Editorial

Lecciones

 
21
OCT 2011

No es fácil. En realidad, es francamente complicado pronunciarse sobre los diez años de vida de Quesabesde sin echar mano de fórmulas tópicas, acertando a fijar la palabra en el justo punto medio que separa la grandilocuencia del más árido de los homenajes. No digamos ya tratar de hilar un discurso que resulte interesante para quien pueda caer accidentalmente atrapado en estas líneas.

Puestos a buscarle virtudes al invento -que de esto se trata cuando hay que celebrar, teclado en mano, un décimo aniversario-, quizás sea esta especie de tedio al autobombo y el onanismo "cancamusero" lo que mejor define el espíritu de Quesabesde. Rara cualidad de la que jactarse en un día tan señalado como éste, cierto, pero síntoma inequívoco de que vamos por buen camino. Tan absorbente ha sido la dedicación a este proyecto desde el minuto cero, que hemos descuidado hinchar pecho, marcar bíceps y posar con nuestros mejores ropajes frente al espejo.

Cerrábamos el pasado mes de octubre con cifras que invitan a la autocomplacencia: casi 800.000 usuarios únicos según OJD y más de 100.000 usuarios registrados. Pero hemos estado demasiado enfrascados en lo nuestro como para prestarle atención al sostenido aumento de visitas que Quesabesde viene experimentando desde que Google -a buenas horas- prima la calidad del contenido en sus búsquedas. O eso dicen.

Y qué mejor momento que éste, recién cumplida nuestra primera década, recién batido nuestro particular récord de audiencia y con un ambicioso proceso de refundación integral de Quesabesde cociéndose en la trastienda, para echar la vista atrás y tomar nota de todo cuanto hemos aprendido. Que diez años dan para mucho.

Son ya mitológicas las historias de grandes proyectos -desde Hewlett Packard a Apple- alumbrados entre las cuatro paredes de un garaje. Salvando las distancias, que aquí son obviamente estratosféricas, hemos aprendido que bastan una buena idea y mucha, muchísima dedicación para que ese diagrama esbozado en una pizarra tras varias tazas de café cobre forma y dé sus frutos. Jamás nos dedicarán una portada en Time, pero desde que Quesabesde empezó a andar en un pequeño garaje disfrazado de oficina, trabajamos como si éste fuera nuestro objetivo.

Hemos aprendido que el contenido manda, y que por encima de todo hay que velar por la calidad del qué y el cómo se dice. Que los dichosos algoritmos de Google no pueden condicionar la forma como se redactan los titulares y se estructura la información. Que no todo vale para encumbrar nuestros artículos en el Olimpo de las búsquedas.

Hemos aprendido que la verdad no siempre gusta, y que no por ello debemos renunciar a nuestra forma de entender el periodismo. Que un buen día alguien, al otro lado del teléfono, nos puede conminar con tono amenazante a retirar una información incómoda (todo él perplejidad ante nuestra negativa). Que un artículo transparente y honesto, redactado para el lector y no para el anunciante de turno, puede motivar la cancelación de una campaña publicitaria.

Hemos aprendido que periodismo es mucho más que estar sentado ante un ordenador cocinando refritos. Que en un entorno en el que hay quien paga la tonelada de información a un euro, en el que la ortografía y el cuidado estilístico de los textos son sólo un detalle anecdótico, en el que el amiguismo puede llegar a pesar más que el buen oficio, en un entorno en el que aquello del copiar y pegar se ha convertido para algunos en una rutina casi orgánica, merece la pena serle fiel a ese periodismo bien entendido del que nos confesamos nostálgicos defensores.

Y por encima de todo hemos aprendido que en la cúspide de la pirámide invertida que rige nuestro día a día se halla el usuario, el lector. Hemos aprendido que es para él para quien escribimos y confeccionamos nuestras páginas, no para el buscador, el anunciante ni el inversor. Hemos aprendido -y ésta es seguramente la más valiosa de las lecciones- que el éxito de todo proyecto editorial a largo plazo se asienta esencialmente en un activo de valor incalculable para el que venimos trabajando desde hace ya diez años: la credibilidad.

Cómo no, hemos aprendido también a ser agradecidos, y agradecidos debemos estarles a quienes han contribuido a hacer posible todo esto: nuestro equipo, nuestros colaboradores y los anunciantes que han apostado por Quesabesde. Y, por supuesto, vosotros.

Cuánto hemos aprendido. Y lo que nos queda por aprender.

Roger Boix es cofundador de Quesabesde y su director.

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