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OpiniónEnfoque diferencial

Conocí a un tipo

 
26
MAR 2012

El otro día conocí a un tipo. Lo vi rebuscando cual sabueso por Internet con decenas -tal vez alguna menos- de ventanas abiertas en el navegador. En cada ventana había una web de un fotógrafo o una galería de imágenes. Arqueaba la ceja, o al menos fingía hacerlo, porque en realidad sólo se le arrugaba la frente mientras iba cerrando -paulatinamente- ventana tras ventana.

Curioseaba un poco por dichas galerías, hacía clic en alguna foto, escudriñaba el currículo y la biografía de su autor... e iba descartando mientras susurraba "estudiante, fuera; aficionado, fuera; don nadie... oh, éste sí que se va fuera". Así durante más de una hora. De vez en cuando iba anotando alguna dirección, pero por cada dirección que anotaba desechaba más de diez.

Cuando terminó su indagación, aquel tipo que acababa de conocer dejó su ordenador y yo aproveché para abalanzarme sobre el teclado y bucear en su historial de navegación. Durante horas estuve maravillado observando universos enteros en una gota de agua merced a un macro prodigioso, fascinantes bóvedas celestiales producto de la paciencia, deliciosos retratos a golpe de compacta y paisajes tan magníficos que me costaba creer que aquel tipo los hubiese desechado simplemente por no haber tras ellos una firma de renombre.

Cuando, al día siguiente, aquel tipo volvió al ordenador yo le estaba esperando. Me interesé por su búsqueda, y sin dejarle apenas tiempo para escabullirse lo abordé con una andanada de preguntas y una salva de acusaciones bien cargadas de reproches. ¿Por qué prescindir de tan magníficas imágenes? ¿Qué razón tan imponente habría para condenar al olvido decenas de fotografías y guardarse sólo unas pocas, algunas de ellas incluso de calidad inferior a las desterradas?

"Lo que yo hago -me explicó aquel tipo- es buscar a fotógrafos buenos para entrevistarlos después." La frustración se tornó durante un instante en indignación. ¿Cómo podía decir que buscaba buenos fotógrafos si, precisamente, no hacía más que desechar grandes fotografías?

Mi rabia seguramente se vio reflejada en mi rostro, porque aquel tipo reculó un momento buscando justificarse. "No puedes entrevistar a un don nadie", me dijo. Y se quedó tan ancho. Yo le hablé de la luz, del color, del alma de las fotografías, de lo importante que es el ojo y que el nombre es irrelevante. Que si la foto vale, vale.

Aquel tipo volvió a arrugar la frente, puso los brazos en jarras y suspiró como el profesor que se dispone a explicar por tercera vez la lección al alumno menos espabilado. "Mira, chaval -chaval, me dijo, y el tipo tenía más o menos mi edad-, los periodistas no entrevistamos a un cualquiera, porque de esos hay muchos. Nosotros entrevistamos a gente con nombre. Pero nombre con mayúscula, nombres de esos que todo el mundo conoce y admira."

Apenado o enfurecido (o ambas a la vez), abrí una de las webs que aquel tipo había cerrado y le pregunté si aquellas fotos justificaban menos una entrevista a su autor que las de -por ejemplo- Martin Parr. Esbozó media sonrisa, entre compasivo y burlón: "Mira, chaval, si Martin Parr me concede una entrevista, paso por encima de diez don nadie como éste", sentenció señalando la web que yo acababa de abrir.

No podía aguantar más tan patética discusión. Saqué una de mis tarjetas de visita y no sin hipocresía mal disimulada se la ofrecí mientras me despedía: "Adiós, caballero. Me llamo Eduardo Parra y le digo a la gente que soy fotógrafo." Aquel tipo me dio un último vistazo de arriba abajo y me ofreció la suya mientras me miraba: "Nos volveremos a ver. Me llamo Eduardo Parra y le digo a la gente que soy periodista."

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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