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Diario de un fotógrafo nómada

Cochin: nostalgia y danza en el corazón de la Costa Malabar

 
3
OCT 2007

Al sur de la India se encuentra uno de sus estados más sorprendentes y paradisíacos, Kerala, llamado también "la India tranquila". En el centro de su costa, la Costa Malabar, se encuentra Cochin, nombre occidentalizado de Kochy, una ciudad que tuvo que ser construida sobre un dédalo de islas y pequeñas penínsulas, la única tierra firme no engullida por el Mar Arábigo.

La India es como las "matrioskas", esas muñecas rusas que cuando las abres encuentras otra en su interior. Y es que este país no deja de sorprender al viajero: cuando uno llega a un sitio, siempre le espera una sorpresa, y otra a continuación, y luego otra... Esto para un explorador es la dicha, y para un fotógrafo, el colmo de la felicidad.

Foto: Nómada
Kerala, y en el centro de su costa, Cochin.

Cuando se habla de la India la mayoría de los comentarios se refieren al norte, a sus tradiciones y sus ciudades: Benarés, Jaisalmer, Udaipur, Agra... La India del sur es mucho menos conocida y turística, pero tan diversa y rica en matices como el norte. Aquí no hay descanso para los sentidos.

Foto: Nómada
Los indios del sur son de tez muy morena. Muchacha Malabar.

Cochin se encuentra en el centro del paradisíaco estado sureño de Kerala. Una curiosa ciudad cuyos barrios se han levantado salpicados sobre los islotes y penínsulas que el mar no ha podido inundar. Para cambiar de barrio es preciso tomar un transbordador o una barcaza, pues trasladarse sobre el agua en Cochin es lo más normal del mundo.

Foto: Nómada
En cualquier sitio hay un transbordador o un barquero dispuesto a pasar las aguas.

Kochy es un ejemplo del eclecticismo de Kerala y de la India en general; un remanso de calma donde la diversidad de culturas se asume como patrimonio, y la convivencia entre personas de distintas ideas y religiones es moneda de uso corriente. Mezquitas junto a sinagogas, técnicas y redes chinas de pesca, casas portuguesas del siglo XV y casas holandesas coloniales, iglesias católicas pegadas a la sede del partido comunista... ¿quién da más?

Foto: Nómada
Sede del Partido Comunista de Cochin, casi inédito en el resto de la India.

Los barrios de Matancherry y Fort Kochy rezuman nostalgia de épocas coloniales, de huellas portuguesas, rastros holandeses y evocaciones francesas. Caminar por sus calles es como sentir el abrazo de alguien que no quiere que te vayas. Por eso hay occidentales que escogen Fort Kochy como lugar fijo de vacaciones.

Foto: Nómada
Un paseo por el barrio holandés, con su típica arquitectura colonial.

Transitando por su pequeña y acogedora judería, al final de una callejuela se encuentra la Paradesi Synagogue, la sinagoga más antigua de todo el subcontinente indio. Fue construida en 1568 por descendientes -sobre todo- de judíos españoles sefardíes.

Foto: Nómada
La sinagoga se encuentra fuertemente custodiada para evitar atentados islamistas.

La comunidad semita de Cochin constaba de tres grupos: judíos negros, blancos y marrones en función de sus orígenes y el color de su tez. Si era oscura, malabar; si era clara, correspondía a los judíos procedentes de España u Holanda; la tez morena era la de los descendientes de esclavos conversos que se dedicaban al comercio de especias.

Foto: Nómada
Las fotos y vídeos están rigurosamente prohibidos en el interior de la sinagoga. Una pena, porque es una joya.

Pero aquí no sólo está la sinagoga más antigua del subcontinente; Cochin guarda más sorpresas al viajero, ya que a muy poca distancia se alza la también más antigua iglesia católica de la India: Saint Francis Church, construida en 1503 y que guarda numerosas lápidas escritas en portugués. Una de estas tumbas dio asilo al cuerpo del célebre navegante Vasco da Gama, el primer europeo que pisó esta tierra.

Foto: Nómada
Un indio católico reza frente al altar.
Foto: Nómada
La lápida católica más antigua de India, escrita en portugués, junto a la de Vasco da Gama.

No muy lejos se encuentra un curioso cementerio holandés donde descansan los restos mortales de muchos europeos que vinieron a colonizar estas lejanas tierras.

Foto: Nómada
¿Esperará la vuelta de su amo, algún marino holandés muerto de disentería?

A lo largo de la línea de costa se ven unas estructuras singulares: una especie de grandes arañas que se alzan sobre el mar para luego descender y sumergirse en él. Son las llamadas redes chinas.

Foto: Nómada
Las redes chinas, una estampa típica de Cochin.

Las célebres redes chinas son una de las imágenes más típicas de Cochin y fueron introducidas por comerciantes de Kublai Khan, soberano del mayor imperio jamás conocido en la historia de la humanidad: el Imperio Mongol. Estas estructuras se utilizan durante la pleamar, sumergiendo las redes en las aguas salobres y poco profundas para capturar los pequeños peces que llegan hasta aquí. Los gorros que utilizan los pescadores también tienen una clara influencia china.

Foto: Nómada
Todavía es época de monzones; el agua viene muy turbia y los cielos están amenazantes.

Para alzar o bajar las redes chinas son necesarios un mínimo de cuatro hombres, que manejan un complejo entramado de contrapesos hecho a base de rocas.

Foto: Nómada
Los pescadores alzan las redes de forma coordinada.

Al lado mismo, los pescadores levantan tenderetes donde venden lo que apresan con estas redes chinas. También pueden verse camarones, langostas, tiburones, emperadores y todo tipo de pescado variado que traen en sus frágiles barcas desde mar adentro.

Foto: Nómada
A la venta, una gran variedad de pescados.

Cualquier pescado se vende siempre a ojo, a bulto, por número de piezas. No hay básculas. Su precio es irrisorio, casi da vergüenza regatear. Además, para júbilo del visitante, se ofrecen a cocinarlo en unos chiringuitos próximos donde también brindan la mesa y el mantel para que uno tenga todas las comodidades.

Foto: Nómada
Un chiringuito próximo donde cocinan a uno el pescado que acaba de comprar.

Otro tema más complicado es pedir una cerveza para acompañar ese pescado recién comprado y que tan bien huele en la improvisada cocina donde nos lo están haciendo. El alcohol está prohibido. Sin embargo, basta un guiño para que cualquier chaval, siempre deseoso de agradar y de ganarse una propina, consiga una botella a la que en ningún momento se pueden quitar los periódicos que la envuelven. No sea que alguien nos descubra...

Foto: Nómada
Un viejo pescador vende las capturas en el tenderete de su familia.

De esta forma, se da la curiosa imagen de que todos los occidentales que están comiendo tienen sobre la mesa una botella envuelta en periódicos. Una forma risueña de prohibir pero tolerar, una manera muy "india" de mirar para otro lado.

Foto: Nómada
Los pescadores recogen los peces atrapados por la red china.

Las redes chinas y la herencia colonial son dos de las imágenes clásicas de Cochin. Pero si hay un icono que representa como ningún otro a esta tierra y a Kerala en general es el Kathakali, una ceremonia de teatro y danza protagonizada exclusivamente por hombres minuciosamente maquillados y ataviados con ricos vestidos.

Foto: Nómada
El personaje principal del Kathakali. Detrás, un músico.

Una hora antes del comienzo de la sesión es posible asistir al fascinante ritual de maquillaje, que siempre se hace de cara al público. En él, los actores deben demostrar su habilidad al decorarse el rostro. Es ésta una parte muy importante de la función.

Foto: Nómada
Comienza el ritual del maquillaje.

El espectacular maquillaje cubre la cara por completo; las manos quedan libres de toda decoración. El color tiene también un significado: el actor pintado de verde siempre representa a un personaje noble, un príncipe, mientras que el actor maquillado en rojo y rosa encarna a uno de los demonios de la mitología hindú.

Foto: Nómada
El personaje diabólico se maquilla con tonos rojos.

En idioma malayalam, la lengua de Kerala, Kathakali significa "obra de teatro basada en una historia", y las historias sobre las que gira esta danza se inspiran en las dos grandes epopeyas, el Ramayana y el Mahabharata, que son el cimiento de toda la cultura y civilización indias.

Foto: Nómada
Los actores invierten una hora en maquillarse y ayudar a su compañero en los detalles más difíciles.

La función se acompaña con el ritmo de un tambor y unos monótonos versos entonados por algún cantante. Sobre esa escueta puesta en escena, los actores danzan y representan la obra en silencio a través de un complejo lenguaje gestual.

Foto: Nómada
Aspecto final del papel femenino.

El lenguaje gestual del Kathakali se transmite a través de los movimientos de los ojos, las manos y la cara. Los actores pasan un mínimo de diez años de aprendizaje para dominar el complejo código de señas.

Foto: Nómada
El personaje noble inicia su danza.

Con los ojos deben saber expresar las nueve emociones principales: amor, odio, miedo, valor, alegría, pena, sorpresa, tranquilidad y fiereza. Mientras tanto, con los gestos de las manos, que guardan un cierto parecido al lenguaje por señas, se narra toda la historia.

Foto: Nómada
Lenguaje gestual de los ojos. El uso de una cámara compacta nos hace muy difícil conseguir una buena toma sin flash. La iluminación es escasísima.

Normalmente, la historia siempre es la misma: un demonio disfrazado de bella dama trata de seducir a un príncipe para que le siga y abandone su vida recta y virtuosa. El príncipe duda ante la tentadora oferta de la demoníaca belleza, pero al final su integridad vence y rechaza a la mujer.

Foto: Nómada
El demonio vestido de mujer trata de seducir al príncipe.

Presa de furia por haber sido repudiada y humillada, la dama pega un grito y tira su disfraz, dejando ver su verdadera naturaleza de demonio. En ese momento, el príncipe traspasa al demonio con su espada.

Foto: Nómada
El demonio, al ser rechazado, se muestra con su verdadera personalidad. El príncipe lo mata con su espada.

Y así discurre la vida en Cochin, año a año, siglo a siglo, con sus pescadores pescando, sus actores danzando el Kathakali y sus gentes viviendo en paz en este rincón de la Costa Malabar. Como siempre fue. Como siempre será.

Foto: Nómada
Las redes chinas llevan siglos ancladas en esta costa.

Cochin, decadente y nostálgica, una llamada de atención para nuestros ojos occidentales, poco acostumbrados a ver pueblos y costumbres diferentes conviviendo en armonía, disfrutando y aprovechando su diversidad.

Detrás del seudónimo Nómada se esconde un aficionado a la fotografía e inefable trotamundos.

Los artículos de la serie "Diario de un fotógrafo Nómada" se publican normalmente el primer miércoles de cada mes.

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