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10 consejos para mejorar tus proyecciones de fotos

 
13
NOV 2009

Fotos listas. Proyección a punto. Público impaciente. Aunque nos pueda parecer que lo tenemos todo bajo control, el coste que en ocasiones pagamos por proyectar nuestras imágenes con un lenguaje más sofisticado es el de que todo se vaya al traste en el peor momento: el de la proyección. He aquí algunas recomendaciones para mejorar nuestras presentaciones audiovisuales de fotos y evitar problemas técnicos de última hora.

Lo primero que debemos hacer es realizar copias de nuestras fotos con un tamaño que no supere los 1920 píxeles de ancho y 1080 de alto, que es la máxima resolución que soportan los sistemas audiovisuales con capacidad para reproducir vídeo Full HD. Sin embargo, lo común es que nunca lleguemos a trabajar con imágenes de ese tipo (a no ser que nuestras fotos tengan una proporción panorámica de 16:9).

Los archivos en formato JPEG deben ser de 8 bits y tener un perfil de color sRGB, compatible con la inmensa mayoría de televisores, monitores, y proyectores. Es importante tener esto en cuenta para que las fotos luzcan un color más o menos previsible durante la proyección.

No conviene comprimir la imagen más de un 85%, y los archivos resultantes no deberían superar el megabyte de tamaño, suficiente para que podamos trabajar con ellos fluidamente al montarlos o proyectarlos. Para nombrarlos, debemos seguir la pauta de usar un sistema numérico o alfabético, y de este modo aparecerán organizados en el orden adecuado dentro de la carpeta que los contenga.

Una vez que tengamos estos archivos, ya pueden ser proyectados directamente utilizando un programa básico, como Vista Previa de Mac OSX o el Visor de Imágenes de Windows. Puede parecer una opción excesivamente básica, pero nos garantiza que probablemente nada fallará. La inmensa mayoría de los ordenadores disponen de estas utilidades u otras similares.

Una opción más avanzada es usar las funciones de proyección de imágenes de un catalogador básico -como Picasa- u otro más avanzado -como Adobe Photoshop Lightroom. Sin embargo, esta opción sólo es válida si usamos en la proyección nuestro propio ordenador con el programa adecuado.

Si nos decantamos por montar nuestras imágenes en forma de vídeo, hay que tener en cuenta el formato de salida. Lo mejor es usar un programa "ligero" para el montaje. En Windows y Mac, una buena opción si buscamos un resultado básico puede ser la versión 3.5 de Picasa, que permite hacer vídeos con presentaciones de fotos con gran sencillez.

Si buscamos algo más sofisticado Adobe Premiere Elements en Windows e iMovie en Mac son dos opciones perfectas. Lo mejor es usar transiciones sencillas entre las fotos y no abusar de artificios innecesarios en el montaje, como efectos que alteren la apariencia de las fotos o unos títulos de crédito demasiado barrocos.

En este último caso, las tipografías Helvética y Arial siempre son una apuesta segura. Conviene tener en cuenta que el tamaño de las letras guarde correlación con el de las pantallas que usemos al proyectar, de manera que el texto no se vea demasiado grande ni sea tan pequeño que resulte ilegible.

Si usamos una pantalla con unas proporciones de 16:9, nuestras fotos verticales perderán mucho. Para evitar que los formatos horizontales desluzcan esas imágenes podemos hacer un montaje en el que dos fotos verticales aparezcan juntas en la pantalla. Lo mejor es realizar un fundido entre una y otra de forma que sólo una de las fotos aparezca en la pantalla con una opacidad máxima.

Foto: Ramón Peco (Quesabesde)

Si queremos usar una banda sonora, deberíamos tener un archivo preparado en MP3. Si se trata de varios cortes, lo mejor sería que éstos vayan unidos en un mismo archivo para evitar que tengamos que cambiar de tema en el reproductor del ordenador. La elección de una buena banda sonora es clave, pero debemos tener en cuenta si ésta determina drásticamente el montaje o es un simple acompañamiento.

Realizar una proyección de fotos no quiere decir que recurramos a un pase monótono de imágenes en las que todas aparezcan el mismo tiempo en pantalla. Podemos realizar una proyección con un ritmo similar a un videoclip, aunque evidentemente no es sencillo lograr un buen resultado. Un buen ejemplo es la película "Por el Río de la Vida", en la que se muestran las fotos que componen el proyecto fotográfico del mismo nombre desarrollado por el fotógrafo Manolo Toribio.

Almacenar todas las fotos de la proyección en la red es recomendable porque podremos acceder a ellas en cualquier momento (o casi), algo muy útil cuando un soporte físico falla. Incluso podemos realizar proyecciones desde una galería on-line, aunque es una opción arriesgada porque puede haber fallos puntuales en la conexión a Internet. Si pese a ello optamos por esta solución, una buena opción es usar Flickr. Si almacenamos las fotos en un álbum de esta red social, podemos reproducirlas con una gran calidad y a pantalla completa.

Foto: Ramón Peco (Quesabesde)

No es descabellado optar por una solución mixta en la que realicemos un montaje en vídeo, colguemos otro en Internet y organicemos una carpeta con las fotos en formato JPEG según lo ya explicado (y llevemos en la misma la banda sonora preparada). Si tenemos las tres opciones listas, es muy difícil que el equipo que esté a nuestra disposición no nos permita proyectar las fotos, sea de una forma u otra.

Antes de comenzar la proyección, conviene realizar pruebas exactamente en las mismas condiciones en las que se realizará, asegurándonos de ver el proyecto completamente para evitar sorpresas desagradables durante el metraje. No vale visionar sólo los primeros segundos. Si algo no funciona, podemos subsanarlo a tiempo. El ensayo es clave.

El gran fotógrafo Ivo Saglietti decía recientemente en el Seminario de Fotografía y Periodismo que dirige Gervasio Sánchez en Albarracín que un buen reportaje fotográfico no debe de tener más de 15 ó 20 fotos. No conviene excederse con el número de fotos que vayamos a proyectar, pues de lo contrario saturaremos al público y nuestras mejores instantáneas pasarán desapercibidas. Y si somos capaces de contar una historia con nuestra proyección, mejor que mejor.

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