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OpiniónEnfoque diferencial

Los derechos de autor de las fotos de carné

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MAR 2014

¿Tiene una fotografía de carné derechos de autor? La pregunta me vino a la cabeza días atrás cuando, un poco harto del dichoso selfie de la gala de los Oscar, leía un artículo acerca de si era legal o no publicar la fotografía en cuestión sin tener los derechos de la foto. Derechos que, supongo, corresponderían a quien pulsó el botón, el actor Bradley Cooper.

Las fotos de carné también tienen autor. Estamos de acuerdo en que los llamados fotomatones son máquinas y que el tema de los derechos de autor queda aquí un poco difuminado (¿tendría los derechos el propio fotografiado, que es quien en esos casos pulsa el botón?), pero la cosa cambia si hablamos de los pequeños estudios de fotografía que aún hacen las fotos “a la vieja usanza”. Porque es evidente que quien hace la foto posee sus derechos, aunque a día de hoy, que yo sepa, nadie los ha reclamado.

No hay que hojear demasiados periódicos o libros para toparse con una foto de carné, desde la simple imagen de un presunto delincuente ilustrando una noticia con un “se busca” al lado hasta a la pizpireta cara del político de turno en sus tiempos mozos en las páginas de unas memorias. Son fotografías por las que nadie pide un duro, pero, ¿podrían hacerlo? Tal vez, pues es evidente que nadie quiere que sus fotos se reproduzcan gratis una y otra vez.

Defendamos nuestros derechos, pero hagámoslo con cabeza y mano izquierda. O lo siguiente será que nos cobren derechos de autor cada vez que renovemos el DNI

Cuando esta semana pasada la agencia Getty Images anunció la distribución gratuita de fotografías para blogueros y webs no comerciales, la mayoría de fotógrafos pusieron el grito en el cielo. Acostumbrados a ser el último mono, su reacción no debería sorprendernos.

Yo también quise poner de mi parte en ese grito, pero como ya comenté hace unos días se atrae a más moscas con miel que con vinagre, y si bien este sistema no nos beneficia netamente –pues no vamos a cobrar por estas fotos- tampoco nos perjudica. O al menos no tanto como muchos pretenden hacernos creer. Los extremismos, como siempre, no dan nada bueno.

El paralelismo más fácil es, por supuesto, el del cine o la música y su descarga a través de medios -digamos no oficiales- en la red. Son conocidos los casos de artistas que han visto catapultada su fama y proyección gracias a la publicación de un vídeo o una canción -preguntemos si no esta semana a alguien por la loncha de queso- en una red social.

Una foto, cuanto más se vea, mejor. A propósito de este asunto, me decía el fotógrafo Oriol Alamany que, cuando se publica una foto, ésta automáticamente “se quema”. Algo de razón también lleva, pero quizás las ventajas inherentes a la difusión masiva superan los inconvenientes de esa quemadura.

Llamadme raro. Creo que debo ser el único fotógrafo que, si bien no aplaude efusivamente la decisión de Getty, tampoco la condena. No me veo con autoridad moral para decirle a nadie que tiene que pagar por una foto –no negaré que mis compras de música y cine han descendido en los últimos años-, pero entiendo que hay ciertas fotos que, publicadas de esta forma, van a poder ser vistas por mucha más gente.

Que Internet lo cambió todo es una obviedad. Que no todo es gratis, también. Pero en este mundo globalizado pretender que pague un dineral -justo, pero un dineral al fin y al cabo- un chiquillo que comenta la ropa que se ha puesto fulano en una fiesta o un estudiante de zoología que explica en sus horas libres la diferencia entre un caimán y un cocodrilo es, como poco, utópico.

Defendamos nuestros derechos, sí, pero hagámoslo con cabeza y mano izquierda. O lo siguiente será -y no quisiera dar ideas- que nos cobren derechos de autor cada vez que renovemos el DNI.

La columna de opinión "Enfoque diferencial" aparece publicada normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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