• Federico Borella: "Quiero conseguir que aquellos que miren estas fotos ...
  • Chema Conesa: "La función primera y más necesaria de este tipo de fotos ...
Con texto fotográfico

"Fue como vivir un cuento de hadas" Diana Zeyneb Alhindawi

2
Foto: Diana Zeyneb Alhindawi
7
ENE 2016
Declaraciones obtenidas por Calvin Dexter

Un recuerdo de infancia guardado durante años como un preciado tesoro. Una tradición casi centenaria cuyos orígenes gitanos se hallan en las montañas de Rumanía. Un proyecto que empezó como una simple diversión durante unas vacaciones navideñas y ha terminado dando la vuelta al mundo. Hablamos del festival de la danza del oso que se celebra anualmente en Rumanía y que la atenta mirada de la fotógrafa Diana Zeyneb Alhindawi capturó en su ciudad natal unos meses atrás. Bailarines ataviados con pieles de oso, música y bailes para ahuyentar a los malos espíritus y la esperanza de que el ritual sea considerado patrimonio cultural de la UNESCO.

Diana Zeyneb Alhindawi

Hombres y mujeres de todas las edades participan en el festival de la danza del oso que se celebra entre Navidad y Año Nuevo. Su función es ahuyentar a los malos espíritus del año que se acerca a su fin. Visten pieles de verdad, y bajo la tutela de un domador de osos y un líder del grupo, visitan varios hogares y restaurantes a los que han sido invitados a bailar.

Las fotos para este proyecto las hice a finales del año pasado en varias ciudades y pueblos de Trotus Valley, en la región de Moldavia, en Rumanía, una zona que no hay que confundir con Moldavia, el país. Trabajé en mi ciudad natal de Moinesti.

Cualquier persona puede unirse a un grupo de osos bailarines. Es algo muy informal. Solo tienes que acercarte al líder del grupo -la persona que lo organiza todo y propietaria de la mayor colección de pieles- y preguntarle si puedes ser un bailarín más. Pero hay que tener presente que se trata de todo un compromiso. Los ensayos empiezan a principios de diciembre y la actuación se alarga hasta el 1 de enero. No hay normas acerca de quién puede vestir una de las pieles, pero los grupos suelen estar formados por locales.

Las pieles de oso que visten son tan reales como viejas. Tienen alrededor de cien años y sus propietarios las cuidan muy bien para que no se estropeen. Han pasado de generación en generación, así como la mayoría de vestidos y accesorios que usan los domadores de osos y los líderes de grupo.

La caza de osos es legal en Rumanía, aunque está sujeta a unas leyes muy estrictas. Se conceden unos pocos permisos cada año para cazar en épocas muy concretas y en zonas muy delimitadas. Las pieles de oso son tan poco comunes que su precio puede ascender hasta los 2.000 euros. Rumanía es el país de Europa con la mayor población de osos pardos, y su densidad de población en los montes Cárpatos es la más alta del mundo.

El origen de la danza del oso se remonta a 1930, cuando los gitanos vagabundos de Rumanía, conocidos como los roma, descendían de las montañas con osos atados a correas y visitaban las casas de los lugareños. Los gitanos recibían una propina a cambio de que un osezno caminara por encima de una persona que aquejara dolores de espalda. Cuando los osos se hacían mayores se les hacía caminar por encima de placas de metal caliente, lo que provocaba que el animal bailara para evitar quemarse los pies. Estas visitas tenían lugar en fechas cercanas al Año Nuevo, coordinadas con otros rituales étnicos de origen rumano que se celebraban en temporadas festivas.

Foto: Diana Zeyneb Alhindawi

No está muy claro en qué momento los gitanos empezaron a vestir las pieles de los osos y a imitar sus bailes, o cuándo los rumanos adoptaron el ritual. No obstante, el origen gitano está muy presente en las letras de las canciones que canta el domador de osos así como en el ropaje que este viste, que se complementa con grasa u hollín negro de estufa repartido por el rostro para imitar la piel de los gitanos. También viste una larga falda y una peluca negra con largas coletas. Debido a la discriminación y al coste de las pieles, los gitanos han quedado excluidos de la danza del oso. Hoy en día la danza la llevan a cabo en su mayoría rumanos.

Este proyecto forma parte de mi vida, de una época que recuerdo con mucho cariño. Hasta los siete años viví en Moinesti bajo el cuidado de mis abuelos. Mis padres estaban finalizando sus estudios universitarios en Bucarest durante aquella época. Adoro el tiempo que pasé en mi ciudad natal.

"Las pieles de oso que visten son tan reales como viejas. Tienen alrededor de cien años y han pasado de generación en generación"

La casa de mis abuelos estaba en los límites de un pueblo y tenía un huerto de cerezos trasero que se alargaba por las laderas de los Cárpatos. La vida dentro del régimen comunista era segura, el índice de criminalidad era muy bajo, así que yo me pasaba los días explorando la naturaleza y visitando a mis vecinos. Las puertas siempre estaban abiertas en Moinesti y las ciudades de los alrededores. Era una comunidad rural muy hospitalaria, abierta y social.

La danza del oso es uno de los recuerdos favoritos de mi infancia. Después de dejar Rumanía a los siete años volví solo en un par de ocasiones durante las fiestas navideñas, de modo que no viví la danza con demasiada frecuencia siendo adulta. La guardé como un increíble recuerdo, algo mágico y alegre que se celebraba anualmente. Durante las vacaciones del año pasado quería visitar a mi abuela enferma, y al recordar el festival decidí que quería fotografiarlo. Para divertirme, más que otra cosa.

Nunca imaginé que las fotos serían tan bien recibidas por los medios internacionales, y es una satisfacción enorme verlas publicadas en tantos sitios de todo el mundo. Con la modernización y occidentalización de la juventud poscomunista y la crisis económica en las zonas rurales de Rumanía la tradición corre el peligro de desaparecer.

Hasta ahora la danza del oso ha sobrevivido mayoritariamente gracias a los esfuerzos de los gobiernos locales que organizan ferias y competiciones para incentivar a los grupos de osos a mantenerse vivos. También su supervivencia hay que agradecérsela a los líderes de los grupos que han crecido con esta tradición y la llevan en el corazón. A petición de varios gobiernos locales se inició hace dos años el proceso para incluir la danza del oso de Rumanía en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial y el Registro de mejores Prácticas de Salvaguardia de la UNESCO, una medida internacional para proteger las prácticas culturales en peligro de desaparecer.

"Quería fotografiar el festival para divertirme. Nunca imaginé que las fotos serían tan bien recibidas por los medios internacionales"

Espero que el hecho de haber documentado la tradición haya conseguido llamar la atención sobre su existencia y generar un mayor turismo en la región, cosas que podrían contribuir a mantenerla viva. También espero haber capturado algo de la magia que este festival le proporcionó a mi infancia mientras crecía en Trotus Valley.

Una magia que seguía allí el pasado invierno, cuando me uní al grupo de Toloaca de osos bailarines durante varias noches glaciales por los callejones de los pueblos, envuelta en copos de nieve y vientos llegados de las montañas al ritmo de la música del domador de osos. Fue como vivir un cuento de hadas.

Me gustaría seguir documentado esta tradición, profundizando aún más en ella, incluir mis experiencias personales e historia en la región y finalmente publicar un libro.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

Artículos relacionados (1)
2
Comentarios
Cargando comentarios