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EN PRIMERA FILA

Mercedes-Benz Fashion Week: una semana entre el cielo y el infierno

 
4
MAR 2013
Eduardo Parra   |  Madrid

En el ecosistema de la antaño conocida como Pasarela Cibeles hay una especie que brilla con luz propia. Se trata de los fotógrafos, un heterogéneo conjunto de periodistas y artistas que, cámara en ristre, son la salsa de la feria de la moda de Madrid. Algunos les envidian, otros les compadecen. QUESABESDE.COM se metió hasta la cocina en la última edición de la Mercedes-Benz Fashion Week (MBFW), celebrada los pasados días 18 a 22 de febrero, para comprobar de primera mano si es cierto que el cielo y el infierno fotográfico se mezclan hasta confundirse en la pasarela.

Aunque en la MBFW hay fotógrafos por todas partes, no todos son iguales. Están los blogueros, los curiosos, los cuasituristas y por supuesto los profesionales. Apenas si hay que asomarse un par de minutos por la sala de prensa de esta ineludible cita con la moda para adivinar dónde se sientan estos últimos. El rastro de teleobjetivos y monopiés es ya un indicio inequívoco, pero es su particular forma de trabajar lo que les delata: concentrados y diligentes, pero al mismo tiempo distendidos y con buen humor.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)
Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)
La sala de prensa (arriba) y la tribuna de fotógrafos, los dos puntos clave para el trabajo de los reporteros durante la Mercedes-Benz Fashion Week.

En la MBFW podemos identificar a varios tipos de fotógrafos profesionales. Están los fotoperiodistas de diarios y agencias. Los ganadores del World Press Photo que igual se van al debate del Estado de la Nación por la mañana y retratan modelos por la tarde ("voy donde mi jefe dice que vaya", se excusa uno de ellos).

Están también los fotógrafos de publicaciones de moda, siempre metódicos y centrados ("mi publicación quiere a la modelo de frente, y punto", nos confiesa uno). No es raro verlos montar ordenadores de torre y monitores de sobremesa por la mañana y desmontarlo todo por la tarde, un día tras otro durante toda la semana.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)
Tras el teleobjetivo, el fotógrafo Daniel Ochoa de Olza editando imágenes en la sala de prensa.

También avistamos a fotógrafos oficiales de diversas marcas de moda o cosméticos, muchos de ellos con un pequeño estudio improvisado en algún rincón de la pasarela y jugando en una liga diferente a la del resto de colegas de profesión. Por último están también los fotógrafos de la prensa rosa, que van a la busca y captura de los famosos que merodean por la semana de la moda. Hay algunos más, pero éstos son los principales especímenes del lugar.

Moda en vena

La MBFW son cinco días de moda en vena, desfiles que se suceden prácticamente sin solución de continuidad y que son para muchos fotógrafos el cielo y el infierno al mismo tiempo. Es el cielo porque uno puede marcharse de la pasarela con un buen puñado de fotos bajo el brazo. Es el infierno porque tirarse cinco días encerrado en un recinto de sol a sol acaba pasando factura a la espalda, los ojos y el alma.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)
Los fotógrafos tienen que madrugar el primer día para coger sitio en la tribuna desde donde se fotografían los desfiles.

En la semana de la moda, en efecto, no es oro todo lo que reluce. Especialmente cuando hablamos de los fotógrafos, y mucho menos si los comparamos con los redactores. La primera diferencia comienza incluso antes de la propia pasarela. Mientras que los gráficos tienen que madrugar el primer día para llegar a las seis o siete de la mañana y poder ser de los primeros para elegir los sitios, los redactores tienen su espacio reservado.

Además, la mayoría de ellos no necesita llevar nada, ya que la organización les brinda un buen número de ordenadores con los que redactar sus crónicas. Los fotógrafos han de llevar, aparte del material fotográfico, el equipo informático necesario para su trabajo.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)
Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)
Detalles del material empleado por los fotógrafos para cubrir los desfiles, con evidentes señales de uso y desgaste.

Una vez hecha la cola, reservado el sitio en la sala de prensa y marcado el puesto de tiro en las tribunas de gráficos, comienza el efecto dominó en una secuencia que se repite una y otra vez hasta que acaba la jornada: apertura de puertas de la pasarela propiamente dicha, búsqueda y captura -en sentido fotográfico- de los invitados VIP, toma de imágenes del desfile, regreso a la sala de prensa para la edición y el envío... y vuelta a la pasarela. Por supuesto no todos los fotógrafos cumplen este ritual, pero es lo más normal. "Demasiados desfiles por hacer y poco tiempo para editar", resume el fotógrafo Nacho López.

Hora y media

Los tiempos en la MBFW son el peor enemigo de los fotógrafos. Con apenas hora y media entre desfile y desfile los informadores han de seguir un muy estricto flujo de trabajo si no quieren quedarse atrás. Básicamente el cronograma es como sigue.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)
La caza del famoso antes de los desfiles es parte del trabajo de algunos fotógrafos.

Quince minutos antes de que empiece el desfile se va a la pasarela, a fotografiar a los personajes VIP, que suelen ser del orden de entre cinco y diez de diverso pelaje. Este ritual se prolonga unos veinte minutos, hasta que el más impuntual de ellos se deja caer por el lugar.

Acto seguido se dirigen hacia las tribunas de gráficos y esperan el comienzo del desfile, que suele ir con unos quince o veinte minutos de retraso. "Lo peor es que se retrasen los desfiles", explica la fotógrafa Marta González. "Los tiempos ya son de por sí muy escasos."

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

El desfile dura aproximadamente otros quince o veinte minutos, y rápidamente se vuelve a la sala de prensa, de modo que finalmente restan apenas 45 minutos -en el mejor de los casos- para descargar, seleccionar, editar y enviar el material. Si bien es cierto que 45 minutos puede parecer un tiempo razonable para una edición rápida, hay que tener en cuenta que el fotógrafo vuelve al ordenador con cientos de fotografías. "Unas 400, si el desfile me interesa", explica el fotógrafo de La Voz de Galicia Benito Ordóñez, refiriéndose en realidad a encargos expresos.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)
Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)
Tras uno de los desfiles, el fotógrafo Alberto Roldán camino de la sala de prensa para editar las imágenes.

Sin embargo, la cantidad no es el único problema: a veces los desfiles son dobles, esto es, acaba uno e inmediatamente -tras un pequeño receso de cinco o diez minutos- empieza otro, con lo cual el tiempo restante para la edición se reduce a apenas un cuarto de hora... y el número de fotos se duplica.

Eventos externos

A todo ello debemos sumar los eventos en torno a la pasarela, como las presentaciones de productos y "photocalls" varios que se hacen entre desfile y desfile. Por supuesto los fotógrafos también comen de vez en cuando (aunque en la MBFW esto no es absolutamente imprescindible). Muchos sobreviven a base del "catering" ("cada vez peor", apunta un veterano fotógrafo) que sirven en la sala de prensa.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)
Biel Sol fotografiando el "backstage" de los desfiles.

"El problema de la pasarela", confiesa un gráfico que prefiere no revelar su nombre, "es el de todos los eventos, pero aquí multiplicado por cinco días. A los fotógrafos se nos trata fatal y la organización deja mucho que desear. Para subir a la tribuna de público tienes casi que suplicar, pero la tribuna de fotógrafos se llena de gente que nada tienen de fotógrafo, gente a la que tienes que empujar para pasar porque no se apartan."

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)
Un estudio improvisado en la Mercedes-Benz Fashion Week.

Cinco días en los que uno se evade del mundo, en los que apenas se es consciente de lo que está pasando extramuros. Al acabar la semana hace falta una buena sobredosis de informativos para conocer qué ha ocurrido ahí fuera mientras las modelos desfilaban. No es que escasee la información, es que no hay tiempo para leerla. Y aun así, muchos fotógrafos aun se mueren por poder asistir.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

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