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OpiniónEnfoque diferencial

Comepipas

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ABR 2016

Un chiste que me mandaron hace poco decía así: lo único que hay que hacer en España para allanar una casa es llamar al telefonillo y decir con seguridad “soy yo, abre”. En la mayoría de eventos a los que acudo como fotoperiodista tampoco hay que decir mucho más para entrar, pero en otros sí es necesario ese mágico salvoconducto al paraíso que se llama acreditación.

Detrás de esa palabra se esconde generalmente un pequeño tarjetón, una pegatina o incluso un peto de color brillante que indica que su poseedor tiene permiso para estar allí con la cámara y hacer fotos. Unas veces es por seguridad; otras, para que no se cuele nadie que pueda actuar inadecuadamente, y otras simplemente es porque no hay sitio para todos.

Esa última opción es la que más se aplica, y en realidad es lógica: el espacio es finito y los fotógrafos a veces parece que no. Así que pasa que quieres -mejor dicho, tienes- que ir a un evento importante y te dicen que no te acreditan porque no hay sitio.

Gol de Benzema con fotógrafos (¿profesionales?) reaccionando al fondo. | Foto: Juan Aguado

Y ocurre que a veces te encuentras que todos los sitios están ocupados pero no todos los que ocupan esos sitios son fotógrafos. Miguel Morenatti, fotógrafo del diario AS en Sevilla, publicó a finales de la semana pasada un tuit donde recogía una foto firmada por Juan Aguado en la que Benzema celebraba un gol ante la euforia de los aficionados y de dos… ¿fotógrafos?

En efecto. Lo que se ve en la imagen es a dos personas con peto de fotógrafo y con cámara de fotos celebrando el tanto como si no hubiera un mañana. A juzgar por su reacción y por su cámara, uno diría que fotógrafos podrían serlo, pero… ¿profesionales? Tengo mis dudas.

¿Qué hacen esas personas allí? ¿Por qué ocupan un puesto que debería ser para un fotógrafo profesional? ¿A dónde hemos llegado?

Estaremos de acuerdo en que un fotógrafo profesional no solo estaría en un importante partido con un equipo fotográfico de gran calibre, sino que además en el momento cumbre del encuentro estaría más preocupado por fotografiar el gol que por celebrarlo.

¿Qué hacen esas personas allí? ¿Por qué ocupan un puesto que debería ser para un profesional? ¿Es que no tenemos bastante con los intrusos como para tener que soportar a aquellos que esgrimen la cámara como salvoconducto para ahorrarse un dinerillo en entradas? ¿Pero a dónde vamos a llegar? Rectifico: ¿a dónde hemos llegado?

Jetas ha habido siempre. No sería la primera vez que leo en algún foro aquello de “¿dónde consigo una acreditación de prensa?”. Y desde luego he visto gente que dice ser fotoperiodista para lograr sus intereses, aunque sean intereses tan mundanos como colarse en un estreno de cine, estar a pie de campo en un partido de fútbol, tomar una copa gratis en una fiesta o llevarse algún regalito a casa en la presentación de un producto. Los llamamos canaperos.

Hasta ahora estos canaperos eran como un mosquito en un día de verano. Un bicho relativamente molesto al que podías apartar de un manotazo. Pero ahora los comepipas -que dice una conocida fotoperiodista deportiva- ya no son un insecto que más o menos da por saco. Ahora esta gente les está quitando el puesto a otros profesionales que –recordemos- si no hacen la foto, no cobran.

Los fotógrafos profesionales también tenemos que luchar ahora contra los que no es que te molesten al trabajar, es que directamente no dejan que trabajes

Ahora mismo los fotoperiodistas profesionales tenemos que luchar contra los fotógrafos oficiales -que distribuyen sus fotos gratuitamente-, los redactores con cámara -que hacen dos trabajos por uno aprovechándose a veces del acceso que ellos tienen a un acto y los gráficos no-, los blogueros, los tuiteros y demás subespecies fotográficas. Y ahora, además, también hay que luchar contra los que no es que te molesten al trabajar, es que directamente no dejan que trabajes.

Puedo entender que nuestro trabajo es llamativo y que probarlo un día sea estimulante, y que hacerlo además sin responsabilidades de plazos y calidad es un chollo. Pero, oiga, a mí también me gustaría un día conducir un coche patrulla a toda velocidad y con las luces puestas por mitad de la Gran Vía o probar mi cuchillo nuevo en algún quirófano. Y no, no lo hago.

Como de costumbre, nos queda solamente el recurso del pataleo, la amarga queja en la red y el llanto del fracasado que escribe su columna a ver si, con un poco de suerte, acaba una copia en el departamento correspondiente y por una vez alguien hace algo para que se haga algo con alguien. No caerá esa breva.

La columna de opinión "Enfoque diferencial" aparece publicada normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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