patio cabe todo un ejército con sus caballerías, o la mezquita de Al-Azhar, la primera universidad de la historia, hacia donde llegan estudiantes de todo el mundo a estudiar teología islámica, una carrera que puede llegar a durar 15 años.

Foto: Nómada

La Ciudad de los Muertos: una ciudad dentro de El Cairo. Se trata, probablemente, del cementerio más extenso del orbe, construido por los mamelucos y habitado hoy en día por más de medio millón de cairotas que viven en chabolas o, directamente, dentro de las tumbas y panteones.

Foto: Nómada

Curiosa constante en este país, en el que cohabitan la vida y la muerte como en ningún otro sitio. No se teme a la parca porque con ella viene la regeneración, como ha venido sucediendo desde el tiempo de los faraones. La muerte de sus antepasados les da la vida que hoy disfrutan.

Foto: Nómada

Los protocristianos egipcios, llamados coptos, discípulos de Moisés, fueron muy importantes en la vida de El Cairo. Aquí construyeron su propio reducto: el barrio Copto, donde aún pueden verse dos pequeños pero maravillosos templos, la iglesia colgante de Al Muallaqa y la iglesia de San Jorge, donde todavía utilizan el milenario idioma litúrgico copto en unos servicios religiosos que duran tres horas.

Foto: Nómada

Khan el Khalili, el gran bazar egipcio, un laberinto donde pasear es un placer para los sentidos. En sus callejuelas repletas de pequeñas tiendas y talleres artesanos, deambulan los turistas en busca de recuerdos, regateando el precio de alfombras o bisutería, mientras el aire huele a esencias de Al Fayum y a especias de Nubia.

Foto: Nómada

Y como en esa preciosa novela de Naguib Mahfouz, "El callejón de los milagros", cada rincón de El Cairo tiene un café, un lugar donde tomar el té con menta, fumar una "shisa" o pipa de agua y jugar una partida de "bagamon", el juego predilecto de los cairotas.

Foto: Nómada

Pero todavía queda mucho por conocer de esta urbe. Es primavera y el viento del "hamasín" oscurece el cielo. La atmósfera se llena de arena recordándole a El Cairo que es él, el desierto, el único señor de aquella tierra.

Detrás del seudónimo Nómada se esconde un aficionado a la fotografía e inefable trotamundos.

Los artículos de la serie "Diario de un fotógrafo nómada" se publican, normalmente, el primer y tercer jueves de cada mes.

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