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Entrevista
CéSAR SALDíVAR, FOTóGRAFO

"Soy el seductor seducido"

 
13
NOV 2005

César Saldívar es uno de los maestros de la luz natural, y de hecho tiene un libro con ese título: "Luz natural". Es un hombre que destila amor -más bien pasión- por la fotografía en cada palabra que pronuncia. Mejicano de nacimiento, forma parte de ese grupo de artistas cuya obra es más conocida que su nombre, algo que no sólo asume, sino que acepta como lógico. Infusión en mano, Saldívar se desnudó ante la grabadora de QUESABESDE.COM como decenas de actrices han hecho ante su cámara.

¿Fotógrafo por vocación o por trabajo?

A mí la fotografía me ha elegido como un conducto. Puede que suene un poco místico, pero creo que no ha sido algo consciente de mi parte. La fotografía me ha elegido a mí más que yo a ella.

¿Cómo fueron tus comienzos?

Yo empecé queriendo hacer cinematografía. Adoro a los grandes cineastas, y por eso mi punto de vista estético es básicamente cinematográfico. Pero también tuve una relación con la pintura. Mucha gente dice que muchos de mis trabajos fotográficos parecen lienzos, algo que siempre me sorprende.

Foto: César Saldívar

¿Eres más un cineasta que un fotógrafo?

Mi sueño es hacer cine, y descubrí que retratando actores satisfacía esa necesidad de dirigir, al mismo tiempo que el actor satisfacía su necesidad de ser dirigido. ¡Salimos todos ganando!

¿Cómo están las cosas ahora que ya eres un artita reconocido?

Voy ganando prestigio y cada vez consigo hacer [fotografías] a actores más importantes. Todo es como si estuviera intrínsicamente apañado.

El editor se fascina porque soy capaz de desnudar a un actor; el actor se fascina porque ve que puedo hacer arte; yo me fascino porque veo que puedo publicar esas fotos; el público se fascina al ver mi obra... Es como un cúmulo de situaciones amalgamadas.

Ésa es la pregunta del millón: ¿Cómo consigues que Elsa Pataky o Sílvia Abascal se desnuden para ti?

[Ríe] Soy el seductor seducido... Nunca sabes si eres tú el que lo logra o es el actor el que te utiliza, quedando libre de pecado. La fotografía es un ejercicio del alma, y como tal he tenido un sentido de ética y de compromiso que me ha dado nombre y fiabilidad en el mundo del actor. Saben que si en cualquier momento cambian de parecer, yo no haría mal uso de los materiales. Eso, en principio, les anima. Luego ya... ¡el desnudo me lo curro!

Foto: César Saldívar

¿Qué te llena más, la satisfacción del modelo o la del público?

Me llena más la capacidad de ver que hay una libertad en mí, que puedo expresar la libertad a través de mis imágenes. Me encanta que los actores se fascinen con mi trabajo, aunque ahora en mis últimos trabajos me retiro un poco de los actores mediáticos. Me llena mucho que la gente esté dispuesta a prestarme su cuerpo, a prestarme su mirada para que yo le devuelva la mía. Esa entrega tan humana, tan parecida al amor me llena mucho...

Pero como artista debo decir que me llena más que nada la posibilidad de comunicarme con el público, con otros fotógrafos. Ése es el objetivo conseguido, lo más bonito que te puede pasar. El hecho de tener cinco libros publicados o de tener un cierto reconocimiento no me hace distinto a cualquiera de los fotógrafos que ahora están leyendo esta entrevista.

Sólo soy un fotógrafo luchando que quiere abrirse camino. El ego del fotógrafo son los molinos de su Quijote particular.

Lo habitual es que un fotógrafo exponga su obra. Sin embargo, tú has publicado ya cinco libros y has hecho muy pocas exposiciones. ¿Por qué?

Yo siempre he visto mi trabajo como un discurso con una narrativa implícita en mis imágenes y que es parte de mi dialogo. Muchas de las sesiones de fotos las he realizado siempre pensando en un libro, en un orden, en una secuencia... pensando que falta una foto para un libro que maquetaré en un futuro.

Un libro es un objeto con principio y fin, y tiene esa parte narrativa que yo resuelvo con mis imágenes. Las exposiciones que he hecho las he hecho desde la síntesis de mi trabajo o seleccionando lo mejor para lo que quiero presentar. Soy de pocas exposiciones, porque no tengo tiempo. Publicar mis cinco libros en seis años ha sido muy difícil.

¿Por qué?

En cada fotografía hay una exorcización de mis miedos y de mis angustias. Cada vez que me desprendo de series fotográficas y publico un libro, hay un conjunto de movimientos en mi interior muy fuertes porque nunca hago nada desde lo frívolo.

¿Y cómo se consigue no caer en lo frívolo haciendo desnudos?

Lo primero es asumir que estamos en el siglo XXI. No puedo ponerme restricciones morales que me resultan obsoletas. No estamos en la época de la Inquisición, estamos en el siglo de la elección y de la libertad. No pudo seguir arrastrando ataduras de siglos anteriores donde las religiones y conveniencias sociales nos ataban mucho.

Cuando yo hago este ejercicio espiritual quiero que la gente asuma que mi trabajo no es violento, ni pornográfico, ni grosero. Es verdad que juego y asumo el riesgo, pero quien critique esta obra ha de ser consciente de que está proyectando sus conflictos, está demostrando la falta de aceptación que tiene de sí misma.

¿Es el desnudo femenino igual que el masculino?

El desnudo femenino se había cosificado, se había convertido en un objeto. La sociedad de carácter machista pretendía subrayar el desnudo femenino como algo permitido, pero castigar el desnudo masculino como un tabú. He resuelto el desnudo masculino como algo espontáneo y natural, y no agresivo. En cada imagen hay algo más profundo que la sexualización.

Si buscas en Google tu nombre, la primera entrada remite a una web donde se exponen fotografías de gente conocida ligera de ropa. Mucha gente conoce el retrato de Elsa Pataky desnuda, pero muchos menos conocen a su autor. ¿Cómo te hace sentir eso?

Es una pregunta muy difícil. Hay una etapa en la vida de un creativo en la que anhelas ser reconocido. Sueñas con un aplauso, con agradecimientos, con muchas ventas, con ver tu nombre en muchos lugares...

Foto: César Saldívar

Ahora sé que la obra es más importante que yo, porque la obra la construyo desde el alma. Ahora he entrado en una dinámica en la que me he dado mucha más libertad a la hora de crear, y mi anhelo es que mis obras pasen por encima de mí.

Es como cuando un padre te dice que sus hijos son mucho mejores que él. Mis libros y mis fotos son mis hijos que yo lanzo al mundo para que crezcan y tengan sus propias historias. Me daría mucha tristeza pensar que mi trabajo llega porque tengo amigos, porque tengo enchufes -aunque en realidad no los tenga- o porque soy carismático, y no por el peso mismo de la fotografía creada.

¿Sigues usando sólo luz natural o te has dejado seducir por la luz artificial de flashes y tungstenos?

Sólo luz natural. Para mis retratos sólo pido que haya cerca una ventana. Es más, si alguna vez alguien viene apurado le apremio mucho para que se desvista, porque se me va la luz y tiene que ser ya, ya, ya. Yo me considero un fotógrafo dogma. Soy independiente y no respeto técnicas, ni modas, ni estándares.

Antes, cuando tenía que ir a ver los contactos tras el revelado, no podía casi ni dormir. Era demasiada la emoción para esperar qué había salido de experimentar con un rebote de luz, con un rayo de luz...

Foto: César Saldívar

Ahora la luz la puedo tocar. Cuando voy por la calle y veo un bonito rayo de luz, la toco para sentirla. A mí el exposímetro no me dice nada. Se ilumina iluminando, no de otra manera.

Deduzco que de la fotografía digital, mejor ni hablamos...

Yo soy un amante romántico de la fotografía. La fotografía es clásica y austera. No creo en nada digitalizado ni adulterado, aunque haya sido y sea una postura difícil de defender. El mundo digital se ha comido a lo tradicional, pero yo sigo pensando que la fotografía tiene un principio, y ese principio debería ser respetado. Yo me alejo de todo lo que haga a la fotografía artificial.

¿Evolucionarás algún día hacia la fotografía digital?

Cada día me hago esta pregunta. La fotografía digital es propia de la generación de este momento. Creo que es muy válida, porque es un instrumento actual para conseguir llegar a la fotografía. Yo tengo una debilidad por los químicos y el papel.

Foto: César Saldívar

Probablemente la fotografía digital sea una alternativa para mí por mis compromisos profesionales, y probablemente acabe en ese terreno. Pero tengo clarísimo que mi ejercicio de fotografiar tiene que ver con una parte interior mía que lleva procesos. La manipulación digital todavía no la contemplo para mí.

¿No recurres a ningún truco fotográfico, pues?

En el retrato yo he tratado de ser honesto. No me gusta que las mujeres me lleguen maquilladas y con sus imperfecciones cubiertas. Se dice que he sido capaz de hacer que las arrugas se vean bellas. He sido capaz de maquillar con la luz y de quitar imperfecciones con luces y sombras. Yo trabajo con la belleza o fealdad de cada uno. Por eso no he hecho moda.

¿Y no te han traído complicaciones esas exigencias?

Me pasó una vez haciendo una colección de retratos de cine mejicano. Se les advirtió a todos que vinieran sin maquillaje, pero vino una señora muy maquillada. Tomó un libro mío que había por allí y se fue al baño a quitarse el maquillaje para que yo le hiciera una foto.

Dinos qué equipos tienes.

Tengo varias cámaras, algunas viejitas y otras más nuevas... como los vaqueros, aunque luego siempre me ponga los mismos.

Casi siempre tiro en 35 milímetros, pero para compromisos comerciales tiro en medio formato. Además, casi siempre hago mis ampliaciones sin mucho procesado, tal cual me salen de la tira de negativos. Intento solucionarlo todo en el momento de tirar la fotografía y no adultero el encuadre en el laboratorio. Lo que sale, es.

Foto: César Saldívar

De todas las fotos que has hecho, ¿te quedas con alguna en particular?

Es muy difícil esa pregunta, porque es como lo que te decía antes de lo padres y los hijos. ¿Cuál es su hijo favorito? La que resume mi trabajo, mi intensidad, mi estética es la foto que cierra mi primer libro. Es una foto de media luz en un rostro que le hice a Elías Kerejeta en el Festival de Cine de San Sebastián.

¿Y qué foto te queda por hacer? Ésa que una vez que la hagas ya lo tienes todo hecho.

Tengo ilusiones, pero no creo que nunca se tenga todo hecho... Anhelaría profundamente hacer un retrato a Fidel Castro, no por sus connotaciones políticas ni ideológicas, sino por ser un icono.

Estuve una vez en La Habana charlando de arte con él durante una hora y media, pero no tenía cámara y esa foto se me quedó en el tintero.

Pero, definitivamente, debo confesar que me encantaría retratar... [duda] Me da mucho miedo decírtelo...

No te obligamos.

Hay muchas fotos por hacer. Están en otra dimensión y hay que ir a por ellas.

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14 / OCT 2005
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