Dossier

Congreso y fotoperiodistas: el hacha aún sin enterrar

 
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ENE 2012
Eduardo Parra   |  Madrid

Resulta difícil saber cuándo se gestó la crisis. Como siempre ocurre en las relaciones de larga duración, nadie puede asegurar si fue un lamentable traspié o la suma de pequeños reveses lo que hizo colmar el vaso.

Y es que el vaso rebosa estos últimos días en el Congreso de los Diputados tras consumirse la llama de un idilio, el que mantenían los representantes de la Cámara con la prensa gráfica, que viene de lejos. Una unión tan natural que nadie osó poner jamás en entredicho. Porque, si en algún lugar tienen que estar presentes los fotoperiodistas, ese es donde se cocinan las leyes que nos rigen.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

El clima de tensión ha ido ascendiendo paulatinamente con el tiempo, rozando extremos tan ridículos como el hecho de prohibirle a un informador gráfico que usara su iPhone para fotografiar el hemiciclo por no ser ésa "una cámara autorizada", o tratar de impedir la famosa instantánea de José Luis Rodríguez Zapatero tomando café en la cafetería del Congreso (cuando era sabido que era el propio presidente quien quería que esa imagen apareciera publicada). Demasiados encontronazos como para que el barril no acabase estallando.

Y estalló. La bomba la lanzó recientemente el diario El Mundo, y el dedo ejecutor fue el del fotoperiodista Alberto Cuéllar, un veterano informador gráfico con tanta experiencia como picardía. En un clima ya bastante tensado por el incidente de Celia Villalobos (recriminó a dos fotógrafos que estuvieran apuntando con su cámara hacia los papeles del escaño de Mariano Rajoy), la imagen del móvil del ahora portavoz de la oposición Alfredo Pérez Rubalcaba que captó Cuéllar y que acabó ilustrando la portada del rotativo fue la comidilla nacional por la información que desvelaba.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

También fue el pretexto que le hacía falta al presidente del Congreso para dar su particular puñetazo sobre la mesa y lanzar un órdago que se sabe ganador: no sólo la baraja es de la Cámara, sino que es el mismo órgano quien redacta las normas del juego.

Y es que, en el fondo, "la foto en cuestión no era nueva", comenta un fotógrafo. "Ya se habían publicado antes imágenes de mensajes SMS, papeles y notas de los diputados sin que se armara más revuelo que el mediático. Es cierto que en el Congreso había ciertas miradas cargadas en algunos responsables de prensa el día después de que se publicasen estas tomas comprometidas, pero hasta ahora todo quedaba en eso, en miradas", concluye este mismo informador gráfico, que como el resto de los que han sido abordados por QUESABESDE.COM para elaborar esta información ha solicitado permanecer en el anonimato.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

"Tal vez por no parecer débil en su primer contratiempo..." especula otro fotógrafo al juzgar la reacción de Jesús Posada, presidente de la Cámara, cuando encargó un informe jurídico para definir la legalidad de este tipo de imágenes. El más alto responsable del hemiciclo cargó el cañón contra los informadores gráficos y después se lo dio a la Mesa del Congreso para que abriera fuego. Y así sucedió.

Nueva instrucción
La Mesa se sacó de la manga una nueva instrucción -que no una ley- acerca de la toma de imágenes en el hemiciclo. Una instrucción ambigua y al mismo tiempo irrechazable por ser innegablemente cierta, pero intolerable por su potencialmente peligrosa inconcreción.

Nadie, y así lo admiten los informadores gráficos, está a favor de la violación de los derechos fundamentales de sus señorías. "¿Cómo luchar contra algo así? ¿Cómo explicar a la ciudadanía que estamos en contra de un documento que habla del respeto a los derechos fundamentales?", se pregunta un fotoperiodista.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

Pero en el colectivo de fotógrafos cayó mucho peor la amenaza de sanción que el Congreso esgrimió en la nueva orden: la retirada de la credencial durante todo un año al fotógrafo infractor.

Cargar toda la responsabilidad sobre el fotógrafo, que en no pocas ocasiones es un trabajador que cumple un encargo, es para el colectivo de la prensa gráfica una auténtica locura. Más aún si el medio para el que éste trabaja no recibe sanción alguna. Y es que la instrucción de la Cámara aclara que el medio en cuestión cuenta con total libertad para acreditar a otro informador gráfico que sustituya al expulsado.

"Los agujeros de la norma son enormes", advierte un fotógrafo. "Podría ocurrir que se tomase una foto y que el editor [del medio] la ampliase y sacase un documento a partir de un buen recorte. O que el político se colocase de tal forma que no fuera posible retratarle sin el papel visible. O simplemente que, por casualidad, algún papel quedase registrado en la foto." Demasiados flecos para una sanción tan grave.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

A los pocos días de que la instrucción fuera hecha pública, la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) y la Asociación Nacional de Informadores Gráficos de Prensa y Televisión (ANIGP-TV) solicitaron una reunión con el presidente Posada. Paralelamente, los fotógrafos consensuaron en bloque una carta de protesta que hicieron llegar al rector de la Cámara baja, considerando injustas estas amenazas y recalcando que lo que se pedía era censura previa y poner en cuestión el derecho de los ciudadanos a recibir información veraz. El Sindicato de Periodistas de Madrid se sumó a la protesta.

Cohesión
Paradójicamente, el mayor efecto que ha tenido esta amenaza ha sido el de cohesionar al colectivo madrileño de fotoperiodistas, hasta ahora algo dividido. Tras hacer piña, se designó a varios representantes para que, con una única voz, llevaran sus reivindicaciones al presidente del Congreso.

Lejos de envalentonarse, Posada aceptó la carta de buen grado y se comprometió a recibir a los representantes de los fotógrafos. Mañana mismo. El objetivo: constituir una "mesa de trabajo y diálogo" en la que se espera que todas las partes lleguen a un acuerdo que permita garantizar tanto los derechos de los diputados como la libertad de información.

El principio del fin
Mientras que en una relación amistosa los errores se perdonan, se enmiendan y se hace un esfuerzo para no volver a cometerlos, desde principios de este siglo fotoperiodistas y Congreso se han esforzado por demostrar quién grita más fuerte durante la discusión.

Sun Tzu dejó escrito en "El arte de la guerra" que lo mejor que uno puede hacer es sentarse hasta ver pasar frente a él el cadáver de su enemigo. Algo así hace el Congreso. Cada error de los fotoperiodistas era esgrimido por la cámara para dar un pasito más en la conquista del terreno.

Ejemplos hay unos cuantos. Véase si no el episodio de la comparecencia de José María Aznar en la Comisión del 11-M. La vista estaba tan repleta de fotógrafos, que éstos desplazaron la mesa del ex presidente en su afán por tomar la mejor imagen. Resultado: en lugar de habilitar un espacio mayor, se les prohibió acercarse a la mesa en siguientes comparecencias.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

Otro caso, acaecido éste durante el debate de investidura de 2004: el excesivo barullo de informadores gráficos que se formó cuando se formalizaba el cambio de presidente del gobierno no gustó a los diputados. Resultado: en lugar de buscar un mejor acomodo para los informadores, se constituyó para la siguiente ocasión un "mini pool". Sólo dos informadores gráficos tomarían la foto y la distribuirían gratuitamente a los medios.

Pero tampoco es que los fotoperiodistas hayan sido unos santos. Vestimentas poco apropiadas, golpes al personal de la Cámara en plena carrera con pesadas cámaras al hombro de un lugar para otro, gritos o risas indiscretas cuando se debía guardar silencio... Todo ello ha alimentado aún más los recelos entre ambos colectivos.

A pocos días del comienzo real del curso político en el Congreso, informadores y legisladores han dejado el hacha en el suelo, pero aún se resisten a enterrarla.

Acciones de desobediencia a la nueva instrucción o plantes informativos han planeado por las cabezas de los fotógrafos, pero han sido descartados para dejar claro que en esta discusión no está en juego un puesto de trabajo, el cobro de una información o el mérito de una portada, sino el derecho fundamental de los ciudadanos a recibir información veraz. Un derecho que, a día de hoy, los fotoperiodistas consideran que se ha puesto en entredicho.

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