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Con texto fotográfico

"Volví un año después para saber quiénes eran y qué les había pasado" Daniel Berehulak

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Foto: Daniel Berehulak (Getty Images)
24
OCT 2013
Declaraciones obtenidas por Calvin Dexter

Su pasaporte ha sido sellado en más de 40 países, a los que ha viajado para cubrir desde el juicio a Saddam Hussein hasta el drama de la explotación infantil en la India. Empezó como fotógrafo deportivo, pero fue cuando su ojo miró hacia los conflictos que azotan el mundo cuando su reconocimiento mundial se consolidó. El australiano Daniel Berehulak cuenta en su haber con tres premios World Press Photo y una nominación a los Pulitzer, y sus imágenes son habituales en las cabeceras más prestigiosas. Uno de los fotoperiodistas con mayor proyección internacional, Berehulak da fe en este relato de su empeño por conocer la verdad y su compromiso con la información.

Daniel Berehulak

En julio de 2010 las fuertes lluvias de los monzones en las regiones pakistaníes de Jaiber Pastunjuá, el Punyab, Sind y Baluchistán colapsaron la cuenca del río Indo, que se desbordó provocando inundaciones de proporciones épicas. 20 millones de personas -más que el número de afectados por el tsunami del Índico en 2004, el terremoto de Cachemira en 2005 y el terremoto de Haití en 2010 juntos- vieron destruidas sus casas, cosechas e infraestructuras.

Hubo 2.000 muertos, y durante algunos días una quinta parte del Pakistán estuvo bajo el agua. La falta de agua potable e instalaciones sanitarias provocaron la proliferación de enfermedades de la piel, gastroenteritis y diarreas. También hubo casos de cólera. Algunas zonas del país quedaron totalmente inhabitables. Los efectos de este desastre perdurarán durante mucho tiempo.

Esta foto la hice cerca de Muzaffargarh, en la provincia del Punyab, mientras me encontraba cubriendo las inundaciones. Algunos medios informativos quisieron darle un aire romántico a la imagen afirmando que sus protagonistas eran padre e hijo. Es falso. En aquel momento no pude hablar ni con el hombre ni con el chico. Nos encontrábamos un compañero amigo mío y yo en medio de las aguas, y nuestros traductores y guías nos esperaban en el coche muy lejos de allí. Habíamos tenido que subirnos a la parte trasera de una camioneta para llegar hasta aquel lugar.

La fotografía dejó muchas preguntas en el aire. Eso hizo que volviera al Pakistán un año después. Quería saber quiénes eran aquel hombre y aquel chico. Me pasé varias semanas volviendo sobre mis pasos, junto a un buen amigo también periodista y fotógrafo. Podría decirse que nos embarcamos juntos en la búsqueda del hombre y el chico.

"Algunos medios quisieron darle un aire romántico a la imagen afirmando que eran padre e hijo. Es falso"

Recordaba la zona con mucha claridad, de modo que conducimos siete horas desde Lahore hasta el pueblo en el que había hecho la foto. ¿Vivirían allí? ¿O eran de otro sitio y aquel día simplemente estaban de paso? Decidimos que lo mejor era empezar a buscar en aquel pueblo y preguntamos a la gente, mostrando la foto al mismo tiempo. Nos detuvimos en todas y cada una de las ‘teterías’ de la ciudad. Nadie reconoció ni al hombre ni al chico.

El primer día fue largo e infructuoso. Volvimos al hotel y decidimos que a la mañana siguiente seguiríamos con la búsqueda en el mercado del pueblo. Allí un hombre reconoció tanto al hombre como al chico. Señaló con el dedo la foto, hizo una pausa, nos miró fijamente y entonces echó a correr desapareciendo por entre las calles del mercado. Quizás imaginó que éramos de la ISI [el servicio de inteligencia del Pakistán]. Entonces supimos que íbamos por buen camino y decidimos seguir por allí.

Conducimos por varias carreteras hasta que hablamos con un hombre que nos preguntó si habíamos visitado la tienda de pollos. Nos dijo que todo el mundo compraba pollos allí. Hablamos con el propietario de dicho comercio, pero no nos fue de mucha ayuda. No obstante, en el local vecino había un mecánico que sí reconoció al hombre de la foto. Nos dijo que era su vecino.

Finalmente pudimos hablar con el protagonista de mi fotografía. Resulta que era el abuelo del chico, Mueen, de 12 años. Nos encontramos con ellos en un pequeño restaurante para entrevistarles y hacerles más fotos. Tuvo que pasar un año entero desde que hice la foto hasta que pude conocer la historia que escondía.

Así pues, la foto muestra a Mueen Ibrahim, que por aquel entonces tenía 11 años, asomando la cabeza por detrás de su abuelo Ghulam Qadir, de 53 años. Volvían a su casa en Baseera, cerca de Muzaffargarh, por primera vez después de las inundaciones. Querían ver qué les había deparado el destino y cómo había quedado su hogar después del desastre.

Dos días antes, Ghulam había llevado a su búfalo y sus tres ovejas hasta un lugar más elevado y seguro, y también había evacuado a su familia y propiedades. Aquel día se habían embarcado en un peligroso viaje de vuelta. Ninguno de los dos sabía nadar y temían lo que iban a encontrarse por el camino. Su casa seguía en pie, pero estaba inundada. La cosecha de algodón y azúcar había quedado destruida. Pensaron que habían sido afortunados porque la casa seguía siendo habitable. Me confesaron que Alá les había protegido, aunque ambos temían que se repitiera un desastre de esas características.

Quería descubrir la historia que había detrás de esta foto porque muy a menudo, y en situaciones de desastres, no tenemos la oportunidad ni el lujo de poder reunir todos los datos de una situación en concreto. Es demasiado peligroso quedarse en un lugar o nos topamos con la barrera del idioma. O incluso llegamos a un sitio en helicóptero, documentamos la situación desde tierra y luego nos marchamos. Así fue en el caso de las inundaciones.

Pero yo quería saber quiénes eran esas dos personas y qué les había pasado. Para un fotoperiodista es importante tener esta información, ubicar en un contexto lo que has capturado y tener así una comprensión real de la situación. En este caso sentía que no había hecho todo mi trabajo así que un año más tarde volví para terminarlo.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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