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Porfolio

La vuelta de los resineros

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El segoviano Diego Gómez presenta la historia gráfica de un oficio desconocido y casi desaparecido que ahora revive como consecuencia de la crisis

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MAR 2016

La extracción de resina del pino negral (pinus pinaster) para su uso en diversos productos de la industria química es un oficio casi inherente a la Tierra de Pinares, en Segovia. Una actividad estacional y rural cuyos métodos de trabajo permanecen prácticamente inalterados desde hace más de medio siglo, y que pese a estar a punto de desaparecer a principios de los años 90, en los últimos tiempos ha resurgido con cierta fuerza para compensar la crisis de empleo que han sufrido otros sectores.

El fotógrafo segoviano Diego Gómez conoció a los resineros en 2003 y pensó que sería un buen tema para presentar a la beca de fotografía documental Manuel González Herrero del Instituto de la Cultura Tradicional Segoviana, que no dudó en reconocer el interés del proyecto. Durante un año, entre 2013 y 2014, Diego Gómez realizó más de 30 visitas a distintos grupos de resineros y tomó más de 8.000 fotografías.

"Muchos resineros provienen de sectores en crisis como la construcción y han visto en la resina una salida laboral"

El resultado de este trabajo ha quedado plasmado en el libro "La vuelta de los resineros", en el que cerca de 150 imágenes y los testimonios de una treintena de profesionales del sector nos ofrecen una visión actual de un oficio prácticamente desconocido pero "ligado a las gentes de la Tierra de Pinares desde tiempos inmemoriales", tal y como nos recuerda el autor.

Mediante incisiones en la corteza del tronco, los resineros extraen la resina o la miera de los pinos entre marzo y noviembre y la guardan en bidones de unos 200 kilos. Estos bidones son trasladados a fábricas en donde se destila el contenido para obtener colofonia y aguarrás, dos componentes con muchos usos en la industria química, tales como la fabricación de jabón, papel, barniz, tintas de impresión, compuestos de goma, revestimientos superficiales, barnices, pinturas, esmaltes, fuentes de aromas, fragancias, insecticidas, disolventes...

"Uno de los usos más curiosos de la colofonia -explica Diego Gómez- es para quitar el pelo a los cochinillos antes de asarlos. Se les unta la colofonia caliente, y cuando se enfría actúa como una cera depilatoria."

Para realizar este reportaje el autor tuvo que pasar largas jornadas con los trabajadores. "Los resineros suelen trabajar normalmente solos, a no ser que estén dentro de alguna cooperativa, y la verdad es que todos me trataron como si fuera de la familia", explica. "He ido a desayunar con ellos, a tomar algo después del tajo... y hasta le hice las fotos de su boda a uno de ellos."

"Entre los resineros con los que he trabajado hay una minoría que siempre se ha dedicado a este oficio, pero muchos otros provienen de sectores en crisis como la construcción y han visto en la resina una salida laboral." Así mismo el autor se muestra sorprendido por la cantidad de gente joven que ha empezado a extraer resina, algunos por tradición familiar pero otros sin ninguna vinculación previa con el oficio.

Para realizar este trabajo Diego Gómez ha utilizado una Canon EOS 7D acompañada de dos ópticas fijas de 35 y 50 milímetros para las fotografías exteriores, y de un zoom de 17-55 milímetros para las tomas en la fábrica y el taller de herramientas. "He trabajado en color para que se pueda apreciar el cambio de las estaciones y de las tonalidades del pinar durante el periodo de trabajo", explica.

"La vuelta de los resineros" es un exhaustivo trabajo documental que el propio Diego Gómez se atreve a presentar en cifras: "Ha sido necesario recorrer más de 2.500 kilómetros y tomar casi 8.000 fotografías en más de 30 visitas de campo, para las cuales se han empleado más 120 horas y alrededor de 300 más en el proceso de revelado digital." Ahí es nada.

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