Opinión

Desactualizados

 
3
OCT 2005

No sé si se acuerdan de las cintas de casete. Sí, aquellas que utilizábamos para grabar las canciones de la radio cuando el MP3 aún no se había inventado. Recuerdo que las emisoras de radio solían hacer la gracia de colar ráfagas con su sintonía al principio o final del tema -o incluso en medio-, no sé si para recordarnos que estábamos escuchando esa cadena o para que la grabación de la canción nos quedara con un bonito recuerdo.

Pues bien, resulta que el otro día escuchando la radio me di cuenta de que hay quienes continúan haciéndolo, ajenos a que si alguien quiere una canción, tardará pocos minutos en conseguirla a través de un par de clics de ratón, aunque sea un delito y todas esas cosas que ya sabemos.

En una reciente presentación alguien preguntó si las impresoras ya incorporan algún mecanismo capaz de corregir la evidente falta de calidad de las fotografías digitales

¿No les recuerda esta bonita historia a lo que muchas veces sigue ocurriendo en el sector de la fotografía? No sé si el problema es que la imagen digital va demasiado deprisa o que hay quienes insisten en seguir a lo suyo, como si aquí no hubiera pasado nada y el daguerrotipo -un antecedente fotográfico del siglo XIX- fuera la última innovación del sector.

La verdad es que para ilustrar este caso podríamos recurrir a situaciones de lo más variopintas. Bastaría, por ejemplo, con darse una vuelta por alguna tienda de productos fotográficos de segunda mano. Más de uno ha salido escaldado por los precios que aún se estilan en algunos veteranos modelos y preguntándose si la prensa diaria llega hasta allí.

O mejor aún: la semana pasada, en una presentación con prensa de ésa supuestamente dedicada a este sector -mejor no dar más detalles-, alguien preguntó si las impresoras actuales ya incorporan algún mecanismo capaz de corregir la evidente falta de calidad de las fotografías digitales respecto a las tradicionales. Se lo juro.

Pero me van a permitir que eche mano del original y nunca tratado tema de la fotografía en los conciertos para explicarme mejor. Considerémoslo como un segundo capítulo de aquella diatriba sobre los amantes del flash intensivo que ya fue perpetrada en estas líneas.

Hace unos meses acudí a un recital y los guardias de seguridad me convencieron de dejar la cámara fuera: "Es que es demasiado grande"

Hace unos meses tuve la suerte de acudir a un recital de Silvio Rodríguez en Barcelona. Uno de esos escasos conciertos que el cantautor cubano da por este lado del charco. Así que, inocente de mí, cargue con la cámara por ver si me podía llevar una foto de recuerdo.

En la puerta, algún genio había tenido la brillante idea de colocar a guardias de seguridad que parecían recién sacados de un concierto de Bustamante -por ejemplo- o puestos allí por el mismísimo gobernador de Florida. Nótese la sutil ironía.

En cualquier caso, al ver la bolsa con la cámara me convencieron, con esa cuidada diplomacia que estos muchachos suelen gastar, de que era mejor que la cámara me esperara fuera. Todo un clásico.

El caso es que una vez dentro, curiosamente todo el mundo estaba con su cámara digital entre las manos. Así que cómo aún faltaban unos minutos para que comenzara el concierto y la esperanza es lo último que se pierde, volví hasta la entrada para comentarles la jugada a mis amigos de recepción, en plan chivato repelente.

Una vez soportada mi pataleta -por qué todo el mundo ha pasado con cámara y la mía se tiene que quedar fuera-, me explicaron uno de los secretos mejor guardados por los organizadores de conciertos: "Es que tu cámara es demasiado grande". Tal cual.

Las cámaras son cada vez más pequeñas y el número de imágenes que cada uno toma crece exponencialmente

Por supuesto que de nada sirve entrar en explicaciones sobre lo ridículo del argumento. Entre otras cosas, son los usuarios de compactas los más propensos a utilizar el flash de forma indiscriminada en los conciertos y -por tanto- a incordiar a los vecinos y a los que actúan. Supongo que, como en tanto otros ámbitos, el problema es que la persona encargada de tomar estas decisiones ignora por completo el tema en cuestión.

No sé si el fin último de este tipo de medidas es impedir que la gente saque fotografías. En ese caso, me parece que tienen un serio problema. Aunque todavía no se hayan dado cuenta, no sólo hay mucha más gente con cámara, sino que éstas son cada vez más pequeñas y el número de imágenes que cada usuario toma crece de forma exponencial.

Así que mucho me temo que los que vamos cargando con la mochila, la cámara y los objetivos somos una escueta minoría y el menor de sus problemas.

Claro que igual tampoco se han enterado de que ya han inventado uno teléfonos que también incorporan cámara de fotos. Como dudo mucho que empiecen a requisarlos a la entrada del concierto, será cuestión de comprarse uno de estos; con flash, a ser posible. O una réflex más pequeña, claro.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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