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Agenda fotográfica

Chris Jordan, testigo de la desolación

 
16
JUN 2006
Eduardo Parra   |  Madrid

Después de la tempestad viene la calma, y nunca mejor dicho. Las pruebas las ha puesto en papel el activista y fotógrafo norteamericano Chris Jordan, que llega a PHotoEspaña con una colección de imágenes que reflejan el desastre natural que supuso el huracán Katrina hace unos meses. Huyendo del fotoperiodismo puro, Jordan ofrece una visión realista del choque entre el American Way of Life y la naturaleza más destructiva.

Casas destruidas. Juguetes abandonados. Vehículos sin dueño. Calles anegadas. Todos esos tristes sucesos se dan cita tras el paso de un huracán, y lo hacen en grado superlativo si el huracán es el Katrina, esa terrible mezcla de agua y viento que asoló una ciudad entera hace algunos meses.

El fotógrafo y activista Chris Jordan fue testigo de los efectos, y junto a su cámara retrató una tragedia que, no por anunciada, fue menor. Ahora, PHotoEspaña 2006 recoge en una pequeña exposición en el Círculo de Bellas Artes de Madrid algunas de esas imágenes, que aún a tiempo pasado siguen impactando al mundo.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

Jordan es un reputado activista en contra del consumo desmedido y de todos aquellos que destruyen el medioambiente. Cuando el Katrina asoló la costa norteamericana y se cebó en Nueva Orleans, Jordan vio las consecuencias directas de la lucha hombre-naturaleza, en la que el ser humano es insignificante.

Foto: Chris Jordan

Las fotos que se recogen en la exposición "In Katrina's Wake" no son una crónica periodística al uso. Jordan ofrece un retrato formal de la devastación, huyendo de las crudas imágenes periodísticas de personas que lo han perdido todo.

Foto: Eduardo Parra (Quesabesde)

Para ello, inmortaliza esos objetos que, desperdigados por la mano del viento, forman nuevos paisajes y entornos. Unas imágenes que presentan la debilidad de la construcción humana cuando se empeña en luchar contra un enemigo al que no puede -ni debe- derrotar.

La muestra, recogida sorprendentemente en una pequeña sala del Círculo de Bellas Artes, de forma bastante apiñada y con una iluminación cuestionable, permanecerá abierta hasta el 23 de julio.

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