Foto: Ángel Febrero
Dossier

En la trastienda de los documentales de naturaleza

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30
SEP 2014

Sea falso o cierto, imaginado o real, la pantalla lo aguanta todo. El cine ha anestesiado en parte nuestra capacidad para discernir –por ejemplo- entre un fondo auténtico y otro generado por ordenador. Es un pequeño acuerdo que el espectador establece con la película, una mentira que uno cuenta y el otro finge creer. El problema surge cuando lo que hay que contar tiene que ser necesariamente cierto porque se parte de un compromiso con la veracidad. Es el caso de los documentales de naturaleza, pequeñas películas sin diálogo –pero a menudo con guion- donde se recurre a mil y un trucos, ilusiones y técnicas para contar una sola cosa: la realidad.

Suele pasar que en un documental de naturaleza las imágenes son tan espectaculares que no parecen reales. Y en cierto modo no lo son. Grabar la vida salvaje es un reto formidable para los equipos de televisión que se entregan a esta empresa, y no pocas veces hay que llevar la naturaleza a las cámaras porque éstas no pueden llegar a la naturaleza.

Ángel Febrero, especialista en fauna y fotógrafo y artista de la naturaleza, ha colaborado en múltiples documentales de este género. De su mano nos hemos sumergido en un mundo donde la fascinación nos asalta no solo cuando llega el momento de visualizar el resultado, sino también a la hora de grabarlo.

Foto: Ángel Febrero
Febrero, agachado durante un rodaje en exteriores. (Todas las fotografías de este artículo han sido cedidas a Quesabesde por Ángel Febrero.)

Tal vez el primer mito que haya que desterrar del ideario general es que los documentales de naturaleza son siempre un fiel reflejo de la realidad. Verdad y mentira al mismo tiempo, es cierto que muchos reportajes, sobre todo aquellos que tratan sobre especies de grandes dimensiones, se realizan íntegramente en escenarios reales. Pero hay otros muchos que tienen lugar en espacios controlados –en un estudio, por ejemplo- donde se recrea un entorno natural y se avisa al espectador que, si bien en el fondo no hay trampa, sí que hay un poco de cartón.

“Ojalá se pudiera grabar todo en el campo”, explica Febrero. “Si se graba a un roedor bajo tierra, cómo alumbra a sus crías, está claro que es un montaje de un terrario de corte de terreno con su galería, con el roedor bien aclimatado y feliz, pariendo delante de la cámara. De otra manera no se puede hacer, y menos en el campo. Incluso a veces el campo también se atreza”, nos confiesa.

Realidad provocada

Queda claro que no todo se puede grabar sin que intervenga un especialista como Febrero. No ya por lo técnicamente complejo que sería meter una cámara bajo tierra e iluminar una madriguera (que a veces se hace con cámaras endoscópicas), sino porque tal montaje perturbaría la vida de los animales, y eso es algo deontológicamente intolerable.

Entonces, ¿todo lo que vemos en estos documentales es falso? En absoluto, pero en ocasiones esa realidad viene favorecida.

fotografía de naturaleza
Foto: Ángel Febrero
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Foto: Ángel Febrero

“Ojalá se pudiera grabar todo en el campo.” Muchos documentales se ruedan en un estudio donde se recrea un entorno natural

“Imaginemos a ese roedor del que hemos hablado antes”, nos pone en situación Febrero. “Una serpiente entra en su madriguera y lo persigue para darle caza. Está claro que la serpiente no aparece allí por casualidad: algún biólogo la metió en el terrario antes de iniciar la grabación.”

Esperar que ese encuentro se produzca delante de una cámara sin la intervención providencial de la mano del biólogo roza por supuesto la utopía. (Aún recordamos el caso del fotógrafo de National Geographic que tardó un año en conseguir una foto de un león de montaña con la ciudad de Los Ángeles como telón de fondo.)

Dificultades al margen, lo cierto es que algunos planos son realmente imposibles de rodar si no se hace en un estudio y en condiciones controladas. Los time-lapse de flores creciendo o el muy común plano del ejército de insectos dejando literalmente en los huesos a su víctima son muy complejos de grabar en su entorno real. Requerirían demasiado tiempo y una iluminación que no se da en la naturaleza.

fotografía de naturaleza
Foto: Ángel Febrero

Pero a pesar de lo que pueda parecer, los animales no sufren al pasar de su entorno natural a un estudio. De hecho, según explica Febrero, muchos han sido criados en cautividad casi expresamente para este tipo de grabaciones, por lo que el cambio de hábitat es poco traumático. Sea como sea, siempre hay biólogos que se encargan de velar por que las especies animales y vegetales empleadas en las grabaciones sean tratadas con el máximo respeto.

Febrero recuerda el caso de una osa parda criada en cautividad en Lleida, adonde se trasladó rápidamente para acondicionar el espacio en el que se disponía a parir: “Decoré las frías y austeras paredes de hormigón donde ella descansaba habitualmente imitando el interior de una gruta de roca caliza. Tres días nos llevó a mi ayudante y a mí recrear con precisión y hasta el más mínimo detalle esas rocas, de manera que el espectador pensara que era una osa salvaje pariendo en lo alto y profundo de los montes cantábricos.”

La osa dio a luz a varios cachorros, pero poco después destrozó a zarpazos el decorado de escayola. “Una lástima, pues aún se podían haber filmado más planos majos con los cachorros en los días siguientes... Eso sí, con los escombros del decorado se hizo una cama divina y confortable para ella y sus crías.”

A veces mueren

Pero a veces mueren, es cierto. No es extraño ver en un documental un animal devorando a otro, y permitir eso en un plató puede ser cuestionado por algunos.

Febrero nos explica que si la grabación es en un entorno natural, sin intervención humana de ningún tipo, la naturaleza sigue su curso. Sin embargo, cuando el momento álgido se da en una grabación en estudio, lo que se hace es obviar y simular la escena explícita, dejando que sean otros detalles, como el gemido del animal al morir, los que expliquen al espectador aquello que está ocurriendo aunque no se vea en pantalla. “Se intenta evitar la crueldad por la crueldad', aclara.

Pero una cosa es evitar la crueldad innecesaria y otra intervenir. “Lo que sucede cuando estás en la naturaleza sucedería igual aunque tú no estuvieras. Nosotros nos limitamos a rodar el documental y dejar claro que la naturaleza es así y que todos los días hay animales que se comen a otros animales. Lo que está mal, insisto, es provocar que un animal devore a otro en un estudio.”

fotografía de naturaleza
Foto: Ángel Febrero
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Foto: Ángel Febrero

“El director puede pedir que el lobo escarbe en un tronco y que saque un conejo. Evidentemente se ha tenido que coger un conejo y colocarlo debajo del tronco”

Además de recurrir a pequeños trucos y platós para hacer frente a retos imposibles, meterse en el estudio también implica que los costes -en algunos casos- se reduzcan. Febrero explica que, como si de un rodaje de una película se tratase, en los documentales se utiliza “mucho material de decoración y variado, grandes terrarios, acuarios con turbinas para simular corrientes de río, recintos decorados… se simulan grandes acantilados, cuevas, madrigueras, climas que no se dan en esa época del año, etcétera”.

“A veces se ha tardado más en iluminar algo que en hacer el decorado. Es como iluminar una fotografía, pero teniendo en cuenta además el rácord de otros planos grabados en exteriores”, comenta Febrero. “Recuerdo unos planos con lobos en los que convertimos una calle acotada de un pueblo, en pleno mes de agosto, en un paraje invernal creíble donde unos lobos domesticados bajaban de madrugada en busca de algún redil de ovejas.”

Y es que los documentales tienen su director, su guion y sus pequeñas complicaciones. “Todo está previsto y estudiado, pero a veces surgen cosas que uno no imagina, y depende también de lo cerrado que sea el director. A veces rodamos algo que no está previsto y al director le vale el plano para otro fragmento del documental.”

“Recuerdo que convertimos una calle acotada de un pueblo, en pleno mes de agosto, en un paraje invernal creíble donde unos lobos domesticados bajaban de madrugada en busca de algún redil de ovejas", explica Febrero, que aquí aparece junto a una pecera

fotografía de naturaleza
Foto cedida por Ángel Febrero

En otras ocasiones se recurre a animales con un cierto amaestramiento. Según Febrero, “el director puede pedir que el lobo escarbe en un tronco y que saque un conejo. Evidentemente se ha tenido que coger un conejo y colocarlo debajo del tronco para que el lobo lo encuentre”.

Puede chocar que en un documental, que se supone con base científica y sujeto a estrictas normas deontológicas acerca de la manipulación, se permitan estas licencias, pero Ángel Febrero recalca que la mayoría de trucajes “se hacen con fauna menuda, que es muy difícil de controlar”.

Cada cosa tiene su punto y su porqué, y no hay que ser tampoco “tan purista", nos dice este especialista. Y si no, que se lo pregunten a los realizadores de la BBC, que desde hace muchos años cuentan en Oxford con un plató inmenso donde realizan muchos de los trucajes que luego vemos en sus exquisitas y prestigiosas series documentales.

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