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OpiniónContando píxeles

Obsolescencias programadas y otras conspiraciones

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JUN 2014

Bienvenidos a la nave del misterio. Esta semana hablaremos de una de las conspiraciones más maquiavélicas del planeta. ¿Las estelas químicas (chemtreils) con las que nos fumigan los reptilianos desde aviones comerciales? ¿El cónclave secreto de las farmacéuticas para que ningún estudio demuestre los beneficios de esas bolitas de azúcar vendidas a precio de uranio enriquecido? Peor aún: la obsolescencia programada.

A estas alturas casi todo el mundo sabe de qué se trata y ha visto un par de documentales sobre el tema, pero por si hay algún despistado, digamos que es la oscura trama de los fabricantes para que nuestros gadgets y demás trastos electrónicos dejen de funcionar y nos veamos obligados a renovarlos. No es que quieras ese iPhone 6 o esa Sony A7S que todavía no están a la venta; es que los necesitas porque lo que tienes ahora está a punto de estropearse. ¿Verdad que sí?

Como ocurre con todas las conspiraciones hay cierto porcentaje de realidad y un alto contenido de paranoia. Y todo muy disuelto (como en la homeopatía: chiste redondo) con algo de verborrea para que suene creíble. No es que los trastos tengan una fecha de caducidad o un chip secreto para dejar de funcionar pasado cierto tiempo, pero sí es verdad que los fabricantes no se esfuerzan demasiado en hacer las cosas reparables o los componentes sustituibles para poder darle una nueva vida al aparato en cuestión. O al menos no para que el usuario medio sea capaz de hacerlo.

Del mismo modo que el “pues a mí me funciona” no sirve para demostrar los resultados médicos de las flores de Bach combinadas con la biodanza, los fallos puntuales no justifican una gran conspiración secreta

Pero eso es una cosa y otra muy distinta es decir que las cámaras digitales –por hablar de algo de lo que se supone sabemos- padecen esta infección secreta de la obsolescencia programada. “Los sensores digitales están programados para durar unos 250.000 disparos”, aseguraba hace unos días Joan Fontcuberta en una de sus conferencias mientras comentaba el proyecto de un artista: realizaba esa cantidad de fotos con una cámara y después las colocaba juntas creando una especie de collage. Todo muy conceptual.

No sé si se refería a los obturadores de las cámaras -en ese caso 250.000 disparos es una cifra muy optimista y reservada para los modelos más profesionales- o es que simplemente esa teoría de la caducidad programada ligaba bien con el proyecto en cuestión. Una lástima, eso sí, porque mucho nos tememos que eso de la obsolescencia programada de los sensores es mentira.

También nosotros teníamos nuestras dudas, así que hicimos lo que se hace en estos casos. ¿Buscar en la Wikipedia? ¿Pedir dinero a algún grupo masón a cambio de nuestro silencio? También, pero sobre todo investigar un poco, preguntar a los expertos en la materia y comparar una cámara recién sacada de la caja con una con miles de disparos a sus espaldas. Conclusión: según todos los indicios, no existe desgaste ni caducidad en los sensores digitales.

Pues a mí se me ha estropeado la cámara y no tiene ni dos años, estará pensando más de uno. Claro. Las cámaras, como cualquier aparato electrónico, se estropean. Y las piezas mecánicas se desgastan y tienen cierta vida útil. Pero lo mismo que el “pues a mí me funciona” no sirve para demostrar los resultados médicos de las flores de Bach combinadas con la biodanza, los fallos o problemas puntuales no justifican una gran conspiración secreta. Que -eso sí es cierto- sería mucho más divertido y nos ahorraría muchas explicaciones.

Sobre todo a la hora de autojustificarnos cuando, un año después de habernos comprado la última virguería del mercado, ya creemos que se nos ha quedado pequeña. Que nuestra cámara cojee a 6.400 ISO y ahora haya trastos que ni se despeinan a 12.800 ISO no es obsolescencia programada: es evolución tecnológica.

Así que, posiblemente, lo más parecido a una obsolescencia programada que existe son en realidad nuestros hábitos de consumo tecnológico. ¿De verdad alguien ha sustituido la cámara porque el sensor ha dejado de funcionar? ¿Cuántos han cambiado de modelo por un fallo irreparable y no porque, en tres o cuatro años, la renovación generacional es de lo más tentadora?

Aunque igual resulta difícil de creer, por ahí hay gente con un iPhone 3G que funciona más o menos bien –o tan bien como el primer día, solo que le metemos más cosas que el primer día- y con cámaras de hace unos cuantos años cuyo sensor sigue en perfecto estado de salud. Pero, claro, ellos no quieren que lo sepamos. Así que asegúrense de ajustarse bien a la cabeza sus gorros de papel de plata para que no nos descubran.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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