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Con texto fotográfico

"Prácticamente beben hasta morir" Casper Dalhoff

 
Foto: Casper Dalhoff
25
ABR 2013
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

Dos proyectos fotográficos sobre grupos sociales marginados forman el trabajo más consistente del danés Casper Dalhoff. El primero de ellos, dedicado a personas con deterioro mental y físico, le valió un World Press Photo en 2003. En 2006 se embarcó en un reportaje que lo llevó a fotografiar un lugar quizás único en el mundo: un hogar donde atienden a alcohólicos crónicos dejándoles beber tanto como éstos puedan permitirse. Así es como en una fiesta de Navidad surgió esta fotografía, que conjuga personajes en múltiples planos con una composición casi imposible y dignifica a los personajes que en ella aparecen.

Casper Dalhoff

Esta foto la hice en 2006 en la E-Huset, una institución para alcohólicos de Copenhague. Allí prácticamente beben hasta morir. Vienen en búsqueda de la ayuda que el gobierno les da como última opción, porque ya han probado sin éxito todo tipo de programas para dejar la bebida.

Esto es lo último que pueden hacer: una vida diaria de placer en la que les está permitido beber. Normalmente, si vas a una institución o a un programa de este tipo es porque quieres dejar de abusar del alcohol. Aquí es diferente: te permiten beber tu vino o tu cerveza. Bebes tanto como puedes permitirte.

En Dinamarca tenemos un sistema de seguridad social que paga una pensión, y cada mañana los residentes de esta institución reciben la parte correspondiente a un día de su pensión. Los más pobres tienen entre 15 o 20 euros diarios, pero alguno había sido ejecutivo y la pensión le daba casi 100 euros diarios. En este lugar hay gente de todo tipo, incluso gente que ha vivido toda su vida en la calle.

Lo que hacen es coger estos 15 o 20 euros y comprar una caja de cervezas -que en Dinamarca son de 30 unidades- o una botella de ron o vodka, volver a la institución y comenzar a beber. Así que básicamente es como un bar o una posada. Por eso titulé el reportaje 'La última posada'. Se sientan en el salón o montan pequeñas fiestas en sus habitaciones, y simplemente beben.

La gran mayoría están muy alejados de la realidad y han vivido una vida de mentiras. Han llevado a sus familias hasta tal punto que éstas ya no quieren tener ninguna relación con ellos. Así que más o menos la mayoría están solos. Sólo algunos reciben visitas de amigos o parientes.

Tienen discusiones continuamente, se gritan y se enfadan entre ellos, pero no hay mucha violencia porque están demasiado borrachos como para poder pelear. De alguna forma no se gustan entre ellos. Se necesitan por la compañía, para beber, divertirse o cualquier otra cosa, pero no se caen ni bien.

A veces se dan situaciones totalmente surrealistas: un día un tipo se me acercó para decirme que 'el tío de la habitación de al lado se acaba de morir', y cuando le dije que lo sentía me contestó: 'No, no, está bien? le debía cinco cervezas desde la semana pasada, así que está genial? ¡me he ahorrado cinco birras!'. Este es el tipo de relación que tienen, el tipo de cariño que se dan entre ellos.

Casi por casualidad, una amiga de mi mujer me contó que trabajaba como enfermera en esta institución. Le pedí que me llevara allí, y al final tardé un año en convencer a la responsable del lugar para que me permitiera hacer las fotografías.

Yo quería mostrar cómo viven en este lugar. No se trataba sólo de retratarles en situaciones desfavorables, sino en su vida diaria, con sus cosas buenas y sus cosas malas. A base de insistir durante todo ese año me dejaron acceder, pero entonces tuve que pedir permiso a los residentes, y sólo unos pocos no quisieron aparecer en las fotos.

En total estuve casi tres semanas dentro. Se levantan a las siete de la mañana, el personal ayuda a ducharse y vestirse a los que necesitan asistencia, y a las nueve ya están bebiendo. Aguantan hasta las cinco o las seis, y a eso de las ocho de la tarde ya todo está en silencio. El primer día me quedé allí hasta muy tarde, pero en las últimas tres o cuatro horas no disparé ninguna foto, así que no tenía ningún sentido permanecer allí todas esas horas sin poder hacer nada.

En esta foto están celebrando una fiesta de Navidad. Bailan una música tradicional danesa y todo el mundo se está divirtiendo. Para mí fue una foto muy complicada de hacer porque decidieron apagar todas las luces de la habitación para tener una atmósfera más acogedora. Yo no llevaba flash, así que iluminar la escena era complicado.

Me senté durante unos 20 minutos frente al hombre que aparece en primer término, y de repente se produjo esta escena. Me gustaba mucho para la foto el hombre que está fumando y sonriendo, y también la mujer con la que baila, que sale medio cortada? Me concentré mucho en estos tres personajes.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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