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Con texto fotográfico

"Esto es lo que queda de una explosión de supernova que tuvo lugar hace 10.000 años" Marco Lorenzi

 
Foto: Marco Lorenzi
31
MAY 2012
Declaraciones obtenidas por Calvin Dexter

Hace diez mil años explotó una estrella en la constelación Vela. La onda expansiva sigue avanzando hoy, y lo que por aquel entonces se percibía como un simple punto blanco en el cielo nocturno es ahora un amasijo de gases que dibujan sugerentes formas. Fascinado por el cielo desde su infancia, Marco Lorenzi lleva varias décadas con la vista y el objetivo puestos en las estrellas. Esta alucinante imagen de una supernova fue seleccionada como "astrofoto" del día por la NASA y le valió al inquieto italiano el título de fotógrafo de astronomía de 2011 que otorga el Royal Observatory de Greenwich.

Marco Lorenzi

Esta intrincada estructura es lo que queda de una explosión de supernova, la muerte violenta de una estrella con una masa varias veces superior a la del Sol y que tuvo lugar hace 10.000 años. Ubicada en el borde noroeste de la constelación Vela y por tanto visible únicamente desde el hemisferio sur, este cúmulo en constante expansión de desechos y gas caliente cubre un área de cielo veinte veces más ancha que el disco de la luna llena.

A 800 años luz de distancia, los restos de Vela son una de las mayores y más brillantes fuentes de rayos X de todo el cielo, y se encuentran muy probablemente envueltos por una supernova aún más vieja: la nebulosa Gum.

Creo que las explosiones de supernova están entre los acontecimientos más intrigantes de todo el universo. Estos estallidos apocalípticos señalan la muerte de una estrella, si bien son el único lugar del universo en el que se pueden crear muchos de los elementos necesarios para la vida.

Suelen darse unas pocas veces cada siglo en nuestra galaxia, pero son responsables de la síntesis de todos los elementos más pesados que el acero, incluidos el cobre, el mercurio, el oro, el yodo y el plomo. Siempre es emocionante darse cuenta de que todos los elementos, incluso los que conforman nuestros cuerpos, estuvieron una vez dentro de estrellas o fueron expulsados durante uno de estos acontecimientos.

Los restos de la supernova Vela siempre me han interesado por sus delicadas texturas y su riqueza en los detalles. A pesar de ser muy grande, su desvanecimiento intrínseco hace que sea un objeto extremadamente difícil de captar. Sentí que no había imágenes que lo mostraran como es debido y por eso decidí intentar fotografiarlo por mi cuenta.

Esta imagen, que cubre un campo de visión de 10 grados de ancho, es en realidad un mosaico digital de cuatro paneles de color capturados con una cámara digital de 16 millones de píxeles especial, la ProLine de Finger Lakes Instrumentation (FLI), personalizada y equipada con un objetivo Pentax de medio formato, el EDIF 300 mm f4. La cámara dispone de un sensor monocromo muy sensible, enfriado 65 grados centígrados por debajo de la temperatura ambiente para reducir el ruido térmico.

Para registrar los verdaderos colores de las estrellas en cada panel, se combinan imágenes independientes en blanco y negro a través de tres filtros (rojo, verde y azul) mediante la técnica de la tricromía. En las capturas de color resultantes se aplica la luz captada a través de dos filtros especiales: uno deja pasar únicamente la luz de oxígeno ionizado (rojo oscuro) mientras que el otro se centra en la emisión del oxígeno ionizado (azul y verde). Esto permite aumentar el contraste del objeto apenas visible, que emite en estas dos longitudes de onda en particular.

El tiempo total combinado de exposición para crear el mosaico fue de más de 38 horas. Era necesario captar la mayor cantidad de fotones posible del objeto galáctico, y lo conseguí exponiendo las imágenes individuales en cada panel a lo largo de varias noches. Durante la exposición una montura robótica seguía con precisión el aparente movimiento de las estrellas, aunque en realidad lo que estaba haciendo era equilibrar la rotación de la Tierra sobre su eje.

Durante más de 30 años he estado capturando el cielo nocturno, fascinado desde pequeño por la belleza y el misterio que entraña el universo. Esto me ha llevado a aprender la técnica de la fotografía del cielo profundo, primero con cámaras de película y después, gracias al avance de la tecnología, con cámaras digitales especiales de baja luz. Hace un tiempo construí un pequeño observatorio en Australia que hago funcionar a través de Internet, puesto que allí los cielos son muy oscuros y tienen mucha menos contaminación lumínica.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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