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Entrevista
DAVID AIROB, FOTOPERIODISTA

"El trabajo en un periódico es precioso... hasta que llegas a la redacción"

 
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ENE 2006

David Airob es uno de esos profesionales del fotoperiodismo que se han hecho a sí mismos. Autodidacta, empezó en pequeños rotativos y su talento le llevó a publicar en medios de renombre internacional, como Time-Life o Paris Match. A sus casi cuarenta años, ya hace más de quince que forma parte de la plantilla de colaboradores fijos de La Vanguardia, medio que le ha permitido disfrutar de una visión privilegiada de "la salud" de la sociedad española. Un interesante y ameno punto de vista que compartió recientemente con QUESABESDE.COM delante de un café.

¿Cómo empezaste en esto de la fotografía?

Airob, que sostiene que el gran talón de Aquiles del formato digital son los perfiles de colores, se muestra muy crítico con algunas de las medidas adoptadas por los periódicos en materia fotográfica.
Como "free-lance", solía llevar la cámara siempre encima y a la que tenía una foto llamaba a un diario, a ver si les interesaba.

¿Autodidacta?

Sí, empecé a estudiar imagen y sonido, pero lo dejé el primer año y me puse a trabajar vendiendo cámaras en una tienda. Lo iba compaginando con hacer fotos, hasta que llegó un momento en que decidí tirarme al río. Me planteé probarlo al menos durante cuatro meses.

Y tras pasar por varios periódicos, acabaste aterrizando en La Vanguardia.

Entré a colaborar a finales del 89. En el 90 ya estaba en el organigrama de distribución de faenas para el día siguiente. Es, por decirlo de algún modo, como ser un colaborador fijo.

¿Es ésta la forma habitual de trabajar con los grandes diarios?

Sí, hay que entrar poco a poco. Aunque ahora lo veo mucho más complicado, porque se tiende a recortar los costes.

¿A qué te refieres?

A que hoy en día hay muchas escuelas. Valoro muy positivamente que se enseñe fotografía, pero las grandes empresas aprovechan que el tío que empieza tiene que reventar precios y ya no se mira si una foto es buena o no, sino si es barata. Si mi madre hace una foto y es más barata que la mía, se la compran a ella.

Pero se supone que los grandes periódicos exigen calidad... ¿O crees que están optando por contratar a gente que realmente no sabe?

Sí, es un error, pero es la verdad. Se valora más que la foto sea barata que no buena. Se olvidan de que la información, la buena, es cara.

Foto: David Airob

Supongo que el "boom" de los periódicos de distribución gratuita habrá hecho mucho daño.

Sí, y creo que es algo que en su momento deberían haber parado los medios de pago. Si ahora saliera una panadería que regalara el pan, habría un problema considerable con las otras panaderías...

Parece algo muy banal, pero afecta mucho. Los últimos estudios del EGM [Estudio General de Medios] dicen que de los cuatro primeros periódicos que se leen en España, tres son de distribución gratuita. Y eso nos afecta a todos los que vivimos de esto.

Al fotoperiodista siempre le quedará el consuelo que puede tratar muchos temas.

Sí, afortunadamente. Siempre digo que el trabajo en un periódico es precioso... hasta que llegas a la redacción. Fuera de ella, [tu trabajo] te permite estar en situaciones con gente de un alto estrato social o, al cabo de media hora, debajo de un puente con un indigente.

Foto: David Airob

Es lo que más valora la gente que trabaja en esto: el hecho de poder tener un pulso ciudadano, tratando con personas muy diferentes, de mucha pasta y de muy poca. Una vez llegas a la redacción, hay muchos impedimentos para desarrollar el trabajo como debería ser.

¿Se pierde un poco el sentido del trabajo de un fotógrafo?

Sí, hay muchas historias dentro de una redacción, y no entraremos en eso porque no vale la pena, pero realmente no se facilita al fotógrafo que dé la visión que él quiere dar.

Quizás luego siempre puedes desarrollar un tema haciendo un reportaje más extenso.

Claro. La gran lucha de los fotógrafos dentro de los diarios es dar esa imagen diferente, que no sea la típica estereotipada de siempre. Pero a veces chocas con los intereses de la propia empresa; entonces, te queda la opción de hacer reportajes fuera, aun sabiendo que siempre vas a perder dinero.

Foto: David Airob

Y lo haces por...

Lo haces para tener un punto de referencia, un poco de aire fresco. Si no, cogerías las cámaras y las estamparías contra la pared.

Evidentemente, de lo que más disfrutas dentro del mundo de la fotografía es del trabajo de autor, porque eliges tú. En el día a día puedes hacer cosas que te gusten o no, pero el trabajo de autor es el que eliges a conciencia por muchas razones, y el que te apetece hacer.

¿Haces este tipo de trabajos para el mismo diario o vas por libre?

Por libre. Los hago por que a mí me apetece. Son trabajos que, como persona, suman. Aunque tengo muy claro que si no tuviera el diario detrás que me da el pan...

Foto: David Airob

¿Qué proyectos de este tipo has llevado a cabo?

Hice un reportaje sobre el barrio de las favelas del Candeal, en Salvador da Bahía.

¿Cómo te lo planteaste?

Buscando ayudas para poder pasar dos meses en Brasil.

Muchas veces se entiende la foto de autor como algo separado de los documentales puros y duros de la prensa. ¿Existe esta dicotomía en tus trabajos?

Yo creo que la fotografía de autor puede ser documental; no están reñidas la una con la otra. Muchos de mis proyectos, como este del Candeal, tienen mucho de mí, a pesar de ser muy documentales.

Foto: David Airob

Como autor, no tienes la censura -entre comillas, porque no es censura real- que te marca el diario. Por ejemplo, las fotos para La Vanguardia las eligen los redactores, no los fotógrafos, cosa que antes era impensable.

¿Trabajar en un diario te limita como autor?

No. Limita al diario, pero no al fotógrafo como autor. Limita en el sentido en que si yo creo que la foto es una, tengo que luchar mucho para que sea ésa la que se ponga. En fotografía, todo el mundo cree que puede opinar. Un redactor escribe un texto -que no siete- sobre la misma cosa y nadie pone en duda que sea ése.

Foto: David Airob

Yo puedo decir si un texto me gusta o no, pero no si es bueno o no, porque no tengo la capacidad para hacerlo. Y en fotografía pasa lo mismo, pero mucha gente cae en el error: opinan cuando es algo que debe hacer la gente que sabe del tema.

¿Has notado más esta especie de intrusismo ahora que la fotografía digital se ha democratizado tanto?

Mucha gente dice que la foto digital ha hecho mucho daño, que los móviles con cámara han hecho mucho daño... ¡Eso es mentira! Yo estoy encantado de que todo el mundo haga fotos.

El problema real está en lo que decíamos antes: que son mucho más baratas... Evidentemente, no es el caso de las fotos de familia, en las que ni el encuadre ni la luz son buenos.

Foto: David Airob

El tema a analizar es por qué las empresas, aun sabiendo la falta de calidad [de estas fotografías], las prefieren. Es pan para hoy y hambre para mañana. No hay ningún tipo de cultura para valorarlo.

Supongo que ya hace tiempo que diste el salto al formato digital...

Sí, hice el cambio un poco obligado por el diario.

¿Por qué? ¿Crees que no da la misma calidad que la película?

Con el formato digital siempre hago un símil: es como un "tetrabric". En principio, parece que va a ir mejor, pero cuando lo abres te cae toda la leche al suelo.

Foto: David Airob

Cuando hablas del formato digital es fantástico, pero en la práctica es una auténtica porquería. Tiene muchas ventajas, pero hay muchos problemas; por ejemplo, de perfiles de colores. Además, estoy convencido de que lo hacen a propósito. Hasta que logras calibrar tu ordenador para que tire como la impresora, te has gastado una carga entera de tintas.

Pero la inmediatez, la rapidez... son cosas que se valoran en una redacción.

[El formato digital] tiene cosas fantásticas, sí, pero no te creas; estamos teniendo muchos problemas: desde fotos que no se ven, archivos que cuando llegas al diario no se abren... y los perfiles de colores, que me parecen una auténtica vergüenza por parte de los fabricantes.

Si por mí fuera, no hubiera dado el salto... He hecho exposiciones con material químico y material digital, y el trabajo que me ha dado el digital está a años luz del que me daba el químico. Para el diario, sin embargo, ha significado un cambio muy positivo a nivel económico y de tiempo.

Foto: David Airob

¿Con qué equipo trabajáis en La Vanguardia?

Hay gente que va con la Canon EOS-1D y gente que va con la EOS-1D Mark II.

¿Y qué tal con ellas?

La Mark II es un desastre. Las seis que compramos tienen problemas de foco. Una vez se me estropeó la EOS-1D y me dejaron otra, y a los dos días la tuve que devolver porque me desenfocaba mucho. La gente está tan quemada por estos problemas, que creo que si les dijéramos de volver a la película, pocos se lo pensarían.

¿Con qué foto de las que has hecho te quedas?

Te contestaré con una respuesta muy tópica, pero real: yo no me quedaría con ninguna. Te podría decir muchas, pero cada una va atada a un momento.

Foto: David Airob
[Medita un rato] Igual elegiría alguna de algún trabajo personal, pero es complicado. Por ejemplo, para trabajos como el del Candeal convives con esas personas, pasan a tener un nombre... Lo que te transmiten las fotografías es diferente. El chico con el pájaro dibujado detrás se llama Ricardo, y es el amigo Ricardo, no un niño cualquiera de la favela.

¿Y alguna que te hubiera gustado hacer a ti?

Hay un trabajo por el que tengo mucha admiración, de un fotógrafo de Magnum, Luc Delahaye. Se llama Winterreise y es un viaje de invierno por Rusia. Es una preciosidad; un libro muy pequeño, pero como una caja de bombones. Me gusta éste y otro de Carl de Keyzer, también de Magnum, llamado East of Eden, que trata del cambio al capitalismo en la Europa del Este.

Traducida del catalán por Núria Aguadé

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