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10 consejos para fotografiar a esos locos bajitos

 
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NOV 2009

Niños... Si hay alguna disciplina fotográfica que resulte tan divertida como difícil, ésa es la que tiene que ver con esos locos bajitos. Dejarse llevar por ellos para seguir con la cámara sus juegos y expresiones nos garantiza tomas frescas y espontáneas. Pero nada mejor que tener en cuenta algunas pautas -y algunos truquillos- para obtener mejores resultados, tanto en fotos planeadas como en instantáneas casuales.

Antes de fotografiar a cualquier niño, es imprescindible contar con el permiso expreso de sus padres, tutores o responsables en ese momento. Incluso antes de sacar la cámara. Si no lo hacemos, nos llamarán la atención, y con toda la razón del mundo. Y si no nos conceden el permiso, mala suerte. Gracias y adiós.

Foto: Martín Gallego

Hay que tener paciencia, ya que muchos niños no atienden a las indicaciones del fotógrafo. Si nos disponemos a sacarle fotos a un bebé en interiores, tenemos que crear las mejores condiciones ambientales posibles: que la temperatura sea agradable, que no haya mucho ruido y que la luz sea suave.

Foto: Martín Gallego

Es recomendable en estos casos utilizar distancias focales estándares o teleobjetivos cortos. Si trabajamos con una réflex, podemos optar por un objetivo luminoso de 50 milímetros (focal que se transforma en 75 milímetros cuando el sensor es de tamaño APS-C).

Con críos un poco mayores es más fácil interactuar. Tras una breve sesión de fotografías -digamos- serias, es buena idea que un adulto les haga reír para captar expresiones más variadas. Jugar a que esta persona se esconda detrás del fotógrafo hará que el niño sonría, e incluso podremos inmortalizarlo mientras mira a cámara.

Foto: Martín Gallego

El punto de enfoque ha de ser, principalmente, el ojo más cercano a la cámara, aunque ya sabemos que las reglas están -a veces- para saltárselas. Si no tenemos más remedio que utilizar el flash, rebotémoslo siempre que la cámara lo permita contra el techo o la pared.

Foto: Martín Gallego

Es aconsejable colocar un filtro UV en el objetivo. Ya van no sé cuántas veces que he tenido que limpiarlo de babas, chocolate y demás sustancias viscosas.

Foto: Martín Gallego

Un punto de vista picado resalta la pequeñez de los niños. Si además es una toma cercana y con angular, su cabeza aparecerá muy grande. Un recurso efectista, sí, pero que muchas veces queda como una simple caricatura.

Foto: Martín Gallego

Un punto de vista contrapicado les hace gigantes, y a ellos esto les encanta. Para tomas informales funciona muy bien, aunque la cámara a ras de suelo corre cierto peligro con críos cerca...

Foto: Martín Gallego

La forma más recomendable para retratar a un niño es situando la cámara a la altura de sus ojos. La toma resultante es más directa y digna, ya que le vemos antes como una persona que como un niño.

Foto: Martín Gallego

Cuando hacemos fotos de grupo se complican las cosas. Aquí ya da igual la edad que tengan y cómo se comporten. Son niños, y lo mejor será que nos dejemos llevar y que la sesión se convierta en un juego. Pedirles, por ejemplo, que se hagan pasar por mayores o que posen como modelos o como su ídolo de la tele son maneras de controlar la situación y obtener fotos divertidas.

Foto: Martín Gallego

Un zoom corto que abarque desde un angular a un tele moderado (como el típico objetivo de 18-55 milímetros que suele venir con las réflex de gama media y baja) es la elección adecuada para no perdernos ningún detalle.

Foto: Martín Gallego

No es buena idea enseñarles cómo ha quedado la primera foto que hagamos, porque lo pedirán también en la segunda, y en la tercera, y en todas las que vengan. Lo mejor, siempre que podamos, es mostrarles la pantallita de la cámara sólo al terminar la sesión (o bien pactar un intermedio para ver las fotos y comer unas chuches, que a todos nos gustan).

Foto: Martín Gallego

Cuando varios niños están inmersos en alguna actividad, como un festival de fin de curso o construyendo castillos de arena en la playa, es buena idea mezclarnos con ellos, situarnos a su altura e ir tomando imágenes de sus expresiones, tanto a nivel individual como de grupo.

Foto: Martín Gallego

Si estamos atentos a la escena y conseguimos fotografiar el instante idóneo (la severa mirada de un niño cuando ve que otro pretende "robarle" su pala y su cubo), nos llevaremos una buena imagen. Para este tipo de situaciones podemos utilizar una focal de entre 100 y 150 milímetros que nos permita situarnos a cuatro o cinco metros de la escena.

Foto: Martín Gallego

En grupos de niños mayores -y siempre que tengamos confianza en ellos- podemos dejarles la cámara para que se fotografíen unos a otros. Las barbaridades que hacen frente a su amigo difícilmente las harán cuando detrás del objetivo se esconde un adulto. Claro que de esas fotos ya no seríamos los autores.

Tanto si las fotos que hemos tomado son preparadas como casuales, hay que hacerles llegar los archivos o las copias -por lo menos las mejores- a los padres o responsables de los niños. Es una manera sana de practicar la ética fotográfica, y también de asegurarnos su colaboración en otra ocasión, por si las moscas.

Foto: Martín Gallego
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