Opinión

Llueve sobre mojado

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El festival, el premio y la agencia. El fotoperiodismo lo han inventado ellos, y al que se desmarque, un sonoro toque de atención. Tú cardenal, yo papa

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MAR 2016

Los tres fotógrafos de Associated Press tomaban asiento en el escenario de la sala de conferencias del CCCB. Corría el año 2012, y llenábamos aforo plumillas y foteros profesionales del sector, estudiantes, curiosos y aficionados a la fotografía. Amantes todos de la imagen y las historias bien contadas nos dábamos cita un año más en Barcelona para ver la exposición del World Press Photo.

Como es habitual, cada vez que un autor de los galardonados es nacido o afincado en el país se le invita a dar una conferencia en relación a las imágenes con las que ha conseguido el premio del certamen. Aquel año AP contaba con tres profesionales con denominación de origen hispana entre los autores destacados en uno de los grandes concursos fotoperiodísticos del panorama internacional, de los pocos que consiguen sobrepasar el endogámico y ceñido cinturón que sostiene a nuestro sector para que sean los de fuera los que nos miren el ombligo.

Preside la mesa de conferenciantes la figura de Emilio Morenatti, director de fotografía de AP en España y Portugal. Lo acompañan el fotógrafo especializado en zonas de conflicto Bernat Armangué y un joven que se desmarca en la pose y las palabras de sus compañeros de agencia y que a lo largo de la charla llegará casi a la disculpa por estar allí, “entre tanto grande del oficio”.

Daniel Ochoa de Olza es un hombre íntegro, directo, poco dado a las memeces del peloteo, que se dedica en cuerpo y alma a su profesión

No es falsa modestia. Daniel Ochoa de Olza, natural de Pamplona, es un hombre íntegro, directo, poco dado a las memeces del peloteo, que se dedica en cuerpo y alma a su profesión. Sangre y sudor que en un momento dado decidió poner al servicio de una de las agencias más prestigiosas de noticias del mundo.

Las fotografías de Daniel quedaban muy lejos de los campos de guerra. De hecho las hizo sin salir de aquí, pues sus encargos para Associated Press estaban limitados a la geografía española, algo que obligó al fotógrafo a descubrir lo que no conocía y a redescubrir lo que ya había visto retratado cientos de veces.

Durante la presentación los asistentes tuvimos ocasión de ver un pase de imágenes de cada autor. Mis impresiones quedaron verbalizadas cuando se volvieron a encender las luces y mi pareja de entonces me susurró al oído: “Los otros dos son buenos, eso es innegable, pero este chico tiene talento.” Al término de esta conclusión me preguntó si ya le conocía, y avergonzado tuve que reconocer que no, que había visto alguna de sus fotos pero que definitivamente no conocía la envergadura de su obra.

Y es que Ochoa de Olza tiene en su archivo uno de los mayores registros en variedad y calidad de las tradiciones y los ritos de España, documentados con una mirada renovada que no trata de emular ni a los clásicos ni a las fotos de postal. Daniel tiene lo que en esta profesión se tarda años en limar: mirada propia. Eso se traduce en un sello de identidad con el que cada autor se aproxima a un tema. Es una forma de leer las situaciones basada en documentación previa, agilidad visual para resolverlas y puro instinto. Yo entiendo el talento pero desconfío de él. Prefiero llamarlo esfuerzo con resultados.

Le seguí la pista en los años sucesivos, y como es habitual al final te acabas cruzando con otros fotógrafos que lo conocen. En este gremio, con un solo contacto de por medio, siempre habrá quién haya compartido caña o cama. A mí me tocó cama (Daniel no bebe). Se nos unió a un nutrido grupo de fotógrafos amigos, venidos de todas partes, durante el Visa pour l’Image.

El festival anual de fotoperiodismo que tiene lugar cada año en Perpiñán, meca del sector que dirige con mano de hierro el polémico Jean-François Leroy, dejó fuera de su programa expositivo a las obras ganadoras del World Press Photo en su edición 2015. La razón: “Los fotoperiodistas a los que queremos promocionar no meten un flash en un Humvee para iluminar el rostro de un soldado en Iraq. Los fotoperiodistas cuyo trabajo estamos orgullosos de representar no piden a su sujeto que se saque la camiseta y lo iluminan con equipo de estudio para asemejarlo a una pintura holandesa”.

Existe un lenguaje universal gracias al cual puedes incluso llegar a obviar el pie de foto y dejar tan solo una fecha y un lugar: 15/11/2015. París

El festival, el premio y la agencia. Se necesitan. Se apoyan. Se retroalimentan. Son el cuero y la hebilla que hacen meter tripa a los fotógrafos para que ellos puedan sacar pecho y exhibir los diez mandamientos tatuados a mediados del siglo pasado. Y que nadie se pase de listo. El fotoperiodismo lo han inventado ellos, aunque lo hagas tú. Y al que se desmarque, aunque sea uno de los suyos, un sonoro toque de atención. Tú cardenal, yo papa.

Han pasado los meses y a Dani no le he vuelto a ver, pero sigo con envidia la actividad de mis amigos de la capital, sus quedadas con nocturnidad y alevosía a las que él se apunta cuando el ritmo frenético de la agencia se lo permite. Eso no le resta puntos para que su cara sea el icono del grupo a través del cual nos mantenemos en contacto el eje fotográfico Galicia-Madrid-Barcelona, aunque esto último tenga menos que ver con la foto y más con los lazos que creas con los demás. Incluso cuando ya no están.

La sensibilidad y la empatía son dos rasgos que marcan la diferencia en este oficio, en el que parece que lo único que hacemos es darle a un botón y pasar muchas horas frente al ordenador. Esa capacidad de discernir entre afectados y protagonistas de una situación dramática, de saber despejar lo obvio y hallar algo revelador frente a la cámara. La habilidad de crear un lazo de unión entre la escena y el futuro espectador, dando uso a un lenguaje universal gracias al cual puedes incluso llegar a obviar el pie de foto y dejar tan solo una fecha y un lugar: 15/11/2015. París.

Foto: Daniel Ochoa de Olza (AP)
Foto: Daniel Ochoa de Olza (AP)

Dani cubrió para AP los días inmediatamente posteriores al atentado perpetrado en el corazón de Francia en noviembre del pasado año. Sus imágenes dan voz tanto a las víctimas directas de los atentados como a los familiares y amigos. En cada toma está el llanto de la Ciudad de las Luces que las balas intentaron apagar aquella noche.

“París nunca volvería a ser igual, aunque seguía siendo París.” Hemingway lo sabía, Dani lo vio. Y nos lo contó. A nosotros. A los que no estábamos pero lo sufrimos. A los que no perdimos a nadie en concreto y en cambio sentimos que nos arrebataban algo al oír en las noticias cómo las armas automáticas se habían cebado sobre las terrazas del Canal Saint-Martin, agujereando las mesas que alguna vez viste en foto, si no es que tomaste café en ellas. Ese podría haber sido yo. O peor. Podrías haber sido tú y ser yo quien ahora te llore.

Y ya no hace falta más. Basta con la imagen fría de una instantánea previamente tomada, un plano cerrado sobre su protagonista que sonríe desde un tiempo pasado en el que desconocía su final y unas pesadas gotas de lluvia que no puedo ni quiero detenerme a contar.

Lo de leer fotografías es un ejercicio para el que no basta con mirar. El espectador no es estúpido. No finjamos nosotros que lo somos. Editores, jueces, curadores: echadle cojones

Associated Press tomó la decisión de solicitar a la organización del World Press Photo la retirada del tercer premio en la categoría Gente a Daniel Ochoa de Olza. El segundo galardón también es suyo, por cierto, y este parece que no hay Dios que se lo quite.

En el comunicado oficial que hizo Santiago Lyon, director de la sección fotográfica de AP, se apretó un puntito el cinturón a costa de esas fotos, se abrió la camisa de par en par y señaló sobre un pecho henchido el séptimo mandamiento de un ligero color verde moho: “La política de AP sobre la reproducción de fotografías hechas por otros.”

Supongo que en su cuartel general este decálogo no se lleva nunca a debate ni hay cabida para su interpretación, pero una norma pensada para evitar la demanda por derechos de autor no debería ser impedimento, obstáculo ni frontera a la hora de generar una imagen nueva, cuyo punto de vista y elementos añadidos sin la intervención del fotógrafo, ligados a la sensibilidad y la capacidad de entendimiento del autor y el espectador, dan a luz una fotografía que en nada se parece a la fotografiada, que todo el mundo comprende y que yo como fotógrafo admiro.

Los atentados de París estaban representados por su calidad fotográfica unida a un hecho noticioso y de constante actualidad por dos fotógrafos en los World Press Photo. Uno era Dani. El otro, Corentin Fohlen. No quiero quietarle un ápice de mérito al francés, pero miren su fotografía de la manifestación contra el terrorismo y díganme, por favor, qué imagen de entre ambos trabajos les entra a partes iguales por estómago, cabeza y corazón.

La otra mirada en los World Press Photo sobre el terrorismo en París. En este caso se trata de una manifestación posterior a los ataques de Charlie Hebdo. | Foto: Corentin Fohlen

Lo de leer fotografías es un ejercicio para el que no basta con mirar. El espectador no es estúpido. No finjamos nosotros que lo somos. Y esto va para todo el que tenga el poder de decidir si una imagen nos llega o no. Editores, jueces, curadores: echadle cojones.

Para terminar, me permito citar una vez más al amigo de Capa y autor de “París era una fiesta” y otras hazañas de entre copas, como tomar el Ritz a los alemanes con un ejército de cinco hombres. Nos viene a pelo. Igual Dani la conoce, por eso del background de cada uno en sus fotos, y tal: “Cuando las lluvias frías persistían y mataban la primavera, era como si una persona joven muriera sin razón.”

Javier Corso es un fotógrafo documentalista afincado en Barcelona. Actualmente se dedica a la dirección de proyectos transmedia a la cabeza de un equipo de periodistas y profesionales del audiovisual.

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