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OpiniónEnfoque diferencial

Piel de altramuz

 
11
ABR 2011

Habrán leído en alguna ocasión las noticias que con cierta periodicidad dedicamos en QUESABESDE.COM al uso indebido que algunas entidades o marcas comerciales hacen de fotografías realizadas por particulares. Poniéndole más morro que profesionalidad, los infractores normalmente hacen oídos sordos de las quejas de los legítimos autores hasta que la noticia salta a algún medio de comunicación. Desconozco cuántos de estos casos se producen normalmente, pero estoy convencido que se dan en muchas más ocasiones de las que tenemos constancia.

También ocurre a veces que no se respeta el derecho que tenemos los fotógrafos a exigir la firma de la foto. Una campaña desplegada hace poco en Internet ha empujado a El País a firmar las fotos que publica en sus páginas con el nombre del fotógrafo, cuando antes sólo aparecía indicada junto a la instantánea la agencia. Pasito a pasito vamos recuperando nuestros derechos.

No hace mucho me remitieron un vídeo que estos días ha inundado las redes sociales. Según me llegó lo reenvié y publiqué en varios foros, y mis contactos hicieron lo mismo. Y como este mundo es un pañuelo, resultó que el vídeo en cuestión era un fragmento de una pieza algo más larga grabada por un cámara free lance que trabaja en Madrid y a quien tengo el gusto de conocer.

Desde que YouTube y los portales clónicos tomaron la red, los camarógrafos sufren ahora como los fotógrafos sufrimos antes

El vídeo, por supuesto, no llevaba una firma ni nada que identificase a su autor. Fue pasando de mano en mano, y más allá del hecho de cobrar o no por su difusión, jamás nadie le reconocerá a su autor el mérito de grabar lo que grabó por la simple razón de que su nombre, para casi todo el mundo, es una incógnita.

Como creador -pues esa es la palabra que utilizan ciertas sociedades generales de cuyo nombre no quiero acordarme- siempre he defendido los derechos de autor, y en no pocas ocasiones me he sumado a la idea de Ignacio Escolar, donde allá por 2002 pedía que le pirateasen sus canciones. A mí me gusta ver en foros y blogs cómo se comentan mis fotos -especialmente cuando me lanzan piropos-, pero también me agrada que me citen como autor y reconozcan la valía de quien estuvo allí para apretar el botón.

Pues todo eso con los cámaras de televisión no existe. Con mucha fortuna verán su nombre sobreimpreso tal vez al final de la pieza. Incluso puede que al principio, pero eso apenas sucede en documentales de cierta entidad.

Desde que YouTube y los portales clónicos tomaron la red, los camarógrafos están sufriendo ahora como los fotógrafos sufrimos antes. No hay más que ver ciertos programas de televisión que utilizan secuencias subidas a estas webs por usuarios particulares y ponen como fuente YouTube. Y aquí no pasa nada.

Una cosa es un blog personal o un foro en el que se copia y pega un vídeo o una foto. Otra muy distinta es que un telediario construya su producto a base de cotillear en el tubo. Hemos visto cosas tan increíbles como que un informativo de una de las principales cadenas españolas utilice clips de YouTube grabados por un cámara free lance que a su vez colabora con dicha cadena. Si el camarógrafo no se entera, no cobra. Y si se llegara a enterar, ¿qué más da? Seguramente tampoco cobraría.

Me contaban cuando era niño una historia sobre un hombre que sólo tenía altramuces para comer. Les quitaba la piel y la tiraba quejoso: "Qué pobre soy que sólo puedo comer altramuces." Un día se dio la vuelta y vio que otro hombre le seguía, en silencio, comiéndose la piel de los altramuces que él iba tirando.

Pues así están las cosas: los fotógrafos quejándonos de todo, mientras nuestros compañeros, los cámaras, van recogiendo las pieles de nuestros altramuces.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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