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Con texto fotográfico

"No deberíamos tratar a los animales de este planeta como juguetes" David Chancellor

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Foto: David Chancellor (kiosk)
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SEP 2015
Declaraciones obtenidas por Calvin Dexter

Abatido furtivamente por un cazador el pasado mes de julio, el león Cecil se convertía este verano en el involuntario y triste protagonista de las portadas de todos los periódicos del mundo. El fotógrafo inglés David Chancellor, afincado en Sudáfrica, lleva años retratando y explorando la industria de la caza para comprender la extraña relación que hay entre los humanos y la vida salvaje. Ganador de un World Press Photo en 2010, sus imágenes de la serie “Hunters” son un testimonio arrebatador de la convergencia entre pasado, presente y futuro de cazadores y presas, y sobre la necesidad de gestionar una actividad que debería devolver el equilibrio a la naturaleza.

David Chancellor

Esta fotografía la hice cinco años atrás en Namibia. En ella vemos a una partida de cazadores después de dar caza a un leopardo. El grupo está compuesto por un rastreador, dos adiestradores de perros cazadores y el cazador de trofeos. Los perros aparecen en la parte inferior izquierda de la imagen y también detrás del leopardo, entre los arbustos.

Es una captura que pertenece a la serie ‘Hunters’, que a su vez es parte de un trabajo mucho mayor en el que exploro la mercantilización de la vida salvaje y la compleja relación que existe entre el hombre y el animal. Según mi modo de ver las cosas, esta relación entre cazador y presa es el ejemplo más puro y definido de nuestra mercantilización de la vida salvaje: poner precio a la acción de matar a un animal concreto de un modo muy específico. Y es justo aquí donde quería empezar este gran proyecto.

Históricamente podemos viajar hasta el cambio de siglo, cuando los safaris de caza al este de África se pusieron de moda entre las clases privilegiadas de la sociedad, especialmente en Reino Unido y Estados Unidos. La construcción y finalización en 1901 de la vía férrea en Uganda facilitó el acceso a las tierras altas del interior del África Oriental Británica, ahora Kenia, donde había una gran cantidad de elefantes, leones, búfalos y rinocerontes. Los clientes dispuestos a pagar tenían en el cazador blanco a un guía, instructor y protector.

Fue en Kenia, a principios del siglo XX, cuando la industria de la caza de trofeos turística empezó de verdad. Los europeos y estadounidenses más adinerados pagaban a los granjeros para que les hicieran de guías en los distintos safaris que se organizaban en aquella zona. La industria de la caza no tardó en expandirse por otras zonas del continente.

Foto: David Chancellor (kiosk)

Muy poco ha cambiado desde entonces. No obstante, ahora África está abierta a todos aquellos con dinero suficiente para pagar lo que vale esta actividad. Ya no es algo exclusivo de las clases privilegiadas. Y el cazador blanco se ha convertido ahora en el cazador profesional. La industria de la caza en el sur de África ha crecido en los últimos años debido al aumento en la cría de presas a expensas de la cría de ganado, un sector que ha sufrido mucho por culpa de las sequías y la recesión.

Tenemos que ser conscientes del lugar que ocupamos en el entorno y del efecto que tenemos en él. Tenemos que dar un paso atrás para ver mejor y descubrir cómo nos relacionarnos con la vida salvaje.

Si no damos ejemplo y nuestros hijos no aprenden que Dios no nos ha dado ningún derecho para coger lo que queramos sin preocuparnos de las consecuencias, ¿qué esperanza queda para la miríada de animales que habitan este planeta con nosotros? No deberíamos tratarlos como juguetes que usamos cuando nos apetece. Su mundo ya no les pertenece. Estamos clavando nuestras zarpas en los últimos vestigios de un edén violado.

"Ahora África está abierta a todos aquellos con dinero suficiente para pagar lo que vale esta actividad, que aporta a los gobiernos 200 millones de dólares al año"

No puedo explicar por qué a algunas personas les gusta tanto cazar. No soy cazador. Soy fotógrafo documentalista, un mero observador. Pero hay un comportamiento común en todos los cazadores: son personas extremadamente seguras de sí mismas, aunque no arrogantes. Simplemente no se cuestionan su presencia en este contexto.

Pero yo creo firmemente que no solo hay que cuestionar su presencia en este contexto sino también la creencia de que podemos conservar y consumir en las mismas cantidades sin consecuencias.

Con la tramitación de permisos, impuestos y cuotas, la industria de la caza aporta a los gobiernos africanos más de 200 millones de dólares al año [unos 178 millones de euros]. Los cazadores de trofeos son algunos de los turistas que más dinero se gastan, pagando mucho más por cabeza que los turistas de vida salvaje.

Se calcula que en 2007 aproximadamente 18.500 cazadores pagaron más de 200 millones de dólares para cazar leones, leopardos, elefantes, búfalos e impalas en 23 países africanos en los que la caza de trofeos es legal y que combinados controlan cerca de 1,5 millones de kilómetros cuadrados de tierra, una extensión un 20% mayor que la que ocupan los parques nacionales.

"Si el hombre es incapaz de asimilar el significado de sus acciones y renuncia a sus responsabilidades, no habrá supervivientes"

Soy testigo a diario de la escalada en las demandas del hombre a la vida salvaje. Y no parece que sea algo que vaya a disminuir en breve. No obstante, sea cual sea el tipo de caza que permitamos, tiene que estar gestionada y replanteada continuamente según su eficacia, ya que tanto la población humana como la animal responden al cambio.

En su libro ‘The End of the Game’, Peter Beard escribió que ‘cazador y presa son ambos parte del juego, así como el deporte y el trofeo. El juego está matando al juego. Hubo un tiempo en el que el cazador solo mataba para sobrevivir y conseguir alimento, cuando los animales salvajes eran conducidos de un lugar a otro en lugar de ser abatidos a disparos o envenenados. Ya no quedan muchos lugares a los que llevar a las presas. El hombre debía protegerse de las bestias: ahora son las bestias las que deben protegerse del hombre.’ Creo que hoy en día estas afirmaciones son aún más pertinentes.

Mi intención con este proyecto siempre ha sido la de aprender. Nunca he buscado criticar o llevar a cabo un trabajo en el que se diga si esta práctica está bien o no. Aunque pueda sonar extraño, creo de verdad que la caza es una de las herramientas que hay que adoptar para conservar. Y no hubiera creído que esto fuera así antes de trabajar en este tema. Cuando hablo de mercantilización, no me refiero únicamente a la caza, que es solo una pequeña parte del proyecto.

"Si se prohíbe la caza de leones, simplemente los cazarán furtivamente hasta su extinción"

En África la vida siempre ha sido abundante, así como la muerte, pero en un equilibrio natural. La naturaleza ha alcanzado esta harmonía a lo largo de millones de años. Una y otra vez vemos cómo la evolución intenta alojar el abanico más amplio de animales, permitiendo a su vez todo tipo de usos del entorno y creando de este modo un equilibrio mutuo en la conservación del hábitat.

El elefante fue diseñado para abrir el camino a otras presas. Con su trompa es capaz de arrancar árboles y facilitar así la fertilización y la irrigación, y con sus enormes pies metidos en pantanos o con su trompa en la arena es capaz de crear agujeros en los que pequeños peces o pájaros pueden vivir.

La naturaleza es testimonio de que los individuos mueren pero las especies y los ciclos viven. Ahora el hombre crea fronteras con paredes, zanjas y vallas de varios metros de altura. El cemento asfixia la tierra, los grandes rebaños del pasado quedan atrapados y se concentran en nuevos y desconocidos hábitats. La tierra está muriendo. El hombre debe intentar restablecer el equilibrio natural. Un ecologista debe decidir si la tierra debe vivir o no, quién debe vivir y quién morir.

Foto: David Chancellor (kiosk)

Si el hombre es incapaz de asimilar el significado de sus acciones y renuncia a sus responsabilidades, entonces no habrá supervivientes. Debemos afrontar las consecuencias de nuestras acciones o aceptar lo inevitable. Durante los años 60, Beard presenció en Tsavo [río de Kenia] la hambruna masiva de la vida salvaje y pudo ver un proceso que muchos pasaron por alto o no quisieron aceptar: la convergencia de personas y animales. Mi trabajo se centra en el lugar en el que nos encontramos ahora y dónde estaremos en un futuro no muy lejano.

Si no nos andamos con cuidado con la polémica resultante de la muerte del león Cecil, podría darse el caso de que prevalezcan aquellos que más vociferan, aunque sus afirmaciones no sean las más sensatas. Una vez más asumimos que tenemos los conocimientos suficientes y el derecho a decidir el futuro de aquellos que viven con los leones en el Parque Nacional Hwange.

"La acción de un individuo por pura avaricia [como la caza del león Cecil] puede tener consecuencias catastróficas en los próximos años"

En pocas palabras, es un desastre absoluto que se podría y debería haber evitado. Es la peor forma de mercantilización y tira por el suelo todos nuestros esfuerzos por conservar y gestionar nuestra existencia con la vida salvaje.

Si se prohíbe la caza de leones, las comunidades que viven en el parque no obtendrán ningún beneficio por convivir con la población de leones y simplemente los cazarán furtivamente hasta su extinción, tal y como ha sucedido con otros animales de otras comunidades en Zimbabue.

Además, cualquier león que se encargue de una manada existente matará a los cachorros del león anterior. Es el ejemplo perfecto de la fragilidad y complejidad de nuestra relación con la vida salvaje. La muerte de un león en este contexto tiene el potencial de cambiar nuestra relación con toda la población restante de leones en África. Es así de frágil. La acción de un individuo por pura avaricia puede tener consecuencias catastróficas en los próximos años.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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