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OpiniónContando píxeles

Quince años de fotoperiodismo ciudadano... ¿Y qué?

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SEP 2014

Durante los próximos días vamos a hablar mucho de nuevas cámaras, sensores de formato completo, compactas que prometen ser –ahora sí- la cámara definitiva, ruido, Wi-Fi… En fin, lo de siempre. Y es que mañana comienza Photokina 2014 en Colonia, y hasta aquí nos hemos venido para pasar unos días y por aquello de no perder las tradiciones.

Como antídoto a la sobredosis de megapíxeles y canapés que nos espera, este pasado fin de semana un servidor se escapó a Perpiñán para aprovechar los últimos días de Visa pour l’Image. No era la intención, pero al final ha resultado ser un estupendo tratamiento de choque para poner un rato los pies en la tierra y recordar que todos esos trastos de los que nos pasamos el día hablando sirven para eso: para hacer fotos y contar algo.

Historias de guerras de rabiosa actualidad o de conflictos enquistados que ya no merecen ni cuatro líneas en los medios. Fotos de los rincones más oscuros del planeta –las minas de Mongolia, la guerra eterna en el África Central, una cárcel de Venezuela controlada por los reclusos- a los que alguien decide ir cámara en mano y jugándose el tipo. Ir, fotografiar y contar. Periodismo, vaya.

La mayoría de medios prefieren una foto mediocre y gratis que pagar a alguien para que la haga

Así que con la guía de Quesabesde bien apredida para no perdernos lo mejor de esta edición de Visa, hicimos esta ruta por lo mejor del fotoperiodismo actual. Un paseo en el que todo es nuevo pero en realidad nada lo es. Una sobredosis de realidad de esas que te abofetea la cara. De eso se trata al fin y al cabo.

Para taparnos durante un rato los ojos tal vez podríamos hablar de la saturación de algunas fotos, del viñeteo de otras… En fin, esos temas recurrentes que nos llevan a dedicar horas a hablar del RAW de turno en lugar de los protagonistas de la foto.

No obstante he de confesar que, viendo el repaso a las instantáneas de la guerra del Vietnam –una de las cuales comentaba su autor la semana pasada para Quesabesde-, resulta imposible no realizar dos apuntes de insoportable listillo tecnológico: hace décadas nadie estaba tan obsesionado por el enfoque y la nitidez de las fotos ni por un blanco y negro tan potente. ¿Moda? ¿Simple reflejo de las posibilidades de las cámaras actuales? ¿Nuestros ojos se han acostumbrado a eso y hay que conseguir llamar la atención de algún modo?

Pero de entre todas las exposiciones llama la atención la titulada “Amateurs en portada”, una recopilación a cargo de Samuel Bollendorff y André Gunthert con una treintena de instantáneas que no fueron hechas por fotógrafos pero que llegaron a la portada de los principales medios.

¿Un arriesgado ejercicio de reivindicación del fotoperiodismo ciudadano en la que durante estos días ha sido la capital mundial del fotoperiodismo profesional? Leyendo las explicaciones de los comisarios de la exposición, no parecen ir por ahí los tiros.

Han pasado 15 años –explican- desde que la revolución tecnológica y los móviles pusieron en manos de muchas personas una cámara y las redes sociales la posibilidad de difundir esas fotos. Pero “todo el mundo no se ha hecho fotógrafo de repente”, recuerdan. Y es que, echando la vista atrás, desde 2001 solo esas pocas fotos seleccionadas han conseguido llegar a la primera página.

Las imágenes en cuestión son de sobra conocidas, y una decena de ellas ya fueron recopiladas hace un año en Quesabesde: desde el Concorde en llamas hasta Gadafi muerto o Saddam Hussein con la soga al cuello. La mayoría carecen de una calidad mediamente decente para ser impresas o son simples capturas de un vídeo, pero son imágenes únicas y de ahí que nadie se pusiera quisquilloso en su día con su calidad. La mejor foto es la que hay; sobre todo si es la única.

¿Dónde está esa amenaza para la profesión que iba a suponer el periodismo ciudadano?, se preguntan en alto en esta muestra. Razón no les falta, a la vista de las portadas. Pero se trata de un análisis un tanto optimista y que pasa por alto un detalle importante: estamos en Visa pour l’Image, primera división del fotoperiodismo internacional.

No es aquí donde el periodismo ciudadano puede suponer una amenaza, sino en los pequeños temas locales. En los diarios que han echado a la calle a sus fotógrafos de plantilla para, en el mejor de los casos, invitarlos a trabajar como colaboradores externos, y en los peores, dar cámaras a los redactores o pedir fotos a los ciudadanos.

Es ahí donde está la amenaza real, en las páginas interiores y en los sueldos y condiciones que se imponen a periodistas y fotógrafos, no en las grandes historias de las grandes agencias ni en esa foto única.

Quince años de fotoperiodismo ciudadano puede que no hayan dado muchas portadas, pero nos han enseñado que la mayoría de medios prefieren una foto mediocre y gratis que pagar a alguien para que la haga.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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