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OpiniónContando píxeles

Bla-bla-bla

 
4
MAR 2013

Siempre he considerado esta columna de opinión perpetrada con puntualidad quincenal como "una reflexión sobre los contrastes fronterizos de la cultura dominante." Aunque a veces también podría pasar por "una crítica a los valores comunes del consumismo posmoderno."

En realidad, todo depende de lo que salga en los dados de esa fabulosa tabla que lleva unos días circulando por Facebook y que permite improvisar un discurso artístico combinando cinco conceptos grandilocuentes y huecos. La fórmula perfecta del humo.

Me acordaba de esta genial "Guía rápida para explicar tu obra en cinco pequeños pasos" hace unos días, paseando por el espacio Arts Santa Mònica (Barcelona) para ver la exposición colectiva "A partir de ahora. La posfotografía en la era de Internet y la telefonía móvil". Fontcuberta y amigos filosofando sobre el futuro de la fotografía. Nada nuevo, en realidad.

Si el pie de foto tiene que explicar la foto tenemos un problema, muchacho

Sigo con las comillas porque mi vulgar prosa no es suficiente para explicar este proyecto. Hablando sobre el impacto de la llegada de la fotografía digital y el "punto de no retorno" en el que nos encontramos, los textos de presentación aseguran que "este nuevo potencial tecnológico tiene unas consecuencias creativas todavía incipientes y ha modificado y puesto en cuestión conceptos clave como la autoría y obra original y ha multiplicado las posibilidades de reproducción y circulación de una manera insospechada." ¿Alguna pregunta?

En realidad no porque, por mucho que el uso masivo de palabras de más de tres sílabas sea un excelente truco para despistar y hacer creer que hay más de lo que parece, no dice nada que no sea evidente. La llegada de los píxeles ha cambiado el panorama creativo, sus posibilidades y sus medios de difusión. ¡Sorpréndete!

De hecho, uno -que es un anticuado- siempre tiende a desconfiar de aquellas creaciones artísticas que necesitan mucha explicación. Digamos que la alarma anti vendehúmos salta muy rápido. Si el pie de foto tiene que explicar la foto, tenemos un problema, muchacho.

¿Se imaginan a Robert Capa soltando un discurso similar para explicar sus fotos del desembarco de Normandía? Se trata de un ensayo visual sobre lo efímero de la vida y la crudeza de la guerra vista a ras de suelo como metáfora de que si levantas la cabeza te vas a comer una maldita bala, idiota. O algo así.

Pero volviendo a la exposición, tras ese texto de presentación es posible toparse con posfotografía en estado puro y cantidades industriales. ¿Qué es la posfotografía? Resumiendo mucho y en plan profano el sesudo discurso que alberga este palabro, la idea vendría a ser: ¿para qué hacer más fotos con todas las que hay?

Recuerdo que la primera vez que hablamos de esto alguien reformuló tan metafísica cuestión. Con todas las personas que ahora mismo estarán haciendo el amor -no lo decía así exactamente, pero somos muy finos y románticos en esta casa-, ¿merece la pena que lo hagamos nosotros también? No sé si se capta la fina ironía.

Algunos de los trabajos expuestos son bastante conocidos y tienen su punto. Por ejemplo, las imágenes de lugares muy fotografiados como el Coliseo de Roma, creadas a partir de la superposición de centenares de instantáneas casi idénticas.

También son populares los trabajos basados en recopilar imágenes curiosas de Google Street View. Si hasta World Press Photo concedió una mención de honor a un proyecto similar de Michael Wolf, que San Magnum nos libre de cuestionar su relevancia. Hablando de Magnum, Martin Parr también anda metido en el ajo.

A partir de ahí comienza un recorrido entre lo que uno no acaba de entender (Roc Herms y su especie de Second Life fotográfico) y lo que directamente parece un chiste: recopilación de fotografías usadas para multar a coches, capturas de pantalla de un karaoke o instantáneas de cámaras web instaladas en diferentes lugares y en las que un pájaro o un insecto se cuelan en la escena.

¿Notan el escalofrío? El arte, amigos. O tal vez sea esa incómoda sospecha de que, tras el discurso grandilocuente, no hay mucho que rascar. En realidad puede que todo sea fruto de mi profunda insensibilidad y desconocimiento con la cosa artística. Y es que con los filósofos fotográficos que no hacen fotografías -que sí, que ya hay demasiadas, que ya lo hemos entendido- me pasa como con los gurús gastronómicos que no cocinan. No me fío.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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