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Nueve más uno

10 directores de fotografía que han dejado huella en el cine

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NOV 2011

Injustamente olvidados en infinidad de ocasiones, los directores de fotografía (también llamados operadores u operadores jefe) tienen una gran responsabilidad en el resultado final de las películas. No en vano, son los responsables de convertir en imágenes aquello que en ocasiones tan solo existe en la mente de un director o está dibujado en un storyboard. La obra de grandes y reconocidos cineastas jamás hubiera sido igual de no haberse cruzado en su camino alguno de estos diez artesanos de la luz.

Néstor Almendros

Nacido en Barcelona en 1930 pero ciudadano cubano desde 1948, Néstor Almendros desarrolló gran parte de su carrera en Francia rodando con los mejores directores de la Nouvelle Vague y alcanzó la fama internacional gracias a su fascinante labor en "Días de cielo" ("Days of Heaven", 1978), de Terence Malick, trabajo por el que ganó un Oscar.

Almendros siempre se declaró un amante de la fotografía realista y sin artificios, capaz de representar la realidad de forma casi documental pero sin perder jamás su vertiente expresiva. En "Días de cielo" rodó gran parte de las secuencias en la llamada hora mágica, usando fuentes de luz natural y concediendo gran protagonismo al paisaje y los espacios abiertos. Pintores realistas norteamericanos como Edward Hopper o Andrew Wyeth fueron su fuente de inspiración.

"Days of Heaven". | Foto: Paramount Pictures

Vittorio Storaro

Profuso investigador y gran amante de la experimentación y las innovaciones técnicas, Vittorio Storaro es sin duda uno de los directores de fotografía más influyentes y originales del panorama cinematográfico. Entre sus colaboraciones con Bernardo Bertolucci y más recientemente con Carlos Saura, se encuentran algunas de sus películas más importantes.

Aunque probablemente su trabajo en "Apocalipsis Now" ("Apocalypse Now", 1979) de Francis Ford Coppola sea el más recordado de su carrera. En un rodaje que fue una auténtica pesadilla, Storaro ilustra el descenso al infierno de la guerra desplegando una variedad de recursos técnicos y estilísticos que van desde el naturalismo de las escenas bélicas hasta el expresionismo de las apariciones del temible coronel Kurtz.

"Apocalypse Now".

Gordon Willis

Su participación en la trilogía de "El padrino" ("The Godfather", 1972) es ya un motivo más que suficiente para incluir a Gordon Willis entre los artistas más importantes del séptimo arte. Y es que este neoyorquino es uno de los principales artífices de la revolución estética que sufrió el cine norteamericano en los años 70. Los contraluces, la tendencia a la subexposición y el absoluto domino de la fotografía en blanco y negro son algunos de los rasgos de su reconocible estilo.

Un claro ejemplo de todo esto podemos encontrarlo en "Manhattan" ("Manhattan", 1979), una de sus muchas colaboraciones con Woody Allen, en la que retrató magistralmente la vida en la legendaria ciudad de los rascacielos.

"Manhattan".

Gregg Toland

Muchas de las revoluciones técnicas y estéticas que trajo consigo "Ciudadano Kane" ("Citizen Kane", 1941) de Orson Welles son obra del director de fotografía Gregg Toland. Y es que, además de su faceta de inventor y su conocida afición por las innovaciones tecnológicas, Toland exploró como nadie y antes que nadie las posibilidades expresivas y narrativas de la luz e introdujo nuevos puntos de vista y encuadres nunca vistos en el cine de la época.

"Ciudadano Kane" es, plano por plano, un perfecto compendio de todo lo que Toland aportó al cine. Su fotografía, cargada de sombras y luces imposibles, sigue siendo a día de hoy una de las más bellas de la historia de la gran pantalla.

"Citizen Kane".

Roger Deakins

Colaborador fijo de los hermanos Cohen y uno de los artífices del reconocible estilo de sus películas, Roger Deakins es un auténtico peso pesado de la dirección de fotografía gracias a películas tan veneradas como "Barton Fink" ("Barton Fink", 1991), "Cadena perpetua" ("The Shawshank Redemption", 1994) o "El hombre que nunca estuvo allí" ("The Man Who Wasn't There", 2001).

Aunque resulta difícil escoger una sola película de alguien que ha cosechado ni más ni menos que siete nominaciones a los Oscar, su trabajo en "Fargo" ("Fargo", 1996) merece un puesto especial en su carrera. En ella, Deakins rompe con los recursos habituales del cine negro y compone una fotografía gélida y cristalina en la que el blanco de la nieve de Minnesota inunda algunas de las secuencias más memorables del film.

"Fargo".

John Alcott

Muerto prematuramente a los 54 años de edad, la carrera cinematográfica de John Alcott será recordada especialmente por sus cuatro fantásticas colaboraciones con Stanley Kubrick en "2001: Una odisea del espacio" ("2001: A Space Odyssey", 1968), "La naranja mecánica" ("A Clockwork Orange", 1971), "Barry Lyndon" ("Barry Lyndon", 1975) y "El resplandor" ("The Shining", 1980).

De todas ellas destaca por méritos propios "Barry Lyndon", un indiscutible prodigio técnico y un ejemplo paradigmático de la influencia de la pintura en el cine y la fotografía. Usando objetivos de satélite con aberturas de diafragma imposibles e iluminando buena parte de las tomas únicamente con velas, Alcott consigue recrear en este maravilloso film de época auténticos lienzos inspirados en las pinturas de Jan Vermeer o Rembrandt.

"Barry Lyndon".

John Toll

No solo de cine viven los directores de fotografía. Tal es el caso de John Toll, que tras conseguir dos Oscar consecutivos por "Leyendas de pasión" ("Legends of the Fall", 1994) y "Braveheart" ("Braveheart", 1995) y deslumbrar con la fotografía de "La delgada línea roja" ("The Thin Red Line" 1998), se hizo cargo del episodio piloto de la estupenda ficción televisiva "Breaking Bad".

Rodada en el Estado de Nuevo México, buena parte de sus secuencias se desarrollan en los vastos desiertos de esta zona fronteriza de Estados Unidos. Los cielos infinitos y las cálidas paletas de color escogidas por Toll han marcado el camino a seguir para los posteriores directores de fotografía de la serie como Reynaldo Villalobos o Michael Slovis.

"Breaking Bad".

Christopher Doyle

Nacido en Sídney en 1952, Christopher Doyle ha desarrollado gran parte de su carrera en el cine asiático, donde ha podido dar rienda suelta a su pasión por la experimentación y la búsqueda de nuevas vías de expresión. Los encuadres nerviosos e imprevisibles, los fuertes contrastes cromáticos y las texturas resaltadas son algunas de las constantes de su innovador estilo.

Buena muestra de ello es su trabajo en el estupendo drama "Deseando amar" ("Fa yeung nin wa", 2000), el sexto largometraje de su fructífera relación con el director hongkonés Wong Kar-wai.

"Fa yeung nin wa".

Sven Nykvist

La carrera de Sven Nykvist está estrechamente ligada a la de su compatriota y director Ingmar Bergman. Junto a él realizó 17 largometrajes, entre los que se encuentran algunas de las películas más aclamadas del séptimo arte. Famoso por su meticulosidad y su predilección por la intuición sobre la técnica, Nykvist apostó toda su vida por la iluminación natural, sobria y liberada de artificios.

En "Persona" ("Persona", 1966), de Ingmar Bergman, desplegó todas las constantes de su estilo para rodar los introspectivos primeros planos que pueblan todo el metraje de esta imprescindible obra cinematográfica.

"Persona".

Ron Fricke

Ahora que podemos encontrar secuencias "time-lapse" hasta en la sopa, merece la pena reivindicar la figura de Ron Fricke, un peculiar cineasta y fotógrafo norteamericano que popularizó esta técnica a principios de los 90 con su documental metafísico "Baraka" ("Baraka", 1992).

Filmado en más de una veintena de países y con una película especial de 70 milímetros, "Baraka" trata de explicar la evolución del ser humano y su relación con la naturaleza de manera enteramente visual, dejando a un lado las palabras. Cada fotograma de esta película de culto es una perfecta y admirable fotografía.

Fragmento de "Baraka" en YouTube que lamentablemente no hace justicia a la enorme calidad de imagen que atesora este film. Sirva como pequeña muestra de una obra que debería ser disfrutada en mejores condiciones.

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