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Con texto fotográfico

"Si no te deprimes con esto es que has perdido la sensibilidad que te hace ser buen fotoperiodista" Edu Ponces

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Foto: Edu Ponces (Ruido Photo / El Faro)
21
AGO 2014

Cofundador de Ruido Photo, Edu Ponces ha realizado el grueso de su carrera fotoperiodística en Centroamérica. Junto a sus compañeros Toni Arnau y Pau Coll, pertenecientes también a este grupo que justo ahora cumple diez años y periodistas del diario El Faro, creó el proyecto “Sala Negra”, centrado en la violencia latente en el continente americano. El fotógrafo barcelonés cuenta la historia de un médico forense como metáfora de la normalización de la violencia en una sociedad en la que el crimen se ha convertido en una parte intrínseca de la misma.

Edu Ponces

Cuando llegué a El Salvador ya era el país más violento del mundo [con el mayor índice de homicidios]. Lo ha seguido siendo hasta hace tres años, cuando pasó a ser Honduras. Es un país donde matan a mucha gente, donde hay un tío [un policía] delante de cada tienda, donde todas las casas están rodeadas con alambre de espino, donde la gente vive con miedo, donde ir en transporte público significa que casi seguro que te roban un par o tres de veces al año.

Años después lanzamos una colaboración entre El Faro y Ruido para grandes proyectos de investigación. ‘Sala Negra’ es uno de ellos, creado por un grupo de gente -periodistas y fotógrafos- que nos dedicamos exclusivamente al tema de la violencia. Cada uno agarró un tema por explorar, porque hay muchas áreas.

A mí lo que más me interesa es la normalización de la violencia. Eso es en el fondo lo que más me ha impactado de la región: que la gente haya convertido la violencia en algo cotidiano. Fue así como surgió la idea de seguir durante un mes a un médico forense que se dedica a levantar cadáveres. Se trataba de ver cómo vive alguien que se encuentra todos los días con esa realidad.

"Que maten a alguien es horrible, pero que maten a alguien y eso se convierta en una cosa normal de todos los días es síntoma de que la sociedad ha enfermado"

En los últimos tres años de trabajo he buscado historias de gente que ha tenido que acostumbrarse a la violencia, porque me parece el peor de los síntomas. Que maten a alguien es una cosa horrible, pero que maten a alguien y eso se convierta en una cosa normal de todos los días es síntoma de que la sociedad ha enfermado. Y Eduardo Abullarade, por su rol de médico, es alguien que ha tenido que acostumbrarse a la violencia. Para mí él es una metáfora de lo que le ocurre en El Salvador.

Estuve un mes con él en 2011. Fue muy difícil conseguir permiso [para fotografiarle trabajando], porque normalmente un periodista o un fotógrafo no pueden entrar dentro del perímetro de la escena de un homicidio. Tuve que pelear mucho para que me dejaran entrar dentro con el argumento de que yo quería hablar del médico, no del muerto. Cuando lo conseguí, lo aproveché al máximo: fui todos los días que me dejaron. Todos los días teníamos al menos un muerto, y siempre por violencia.

Ésta es la foto que más me costó hacer. Llegar a una escena de un homicidio y tener buenas fotos con el forense no era nada difícil, pero una de las cosas que yo quería era retratarlo a él; la idea del reportaje era contar las cosas mediante un personaje con el que la gente pudiera tener un feeling para hacerlo más digerible.

Estaba muy obsesionado con conseguir retratarlo, pero no encontraba una imagen que le hiciera honor. Era un personaje muy peculiar -murió el año pasado- al que le encantaba su trabajo, del que se había convertido en fan. Era el médico forense que más muertos levantaba: si podía ir a dos [lugares del crimen] en vez de uno, iba. Era una persona muy vinculada a su trabajo.

En la foto tenía esa cara como de moribundo, estaba -como siempre- fumando y con la cruz de la morgue detrás… En ese momento pensé: ‘Hostia… esto sí es una imagen que lo perfila, que te habla de la persona y no del oficio.’ Por eso la puse al principio [del reportaje], para presentar quién hay y luego ver de qué trabaja.

La cruz es la única que hay en la morgue donde se entregan los cadáveres del hospital más grande de El Salvador; es una simbología de la muerte, porque él era un hombre vinculado con ella. Es un lugar que le iba perfecto, y él llevaba su bata de médico, con esa luz de ventana y ese perfil que le daba esa apariencia como de médico chungo, con esa expresión que no se termina de ver. El lugar, la situación, la luz: era el marco perfecto para hablar de él.

"Era un personaje muy peculiar al que le encantaba su trabajo. Era el médico forense que más muertos levantaba"

Creo que a la hora de adaptarse [a estas historias] como fotoperiodista hay dos niveles. Mucha gente me preguntaba si no se me revolvía el estómago, pues en este reportaje había autopsias y casos más extremos que una persona con dos disparos: gente putrefacta, gente mutilada…

La parte visualmente dura, la parte del estómago al principio golpea mucho, pero pronto se te pasa. Imagino que lo mismo les debe pasar a los médicos y las enfermeras.

Pero hay otra parte para mí, que es llegar y encontrarte con la tragedia humana: los familiares llorando. Poder ver en la escena lo que pasó, imaginar cómo fueron los últimos minutos de esa persona… Esa sensación de tener a todo el barrio a tu alrededor, mirando deprimidos y pensando ‘qué mierda estar viviendo aquí’. A mí eso me casca la moral, y creo que a todo el mundo.

Durante este reportaje hubo un momento en que mis propios amigos me dijeron que parara porque estaba muy irritable y deprimido. Pero yo creo que eso es buena señal, porque si no te pasa esto con un trabajo así es que ya has perdido la sensibilidad que te hace bueno como fotoperiodista. Creo que es lo mismo que les pasa a los médicos y a la sociedad salvadoreña.

Flipas al ver cómo la gente mira un cadáver destrozado a balazos sin hacer una mueca de asco… Pero si te fijas bien, puedes ver cómo todos los vecinos están llorando por el hecho de que esas cosas pasen en su barrio.

Este trabajo en El Salvador es de los menos peligrosos que he hecho. Cubrir un partido de fútbol podría ser más peligroso. En este caso yo iba en el coche de los forenses, con el médico, un conductor y un asistente. Iba a lugares muy jodidos, pero en un coche que en general se respeta, y cuando llegas a la escena ya están ahí la policía, la fiscalía… Hay cosas mucho más peligrosas que esto.

Como fotógrafo este trabajo lo sufres más psicológicamente que a nivel de riesgo. Pasas el tiempo en ‘medicina legal’, un lugar donde van a declarar mujeres, niñas y niños violados mientras estás esperando a que caiga un homicidio, donde todo está vinculado a la muerte y el delito, a la parte más horrible de un país.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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