Viajes fotográficos

Atacama: desierto de desiertos

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Foto: David Monfil (Quesabesde)
15
JUL 2015
David Monfil | Desierto de Atacama (Chile)

Grandes dunas de fina arena bajo un calor insufrible que evapora el horizonte. Pequeños oasis rodeados de palmeras que ofrecen una sombra que vale su peso en oro. En eso solemos pensar cuando nos imaginamos un desierto. Quizás, también, en hacer una pequeña o larga travesía subidos a lomos de un dromedario o en pasar la noche en vela contemplando las estrellas.

Atacama lo es todo. El adjetivo desierto se queda pequeño y pasa a convertirse en un nombre en mayúsculas. El desierto de Atacama: una extensión de terreno de más de 100.000 kilómetros cuadrados, la mayor parte de ellos abrasantes. Y cuando subes a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar el frío es tan intenso como en el polo.

Cactus cardón gigante en la Quebrada de Guatín. | Foto: David Monfil (Quesabesde)

Los enormes géiseres, algunos de más de cuatro pisos de altura, se elevan como monstruos emulando la mayor palmera en un oasis. Algunas grandes dunas son tan blancas que parecen cumbres nevadas debido a la sal y el sulfato de calcio de milenarios lagos evaporados. Y contemplar el universo por la noche es como viajar al infinito. Así es el desierto de Atacama.

Atacama cumple a la perfección la definición que da la RAE de desierto: territorio arenoso o pedregoso, que por la falta casi total de lluvias carece de vegetación o la tiene muy escasa. Pero Atacama es mucho más que eso. Es el desierto de desiertos.

desierto de atacama
Foto: David Monfil (Quesabesde)
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Niños atacameños jugando en las calles de Toconao, pueblo vecino de San Pedro. En la imagen inferior, perros y bicicletas, elementos idiosincrásicos del paisaje de esta última localidad. | Foto: David Monfil (Quesabesde)

Tras varios meses de preparación con la logística del viaje y de documentarnos para escoger los escenarios de Atacama que nos proponíamos fotografiar durante dos semanas, llegó el día de partir rumbo a Chile. A bordo de un 787 de la compañía LAN, la más importante de la América austral, nos esperaban 13 horas de vuelo hasta la capital, Santiago, y luego dos más hacia al Norte, hasta el aeropuerto del desierto: Calama.

Ya en Calama, dos horas más en todoterreno hasta llegar al epicentro del desierto: San Pedro de Atacama. San Pedro recuerda al típico pueblo del Oeste americano, esos que aparecen en las películas de indios y vaqueros. Polvoriento, con calles sin asfaltar y algún que otro personaje de dudosa reputación. Y muchos perros sin dueño durmiendo a pleno sol.

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Foto: David Monfil (Quesabesde)
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Día y noche en San Pedro de Atacama. | Foto: David Monfil (Quesabesde)

Pero aquí los que te hacen tragar polvo son los todoterrenos, no los pura sangre; las tabernas son sustituidas por numerosas agencias de viaje, y las bicicletas en alquiler apoyadas en las paredes serían los caballos amarrados en los porches. Un pueblo muy auténtico que se ha convertido en una feria de agencias de excursiones. Pero aun así tiene su encanto, su singularidad.

Calendario en mano, programamos las excursiones según la altitud. No podemos empezar con ascensos muy fuertes los primeros días y sufrir el llamado mal de altura. San Pedro de Atacama está aproximadamente a 2.400 metros de altitud, que no es poco, pero muchos de los lugares de interés están rozando los 4.000 o se sitúan incluso por encima. Así que necesitamos escalar de forma progresiva para aclimatarnos.

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Foto: David Monfil (Quesabesde)
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Reflejos de volcanes y flamencos en la laguna Chaxa del Salar de Atacama. | Foto: David Monfil (Quesabesde)

Empezamos por el salar de Atacama, que está al mismo nivel que San Pedro y no ofrece ninguna dificultad. Se trata de un lugar impresionante, con enormes lagunas del agua que llega del deshielo de las montañas (la cordillera de Los Andes está muy cerca, con picos por encima de 5.000 metros) y queda estancada hasta su evaporación, acumulándose las sales minerales año tras año.

Al ser extremadamente plano, las distancias parecen infinitas, y es difícil calcular si algo está cerca o lejos. Todo empequeñece en la distancia, a excepción del imponente Licancabur, el volcán más emblemático de los atacameños.

Cuando fotografiemos un espacio muy amplio –y muy plano, como en este caso- debemos buscar un encuadre que contenga referencias de tamaño. Situar un objeto en primer término, como este flamenco, es una buena forma de conseguirlo

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Foto: David Monfil (Quesabesde)

El de Atacama presume de ser uno de los desiertos más áridos del planeta. Hay zonas en las que hace más de 500 años que no ha caído una gota de agua. No es el caso de los llamados valles de la Muerte y la Luna, situados a la misma altura que San Pedro, pero por su aspecto, sus características y tal y como sus nombres insinúan, son extremadamente secos.

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Foto: David Monfil (Quesabesde)
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Valle de la Luna. | Foto: David Monfil (Quesabesde)

En ambos valles repetimos visita. Son impresionantes en todos los sentidos, y la excursión de la mañana requiere de otra más tarde, a la puesta de sol. El color de la tierra rojiza cambia de tono a cada minuto que pasa, y cuanto más baja el sol, más se acentúan los colores cálidos y más se amplían las sombras, dando una dimensión y un relieve al paisaje como pocas veces habíamos visto antes.

Buscamos una buena localización en un lugar elevado del Valle de la Luna y encuadramos mirando al mítico Licancabur. Nos gusta la combinación de la duna oscura que cae de la izquierda sobreponiéndose a la serie de estratos -a la derecha- que se han ido formando a lo largo de los milenios bajo la fina capa de salina blanca en las cimas. Trípode anclado. Esperamos los últimos rayos de sol para encontrar el tono adecuado junto al mejor cielo.

Cuando fotografiamos paisajes y no tenemos una referencia que nos indique la dimensión del lugar, podemos buscar líneas en diagonal o que se entrecrucen para dar relieve y profundidad. Esto ayuda a entender la dimensión y distancia del plano

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Foto: David Monfil (Quesabesde)

Después de tres días de aclimatación ya podemos ascender por encima de los 3.500 metros. Los Géiseres del Tatio están algo lejos, así que toca madrugón. A las seis de la mañana hay que estar allí, y hay dos horas de camino en todoterreno. Antes de partir, un ligero desayuno con una taza de mate con rica rica, una hierba utilizada para el mal de altura. Llegamos al lugar dos horas más tarde.

La zona es completamente volcánica y el subsuelo está inundado de aguas subterráneas que necesitan escapar por alguna vía o fisura en la tierra. El altímetro nos marca 4.200 metros de altura, y todavía a falta de sol, el termómetro se sitúa en 4 grados centígrados bajo cero.

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Foto: David Monfil (Quesabesde)
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Géiseres del Tatio. En la imagen inferior, Monfil equipado con una bolsa Vanguard Sedona 45 y un trípode VEO 204AB | Foto: Lucas Vallecillos (Quesabesde)

Con la aparición de los primeros rayos de luz hay un contraste alto de temperaturas, y el agua empieza a evaporarse formando grandes columnas de vapor, algunas de hasta 15 metros. En algunos casos, donde el pozo es más amplio, el agua incluso hierve.

Una experiencia brutal y una demostración del poder de la naturaleza. La altura no nos ha afectado casi nada; tan solo notamos un ritmo más acelerado de respiración y poco más. Volvemos al hotel disfrutando de los paisajes entre cabezaditas.

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Géiseres del Tatio. | Foto: David Monfil (Quesabesde)
Guía práctica de viaje
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Zorro en el altiplano andino. | Foto: David Monfil (Quesabesde)
Cómo llegar
LATAM Airlines, formada por la fusión de las aerolíneas LAN y TAM, líderes en Sudamérica, es la mejor opción para ir a esta destinación, con una gran relación calidad-precio. Numerosos vuelos a la semana conectan de manera directa Santiago de Chile con Madrid, en un trayecto de 12 horas. El servicio ofrecido y la atención a bordo son excepcionales.

Una vez en Santiago hay que tomar un vuelo local hasta Calama de unos 130 euros. En Calama se puede alquilar un todoterreno por semanas (unos 700 euros) o un utilitario (300 euros), aunque esta última opción no es muy recomendable debido a la complejidad de algunas rutas.

Otra posibilidad es desplazarse en autobús mediante la empresa Tur-Bus. Pero la mejor opción es que el hotel tenga servicio de transfer y nos venga a buscar para llevarnos al aeropuerto. La opción de taxi hasta San Pedro es preferible descartarla.

Dónde alojarse

Hay numerosas opciones y de todos los precios. Estos son los hoteles en los que nos alojamos:

Tierra Atacama: un lodge exclusivo de gran calidad, con muy buena organización y planificación de excursiones, y con guías de gran profesionalidad. Las excursiones son muy selectas y pueden ser individuales, aunque, a veces los horarios no son los mejores para fotografiar.

Hotel Cumbres: un hotel con excelentes condiciones pero algo más comercial por su capacidad. Destaca en él la cocina de gran calidad y variedad. Las excursiones son más concurridas y no tan personales.

Hotel Altiplánico: un bed and breakfast con habitaciones rústicas. No dispone de excursiones, pero el trato es muy familiar.

Cómo moverse

La mayoría de hoteles, a excepción de los bed and breakfast y los hostales, ofrecen excursiones con guía, y los desplazamientos se hacen en todoterreno. Todos los hoteles están en los alrededores de San Pedro, y llegar hasta la calle Caracoles, la calle principal de San Pedro, tan solo supone un trayecto de diez minutos andando. Si se sale por la noche, es aconsejable llevar encima una linterna: a excepción de Caracoles y alguna otra, no hay muchas calles alumbradas y es fácil perderse.

El material fotográfico de Vanguard que aparece fotografiado en este artículo ha sido cedido como parte de un acuerdo publicitario entre esta compañía y Quesabesde.

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