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10 consejos para fotografiar alimentos

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29
MAR 2011

Aunque podría parecer que la fotografía de alimentos se rige por los mismos principios que la de un bodegón convencional, el tipo de producto con el que trabajamos obliga a prestar atención a ciertos aspectos. Dar prestancia al alimento a retratar y cuidar bien la iluminación es la base sobre la que se escribe el guión de esta película. Ahí van diez consejos para quienes quieran dar sus primeros pasos en esto de la fotografía culinaria. (Un consejo preliminar: no se lean el artículo con el estómago vacío.)

La elección y preparación del alimento -protagonista indiscutible de la toma- son fundamentales. Siempre hay que buscar el mejor producto posible, aquel que resulte apetecible a primera vista, tanto si es un plato conocido como un alimento crudo. Para conseguirlo vale cualquier cosa, así que habrá que olvidarse de que lo que vamos a retratar sea necesariamente comestible.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)
Touriño prepara un bodegón durante un taller de fotografía de alimentos.

Es importante disponer de varias muestras de un mismo alimento por si hay que sustituirlas durante la sesión fotográfica. Del mismo modo, cuando preparemos el bodegón y su iluminación es recomendable utilizar elementos ficticios que sustituiremos por los productos reales en el último momento.

Foto: Enrique Touriño

Los vegetales y las frutas son una buena elección para empezar a practicar. Lucen colores muy potentes y precisan muy poco estilismo. Basta con sumergir una lechuga un buen rato en agua, rociar un tomate con gotas de agua o aplicar un poco de cera a una fruta para que dé sensación de frescor. La luz hará el resto.

Los alumnos aventajados pueden atreverse con los alimentos enlatados. Conseguir materia prima en condiciones (mejillones que resulten apetitosos a la vista, por ejemplo) no siempre es fácil, y además las fotos de los propios envases ya nos van a poner el listón muy alto. En general, los productos elaborados y congelados resultan más difíciles de fotografiar porque sus colores y texturas están mucho más apagados. Siempre es preferible, por tanto, optar por fotografiar alimentos frescos.

Foto: Enrique Touriño

Si en la foto aparecen vegetales (como principales elementos o a modo de atrezo), tenemos que procurar mantenerlos frescos a pesar del calor generado por la iluminación. Un cuenco con agua durante la preparación del bodegón (o incluso convenientemente camuflado cuando realicemos la foto) puede ser suficiente para ello.

Un detalle que hay que cuidar mucho es la base o el plato sobre el que va a aparecer el alimento que estamos retratando. En muchas ocasiones, una superficie como un trozo de pizarra, una placa cerámica o una madera pueden ejercer de plato y contribuir a resaltar el producto. Es muy importante que nada reste protagonismo al alimento, así que habrá que tener en cuenta que el tamaño del acompañamiento determinará en gran medida que el alimento principal parezca más grande o pequeño.

Foto: Enrique Touriño

Para dar brillo al producto se puede emplear un poco de agua rociada, glicerina o vaselina. Hay que pensar que la luz con la que vamos a trabajar -muchas veces un contraluz- puede llegar a destacar mucho esos brillos, así que habrá que dosificarlos adecuadamente.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)
Gel de aloe vera, pinceles... todo vale para que el alimento parezca apetecible en la foto.

Un efecto muy habitual para ambientar las fotografías de platos cocinados es el humo. Se pueden adquirir productos especialmente creados para conseguir este efecto, pero también podemos optar por un remedio casero: mezclar un poco de ácido clorhídrico ("salfumán") y amoníaco. Con mucho cuidado, eso sí, porque son dos productos muy tóxicos. En cualquier caso, si trabajamos con un fondo claro va a ser difícil que resalte este humo, así que mejor recurrir a un fondo de tonos oscuros.

Una vez que el producto ya está preparado, el siguiente paso es la iluminación. Aunque hay muchas opciones, uno de los esquemas más sencillos para empezar es un contraluz, ya que nos permitirá conseguir bastante relieve y resaltar las texturas. Incluso podemos recurrir a una ventana como fuente principal de iluminación. Si la luz es muy dura, se puede suavizar con una lámina difusora de papel vegetal o una cortina. Para que las sombras en primer plano no sean muy fuertes es recomendable atenuarlas y rellenarlas con un espejo o un reflector que acercaremos y alejaremos del producto hasta conseguir el efecto deseado.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)
Plantear un buen esquema de iluminación para el bodegón es fundamental.

Colocada la cámara en un trípode, hay que elegir la focal y el ángulo. Un objetivo gran angular nos permitirá destacar más el primer plano del alimento, pero contextualizado con el fondo y el acompañamiento que hayamos preparado. Una focal más larga nos proporcionará una perspectiva más cerrada y mucho más focalizada en el producto por separado. A la hora de enfocar, lo más recomendable es seleccionar el punto más próximo a la cámara, cuidando la profundidad de campo y el diafragma escogido de tal forma que todo el producto salga enfocado.

Foto: Enrique Touriño

Lo mejor es trabajar en formato RAW para disponer de un archivo en bruto con el que poder trabajar sin limitaciones en la posproducción. Programas de edición como Adobe Lightroom o Apple Aperture resultan muy interesantes para ajustar mejor el balance de blancos (es básico que la foto sea fiel al color original del producto), afinar la exposición y conseguir una mayor nitidez.

Foto: Enrique Touriño
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