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OpiniónContando píxeles

Consejos de supervivencia para charlas fotográficas estivales

 
18
JUL 2011

Pasarse el verano hablando de la prima de riesgo, el segundo rescate de Grecia o la santa madre de Moody's y compañía puede acabar resultando bastante cansino. Quizás sea sugerente al principio, pero agotados los exabruptos y la enumeración de orificios por donde pueden meterse algunos los recortes sociales, el tema se agota rápido.

Pero que no cunda el pánico: la fotografía es otro gran recurso para llenar las largas sobremesas estivales, el letargo en la playa o piscina y las cañas del mediodía. El problema es que, por mucho que nos guste hablar de cámaras y demás, el tema está tan plagado de lugares comunes que, si no nos preparamos correctamente, puede que acabemos a guantazos o dejándonos de hablar con el cuñado de turno.

Pero eso tiene fácil solución. Basta con llevarse bien aprendidas unas cuantas respuestas cortantes para zanjar rápidamente la charla y, si fuera menester, cerrar unas cuantas bocas.

Por ejemplo, ¿cuántas veces ha escuchado aquello de "fotografía de verdad es la que se hacía con película"? Es un clásico entre los clásicos. Respire hondo y suelte algo así como que está totalmente de acuerdo. De hecho, añada: "Llevo toda la vida revelando y positivando yo mismo los carretes, porque llevarlos a la tienda es de nenas". Y remate con "el problema es que, dado lo contaminantes que resultan los químicos y como no soy un capullo sin conciencia ecológica, he decidido pasarme a digital". Jaque mate.

Si por un casual la apología de lo químico viniera de un "gafapasta" con camisa de cuadros y armado con una Lomo, podemos optar por un ataque diferente. "¿Una Holga?", suéltele con su mejor tono de desprecio. "¿No te has enterado de que ahora lo que se lleva es la Harinezumi?".

Casi igual de peligrosos son los "fanboys" de cualquier marca. Además, la Ley de Murphy dice que, sea cual sea la cámara que lleves encima, siempre acabarás charlando con un "hooligan" de otra firma. "Ah, una Cakony. Pues las Olytax son mucho mejor."

Remedio infalible: cinta negra sobre el nombre de la cámara. Al menos así su interlocutor tendrá que pasar unos minutos intentando averiguar cuál es. Si, pese a ello, insiste, recurra a una de esas frasecitas odiables pero efectivas: "Las fotos las hace el fotógrafo, no la cámara."

Mucho cuidado si se topa con una de las especies más temibles: el listo. Un pequeño comentario puede ser la antesala de horas de soporífera conversación. En realidad, no tiene ni puñetera idea, pero se acaba de enterar de lo que es una EVIL y está insoportable con el tema. Puede que le dé por defender las réflex de toda la vida o que considere que los espejos son lo de menos. Por si acaso, lo mejor será atacar por el flanco que menos se espera.

Basta con aprenderse bien unas cuantas respuestas cortantes para zanjar cualquier charla fotográfica de verano

"Ya, es que yo prefiero los módulos integrados del sistema GXR de Ricoh." Entre que busca en la Wikipedia lo que es, comprueba cuánto de lo que ahí se dice es correcto y se entera de cómo funcionan, seguro que ya ha pasado el verano.

Especialmente molesto resulta también el espécimen que, nada más vernos con una cámara de cierto volumen en las manos, dirá algo así como que "con ésa cualquiera hace buenas fotos". Aunque la primera reacción sea proponer un intercambio de cámaras y jugarse una cena en El Bulli a que no consigue sacar ni una sola toma decente, cuidado: los tontos tienen suerte y nunca se sabe cuándo un disparo al azar puede acabar siendo un churro aparente.

En lugar de un ataque directo, mejor darle la vuelta a la tortilla: dele la razón y, mirando con cierta cara de pena su cámara, insinúele en voz baja que no se explica cómo hay gente capaz de gastarse el dinero en trastos como ése. "Y encima seguro que te ha costado un montón. Nada, la próxima vez dime y ya te recomiendo yo algo en condiciones." Efectivamente, la humillación es siempre la mejor defensa.

También puede darse el caso contrario: nuestra humilde compacta de segunda mano contra el orgulloso dueño de una EOS 5D Mark VI equipada con un 300 mm f4. En realidad, siempre la usa en modo automático y se la compró porque era lo más caro que tenían en El Corte Inglés aquel día -lástima que no les quedara la Leica S2, piensas mientras mascullas algo de margaritas y cerdos-, pero ya se sabe que la vida es terriblemente injusta.

¿Qué hace en un caso así un tío elegante? Mirar con cierta admiración el susodicho teleobjetivo y comentar que Freud seguramente tendría mucho que decir al respecto.

Los pesados del móvil también son una plaga a evitar. "¿Para qué tanto peso si yo con el teléfono hago unas fotos estupendas?", es su cansino lema. De nuevo, las explicaciones técnicas son lo de menos, así que una mentira piadosa, y asunto resuelto: es que en National Geographic me piden archivos RAW de 16 bits, y creo que tu móvil no hace eso.

Pero, sin duda, el peor escenario que nos podemos encontrar es que alguien llegue a la misma reflexión que tantos y tantos blogs de fotografía: quien tiene una cámara es automáticamente fotógrafo, analista de producto y un experto gurú de este mercado.

Así que, cuando escuche la más temida de las preguntas ("¿qué cámara me compro?"), no salga corriendo. "Mejor míratelo en QUESABESDE.COM", responda. Son un poco de [añada aquí la marca que prefiera], pero suelen dar buenos consejos.

Sin ir más lejos, esta sencilla guía acaba de salvarle de un verano de infernales charlas fotográficas. Así que ya no hay excusa para no volver con buenas fotos bajo el brazo y las pilas cargadas, que lo que queda de año se adivina bastante movido por este sector.

Además, sean optimistas: por muy mal que vayan las cosas este verano no sonará tanto el puñetero Waka Waka. Algo es algo.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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