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OpiniónContando píxeles

¡Que viene el 4K!

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MAR 2014

Desde la noche de los tiempos hay dos cosas que aterran a cualquier fotógrafo: que su cuñado se compre una cámara mejor que la suya y que alguien descubra la fórmula mágica para conseguir fotografías decentes a partir de un vídeo. Algo que, calculadora y tijeras en mano, podría suponer la extinción de la especie fotográfica. ¿Quién quiere imagen fija si tenemos toda la secuencia en movimiento y podemos quedarnos con el mejor instante?

Es verdad que esa historia tiene ya unos cuantos años. De hecho, si la amenaza se retrasa un poco más, dará igual, porque tampoco quedará ningún fotógrafo con trabajo para quejarse. Pero, dándonos un optimista margen de cinco años antes de que el último fotógrafo haya sido despedido y sustituido por algún becario con móvil, parece que vamos a tener que hablar mucho del 4K en los próximos años.

La extracción de fotos a partir del vídeo es algo anecdótico en prensa, pero la llegada del 4K podría cambiar las cosas

¿4K? ¿Eso no es lo de los televisiones caros que todavía nadie tiene en casa y lo que los fabricantes se empeñan en meter en sus cámaras y móviles sin que nadie se lo haya pedido ni tenga muy claro para qué sirve? Exacto. 4K, es decir, cuatro veces Full HD. Para entendernos entre nosotros: un vídeo en el que cada fotograma tiene 4096 x 2160 píxeles, unos 8 millones de puntos. Vaya, parece que ahora la cosa sí se pone interesante.

¡Que viene el vídeo, que viene el vídeo!, se escucha desde hace tiempo. Y lo cierto es que, cuando ha hecho falta, ahí ha estado. A falta de fotografía, un fotograma ha llenado más de una vez la portada de los diarios sin que nadie se haya escandalizado ni haya puesto el grito en el cielo por no cumplir los mínimos de calidad exigibles. Y es que ya se sabe que más vale una imagen mala que ninguna imagen. Y una fotografía gratis que una que se tiene que pagar, añadirían muchos.

Aunque hasta ahora su uso es anecdótico y prácticamente reservado para urgencias, la llegada del vídeo 4K podría cambiar las cosas. Canon hace tiempo que viene sugiriéndolo mientras saca pecho con su carísima EOS-1D C. Y con razón, porque ya hemos podido ver cómo impresiones en tamaño A3 creadas a partir de un fotograma extraído de las secuencias 4K que graba esta cámara aguantan perfectamente el tipo ante una instantánea pura y dura.

Es verdad que la EOS-1D C suena tan lejana –cuesta más de 10.000 euros- que como alternativa resulta poco tentadora. Además, Canon tampoco ha hecho demasiado hincapié en un asunto que no gusta demasiado a los fotoperiodistas, colectivo que se halla entre sus principales clientes. Bastante tienen con lo suyo como para andar tocándoles las narices con esto.

Y así estaba más o menos el panorama hasta que Panasonic decidió acercar el 4K a los mortales con una Lumix DMC-GH4 cuyo cuerpo cuesta sólo 1.500 euros. Esto ya es otra cosa.

Aunque a priori siempre se tienda a pensar en ella como una cámara orientada al vídeo, desde Panasonic se insistió mucho en la idea de un modelo híbrido, igualmente válido tanto para sacar fotos como para grabar vídeos. En realidad, esto es algo también aplicable a las generaciones anteriores.

Lo que es nuevo es la grabación de vídeo 4K, y con ella la tentación de aprovechar cualquiera de sus fotogramas como una imagen fija. 24 fotos por segundo de 8 megapíxeles cada una. Así cualquiera capta el instante decisivo de Cartier-Bresson. El discurso de Panasonic en este sentido es idéntico al de Canon, pero la diferencia es que ahora hablamos de una cámara más asequible y llamada a ser mucho más popular que la exclusiva EOS-1D C.

¿Va por ahí el futuro? ¿Podemos irnos ya a llorar a un rincón? Aunque es verdad que es ahora cuando por precio y tamaño de fotograma esa vieja amenaza empieza a tener algo de sentido, es evidente que tampoco resulta muy realista. Porque tener una ráfaga de 24 imágenes por cada segundo implica que habrá mucho donde elegir, pero que habrá que realizar esa selección y gestionar todos esos archivos.

A no ser, claro, que el futuro del fotógrafo no sea sacar fotos, sino elegirlas. Algo así sugería Fontcuberta en esa apología posfotográfica de la que siempre hablo. Eso sí que es aterrador.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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