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Con texto fotográfico

"El miedo te pide salir corriendo" Edu Bayer

 
Foto: Edu Bayer
4
OCT 2012
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

Que las primeras experiencias bélicas dejan huella es algo que Edu Bayer sabe muy bien. La guerra en Libia situó a este joven fotoperiodista catalán ante situaciones que él mismo tilda de dantescas. Prueba de ello es esta fotografía realizada en un cobertizo en el que se halló medio centenar de cadáveres carbonizados. Bayer se sincera y nos habla de sus miedos y su constante lucha interior.

Edu Bayer

Fui a Trípoli para cubrir la guerra libia a finales de agosto de 2011, pocos días después de que el conflicto estallara en la capital. Había combates en varios puntos de la ciudad; algunos con artillería pesada fueron realmente intensos. Era el mes del Ramadán y la ciudad estaba desolada. La calma, muy tensa, era interrumpida por ráfagas de ametralladora, a menudo de celebración o de pura adrenalina. Era la primera vez que estaba en una ciudad en guerra. Meses antes había cubierto el inicio de la revolución en Bengasi y presenciado las batallas en campo abierto de Ras Lanuf y Ajdabiya.

Me hospedaba en el Hotel Corintia con buena parte de la prensa extranjera, junto a la medina vieja de Trípoli. La burbuja mediática es un poco circense, pero te protege y te da la posibilidad de ver cómo trabajan otros compañeros con más experiencia. Por aquel entonces escaseaban la comida, la gasolina y la información. Por la mañana alquilábamos un coche con conductor y dábamos vueltas por la ciudad, preguntando en los 'checkpoints' rebeldes qué novedades había y dónde estaban los combates.

Los alzados siempre fueron el bando amigo de los periodistas? hasta el momento en que la balanza empezó a inclinarse de su lado, como siempre. El palacio de Gadafi, Bab Al-Aziziya, estaba a punto de caer, y los rebeldes también habían entrado en la infame cárcel de Abu Salim. Estaban cercando a los gadafistas en la capital. Recuerdo que esos días pensé: '¡No hay información detallada porque tenemos que producirla nosotros! Y el de la BBC es el del coche de enfrente, así que no hay referentes que valgan; todos intentamos describir lo que sucede a nuestro alrededor.'

Además de la lucha, fuimos a ver a víctimas y heridos en los hospitales, visitamos el puerto y la llegada de la primera ayuda internacional, el aeropuerto con el lujoso avión de Gadafi, las mansiones de su familia y el rastro de muerte y destrucción que el conflicto iba dejando.

Así fue cómo me encontré con las dos peores cosas con las que me he topado en mi vida. La primera, el hospital de Abu Salim, que había sido abandonado a su suerte, a más de 40 grados y con decenas de heridos todavía en las camillas. Habían muerto casi todos y la mayoría se encontraban en avanzado estado de descomposición. Las imágenes eran dantescas.

La segunda fue el hallazgo de más de 50 cadáveres carbonizados en un cobertizo en la base de la brigada Khamis. Eran prisioneros que fueron asesinados con granadas y fuego, en plena retirada gadafista. Montones de cenizas y huesos dibujaban el rastro de la matanza. La luz se colaba por los agujeros de la puerta tiroteada y el hedor de carne quemada era insoportable.

Aquello me recordó a la iglesia de Nyamata, en Ruanda, que había podido visitar años después del genocidio. Y eso me hizo pensar que era importante documentarlo bien, porque en cuestión de horas los cadáveres serían enterrados y era necesario construir una memoria de lo que allí había sucedido.

El de Libia ha sido el primer conflicto armado que he presenciado como fotógrafo. Fui allí pensando que sería una transición parecida a la de Egipto y me encontré con una guerra civil. Una de las cosas más difíciles, además de la logística, fue la gestión del miedo. Estuve algunos días en primera línea de fuego y las sensaciones son difíciles de explicar. Por un lado, el miedo te inunda y te pide salir corriendo; por el otro, la cabeza te dice que estás haciendo lo correcto, que tienes que ser valiente y recordar todas las convicciones, decisiones y esfuerzos que te han llevado hasta allí.

Y en medio de este dilema debes intentar hacer alguna buena foto, cosa que me costó mucho al principio. A mí me gusta trabajar desde la emoción compartida con alguien o con alguna causa para entrar así en historias ajenas y poder fotografiarlas transmitiendo algo más que su aspecto. Pero en el miedo me volvía egoísta: sólo pensaba en mí y en mi trabajo. No podía relajarme ni emocionarme, pues la adrenalina era muy alta. Y por eso no estoy muy satisfecho con mi trabajo en ese país.

Aunque esto también es cuestión de experiencia, pienso que es muy difícil encontrar una arquitectura interior que te permita cubrir guerras y conflictos. Es un trabajo duro. Profesionalidad, calma y humanidad son difíciles de mantener al margen de la adrenalina, la inconsciencia y el cinismo. Y son además tan necesarias como el interés y el apoyo de los medios y organismos al fotoperiodismo, algo que no sucede en España hoy en día. Pero eso ya es otro cantar.

Este viaje lo hice por mi cuenta, sin tener ningún encargo previo. Una vez allí, trabajé para The Wall Street Journal. Algunas imágenes también se publicaron en diarios españoles [El Periódico de Catalunya y Público], además de ser distribuidas internacionalmente por la agencia americana Polaris Images.

Estoy agradecido a los que han sido mis compañeros de viaje en estas primeras batallas, muy especialmente a Marc, Plàcid, Mayte y Guillermo.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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