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OpiniónContando píxeles

Los "Pequeños Nicolás" de la fotografía

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NOV 2014

España tiene un nuevo héroe. Se llama Francisco Nicolás Gómez Iglesias, y desde hace unos cuantos días ocupa titulares y chistes con el nombre de “Pequeño Nicolás”, en referencia a ese entrañable personaje creado por René Goscinny. Y es que éste es un país muy dado a reírles las gracias a estafadores y cabroncetes en general mientras se multa a quienes buscan comida en los contenedores. Demagogia le llaman a esto los liberales de turno.

Así que mientras nosotros nos enteramos de los desmanes de este joven entrepreneur, mientras los que salían en sus fotos ponen distancia y mientras sus compañeros de negocio asimilan que les han clavado el timo de la estampita, por lo visto las televisiones ya se lo están rifando.

¿A alguien se le ocurre mayor nicolasismo que esos premios pensados para sacar los cuartos a japoneses agradecidos y directores de marketing?

Y es que el “Pequeño Nicolas” no es solo el nuevo patrón de los caraduras, sino también un ejemplo más de que con mucho morro y poca vergüenza se puede llegar lejos. De que el currículo y lo de trabajar es cosa de pobres y pringados si sabes posar en la foto y estar cerca de los que manejan billetes y sobres. De que la cultura del pelotazo y la gomina sigue gozando de muy buena salud. Lo dicho: un nuevo héroe.

En realidad todos conocemos a algún “Pequeño Nicolás” de la vida, porque si de algo vamos sobrados en este país es de listos. Aquel delegado de clase con ínfulas de presidente de la comunidad de vecinos. El encargado de planta erigido en pequeño emperador frente a sus compañeros. El mierdecilla que culpa a los débiles –por encima de sus posibilidades y tal- mientras brinda y da palmaditas en la espalda a los que sacaron tajada del asunto. El que siempre sabe un atajo, a qué cámara tiene que mirar y qué lomo acariciar.

Presuntos cracks hechos a sí mismos –eso se creen y de eso presumen- para los que las normas o los impuestos son de perdedores porque a ellos nadie les va a decir cómo hacer las cosas o por dónde adelantar.

Es cierto que a veces se les va el asunto de las manos, se lanzan conscientes de la impunidad que les rodea y acaban metiendo la pata por pequeños detalles como falsear informes o estafar unos cuantos miles de euros al que se creyó sus milongas. Pero unos meses de cárcel no son nada comparado con la adrenalina, las juergas vividas, y las portadas y autobiografías que esperan. ¿Verdad, campeón?

Nuestro querido “Pequeño Nicolás” juega en primera división y estaba a punto de pasar a la Champions de Bárcenas y compañía cuando le han pillado. Pero por debajo hay una manada de aspirantes a Nicolás que despliegan su particular estilo allí por donde pasan. Y sí, el mundo de la fotografía y la tecnología no es una excepción.

Así que mientras cada uno va pensando en algún “Pequeño Nicolás”, repasemos juntos algunas pistas para localizarlos. Empezando por lo evidente, claro. Porque, ¿a alguien se le ocurre mayor nicolasismo que todos esos premios de vieja o nueva estirpe pensados para sacar los cuartos a japoneses agradecidos y directores de marketing que prefieren no quedar mal?

Ya lo dice el “Pequeño Nicolás”: lo importante no es la foto, sino aparecer siempre en ella al lado de los que mandan

Si Nicolás se asomara por aquí, no dudaría en aplaudir orgulloso a todos esos que cada año pasan la hucha a las compañías y les dicen a sus lectores cuáles son las mejores cámaras o trastos del momento sin siquiera haberlos tocado.

Nicolases en formato de nuevos o veteranos vendehúmos. Gurús e influencers que abanderan su lista de contactos y logros pasados o presentes para ver si alguien les compra ese supuesto poder prescriptor que se atribuyen pero que nunca nadie se molestó en comprobar. En realidad, cuando los focos se apagan y la cámara mira para otro lado, todos sabemos lo que hay: que es un camelo, que a nadie le importan esos tweets vendidos a peso y que las mayúsculas y el lenguaje altisonante solo provoca bostezos y risas a partes iguales.

Pequeños nicolases creadores de imperios 2.0 con más humo y SEO que contratos y sueldos dignos para blogueros que sueñan con ser mileuristas. Ellos, en secreto, admiran a este Nicolás como antes de ayer adoraban a Jenaro García y su Wi-Fi. Les ríen sus travesuras, que disfrazadas con tecnología y networking no dejan de ser el mismo caciquismo de siempre. Son al fin y al cabo Pantojas y Marbellas, pero con bitcoins en lugar de billetes de 500 euros en bolsas de basura.

Fotógrafos que ya no recuerdan cómo se sujeta una cámara pero que tampoco les importa demasiado porque están en la agenda de los que deciden premios, exposiciones y partidas presupuestarias. Artistas conceptuales en busca de coleccionistas incautos, del próximo pelotazo o de la siguiente subvención. Charlatanes, conferenciantes y maestros a los que por lo visto nadie les dijo que no sabían enseñar. O sí, pero, como Nicolás, pensaron que vale, que bien, pero que mientras cuele, que les quiten lo facturado.

Aspirantes a vivir del cuento en versión fotográfica, a aprovechar la penúltima moda (“Cupcakes & selfies”, el taller) y en general a recordarnos que ellos son los listos y nosotros los idiotas que seguimos intentando pagar la hipoteca dándole a la tecla o al obturador.

Ya lo dice el “Pequeño Nicolás”: lo importante no es la foto, sino aparecer siempre en ella al lado de los que mandan.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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