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Con texto fotográfico

"Demasiados fotógrafos, demasiada gente, demasiado alcohol" David Ramos

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Foto: David Ramos (Getty Images)
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JUL 2015
Declaraciones obtenidas por Roger Lleixà

Julio, Pamplona, San Fermín. Por unos días, las calles de la capital navarra son el escenario de una multitudinaria fiesta teñida de rojo y blanco donde el encanto de la tradición trata de sobrevivir a la masificación, el turismo en busca de adrenalina y los estragos causados por el consumo desmedido de alcohol. Con las calles atestadas de gente pero también de fotógrafos, el reto de David Ramos esta semana ha sido conseguir un punto de vista algo distinto de los sanfermines. Cometido que, a juzgar por esta y otras fotos de su cobertura (la primera que hace de estas fiestas), ha conseguido con creces.

David Ramos

Estoy cubriendo los sanfermines de 2015 junto a mi compañero Pablo Blazquez para Getty Images News. Nuestro principal objetivo es abastecer a nuestros clientes de buenas imágenes durante los diferentes momentos de la fiesta: chupinazo, encierros, corridas, atmósfera…

No estamos en Pamplona para conseguir una cornada ni una ikurriña en un balcón (que también, pero sin esa presión). Estamos aquí para intentar ir un poquito más allá y conseguir alguna imagen que dé una alternativa a los editores de nuestros clientes. Nada fácil en una fiesta tan y tan bien documentada.

Esta imagen está tomada un par de minutos antes del primer chupinazo. Técnicamente no tiene mucho misterio. La secuencia se inicia con un pequeño grupo de chicas jóvenes que, asustadas por un par de mareas humanas, intentan salir de la plaza en dirección a la protagonista de la imagen. Les sigo durante un momento; veo que se inicia otra marea y algunos empiezan a buscar aire mirando hacia el cielo.

"Tan solo pensaba en mi hija de dos meses y en el momento en que me diría dentro de unos años: ‘Papa, quiero ir a San Fermín con unas amigas'"

Todo normal hasta que, justo debajo de mi balcón, aparece esa chica aplastada entre dos chicos, tal vez sus colegas, que intentaban sin éxito protegerla. Tengo tres fotogramas de lo que creo que es una bocanada de aire por las diferentes posiciones de la boca en la secuencia.

Luego le perdí la pista porque la plaza se empezaba a llenar de pañuelos rojos para el chupinazo. En la toma no recuerdo que sintiera que tenía una buena imagen. Tan solo pensaba en mi hija de dos meses y en el momento en que me diría dentro de unos años: ‘Papa, quiero ir a San Fermín con unas amigas.’

Es la primera vez que trabajo en los sanfermines. Nunca he luchado para poder cubrirlos. Demasiados fotógrafos, demasiada gente, demasiado alcohol. No es un buen paisaje para trabajar. Cuando me sugirieron que tal vez este año tendría que ir, lo primero que sentí fue pereza.

Después de tres días mis sensaciones no han cambiado mucho, aunque sí que ha habido algo que realmente me ha atraído: me apasiona ver cómo un pueblo se tira a las calles cada año durante nueve días para mantener viva su cultura y su tradición, invadidos pero ajenos a turistas que se piensan que esto es una especie de orgía callejera. Que tal vez lo sea.

En los escasos tres días que he pasado por aquí me llevo la sensación de que hay diferentes sanfermines durante un mismo San Fermín. El que no me interesa lo cubres sin problemas en dos días. El que define a un pueblo y te muestra cómo lo viven las pamplonesas y los pamploneses, llevaría años.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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